
La cosecha de girasol arrancó en La Pampa con un desafío claro: dejar atrás una temporada marcada por la falta de lluvias y las altas temperaturas que golpearon a los cultivos en pleno desarrollo. Sin embargo, a pesar del impacto de la sequía en los rindes, la producción del grano crece. Con una proyección de 537 mil toneladas, el volumen estimado representa un incremento del 20% respecto a la campaña pasada. El dato clave que explica este crecimiento es la mayor superficie sembrada, que logró compensar en parte la caída en los rendimientos.
El rendimiento promedio provincial se estima en 19 quintales por hectárea, por debajo de los valores registrados en la campaña anterior y tres quintales menos que el promedio histórico. La razón principal de esta merma está en el golpe del calor y la escasez de humedad durante el mes de enero, un momento crítico para el llenado de los granos. Los mejores rindes se registran en Maracó, con 25,2 quintales por hectárea, mientras que Atreucó muestra los valores más bajos, con 13,5 quintales por hectárea.
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Participación en la producción nacional
A pesar de los desafíos climáticos, La Pampa se consolida como una de las provincias protagonistas en la producción de girasol a nivel nacional. Con el 14,4% de la superficie cultivada del país, su participación en la producción nacional se proyecta en un 12%, según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca.

El escenario climático no solo dejó huella en los rindes, sino también en la condición del cultivo. En febrero, el porcentaje de lotes en estado regular o malo aumentó al 30%, seis puntos porcentuales más que en enero. Además, se estima que un 2% de la superficie sembrada se perdió a causa de la sequía. Sin embargo, las lluvias registradas en febrero y los primeros días de marzo trajeron un alivio para la humedad del suelo, lo que podría beneficiar a otros cultivos estivales que todavía atraviesan su etapa crítica.
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Sanidad de los cultivos
Los reportes también destacan la incidencia de plagas en diversos cultivos. En soja, se registró la presencia de arañuela, oruga medidora, oruga bolillera y un complejo de chinches. En maní y maíz también hubo ataques puntuales de arañuela, mientras que en este último cultivo se observó roya de la hoja y casos de Mal de Río Cuarto, aunque con baja incidencia. En girasol, la plaga más reportada fue la oruga medidora.
A pesar de las dificultades climáticas, con la cosecha en marcha y la expectativa puesta en los resultados finales, el girasol argentino demuestra su capacidad de adaptación y crecimiento, con una campaña que deja un saldo positivo en producción y un desafío constante para el futuro: seguir optimizando la productividad en un contexto de clima cambiante.
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Fuente: DIA y BCCBA
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