
Semana Santa llega con su carga espiritual, sus rituales, sus celebraciones. Y sí, también con montañas de huevos de chocolate que aparecen en casas, negocios y colegios. Pero en silencio, sin colores ni moños, el pescado vuelve a ocupar su lugar en la mesa como manda la tradición.
No es solo por la abstinencia de carnes rojas que muchas personas respetan en estas fechas: el pescado es una fuente poderosa de proteínas, vitaminas, minerales y ácidos grasos que benefician la salud cardiovascular.
A eso se suma su sabor delicado y su versatilidad en la cocina, capaz de lucirse en recetas simples o gourmet. Senasa brinda recomendaciones fundamentales para tener en cuenta al comprar, conservar y preparar productos del mar.

Cómo elegir sin equivocarse
Para evitar problemas, hay señales concretas que conviene observar al momento de la compra. En pescados frescos:
- La piel debe ser brillante, tornasolada y sin decoloraciones.
- Los ojos tienen que estar salientes, con pupilas negras y aspecto vivo.
- La carne debe ser firme y translúcida, sin textura flácida ni opaca.
- Las agallas, siempre rojas; si son grises o verdosas, mejor no comprar.
- La sangre debe conservar un tono rojo brillante, no marrón oscuro.
Con mariscos como camarones, langostinos y calamares:
- El color natural en crudo es amarronado translúcido; en cocidos, rojo intenso.
- No deben tener manchas negras ni desprender olor desagradable.
- El cuerpo y la cabeza deben estar firmemente unidos.
- Los calamares deben tener ojos brillantes, piel húmeda y musculatura elástica.
En casa también importa
La seguridad alimentaria no termina al salir del comercio. Al llegar al hogar, lo ideal es mantener la cadena de frío: transportar el pescado en conservadora o bolsa térmica, guardarlo en envases cerrados en la parte más baja de la heladera, y consumirlo en un máximo de 48 horas si está refrigerado (0 a 4 °C), o en tres meses si va al freezer (-18 °C). Nunca debe descongelarse a temperatura ambiente, ni recongelarse si ya fue descongelado. La cocción debe ser siempre completa y, una vez listo el plato, conviene consumirlo sin demoras.
El respaldo invisible
Para que todo este circuito funcione, el Senasa juega un rol clave. El organismo fiscaliza los establecimientos donde se faenan, elaboran o industrializan productos pesqueros, y realiza análisis técnicos para detectar posibles contaminantes, bacterias, histamina o toxinas marinas. Así se garantiza que el producto llegue a las góndolas en condiciones seguras para el consumidor.
Estas Pascuas, donde las comidas se convierten en momentos de encuentro y reflexión, elegir con cuidado lo que ponemos en el plato es una forma de cuidar nuestra salud y disfrutar sin preocupaciones. Como plato principal, un pescado bien cocinado, sofisticado y delicioso. Y sí, para el postre, ya sabemos: ¡chocolate para todos!
Fuente: Senasa
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