
La semana pasada terminó con un nuevo impulso a la hacienda de consumo, lo que llevó a que el valor real del novillo superara al promedio del último año. El Rosgan imagina alguna clase de restricción de oferta y se pregunta cuán pronunciada puede ser, de modo que se vea trasladada en gran parte al mostrador.
El mercado parece haber adelantado el movimiento estacional de precios que se esperaba recién para fines de febrero/marzo. La semana mostró jornadas operativas con los valores de la hacienda gorda en el Mercado Agroganadero de Cañuelas anotando incrementos nominales poco usuales en estos tiempos. Así, se citan precios de más de $3.000 para los lotes de novillitos y vaquillonas especiales, con un valor medio de alrededor de $2.700-2.800 por kilo.
Si bien era esperable una corrección en virtud del atraso que arrastraba el valor de la hacienda gorda, sorprende la anticipación de este movimiento en un mes en el que la demanda no suele presionar a la suba. Enero no es precisamente proclive a correcciones alcistas de precios para el gordo. Si medimos su comportamiento histórico como índice respecto del promedio anual, suele ubicarse por debajo de la media, al igual que septiembre, octubre y noviembre, impulsados en este caso por una mayor disponibilidad de oferta.

En los últimos 15 años, solo en 5 se registraron incrementos durante el primer mes del año respecto de diciembre, mientras que en más del 90% de los casos las correcciones se dieron entre febrero y marzo, impulsadas por una combinación de escasez de hacienda terminada y un aumento en la demanda de los hogares.
Puede decirse que por parte de la demanda no se observa ningún comportamiento atípico. Aunque retroceso operado en la inflación comienza a aliviar lentamente el presupuesto familiar, se trata de un enero en el que el éxodo vacacional es récord, lo que influye significativamente en el bajo nivel de consumo de las grandes ciudades. Del mismo modo, la faena de enero tampoco debería reflejar caídas muy pronunciadas. Los datos del SENASA indican mermas de menos del 5% en comparación con diciembre y de apenas un 2% respecto del mismo mes del año anterior.
El punto es que en la oferta de los feedlots se encuentra quizás el dato más sensible que el mercado habría interpretado para justificar este aumento de precios. El aporte de los corrales es uno de los mayores determinantes en el segmento de novillitos y vaquillonas, que constituyen la demanda más importante del mercado interno.

Aunque enero suele ser un mes de baja oferta de los feedlots, no se encuentra entre los períodos de menor oferta estacional, ya que, dependiendo del año, sigue siendo un mes de vaciamiento sin grandes caídas respecto de diciembre. Sin embargo, la salida de animales registrada en este último enero fue de 395.797 cabezas, lo que representa un 16,5% inferior a lo registrada 30 días antes y una de las reducciones más pronunciadas para ese mes en los últimos años. Además, dentro de esta baja se observa una fuerte incidencia en las categorías de novillitos y vaquillonas, concordante con una caída de entre el 10% y el 12% en la oferta presentada en el MAG para estas categorías.
Desde el Rosgan consideran que detrás de este aumento, no existe aún un faltante general de hacienda, sino una restricción estacional en aquellas categorías destinadas principalmente al abastecimiento interno, lo que se traduce en incrementos anticipados de precios.
Otro dato relevante que surge de las estadísticas del SENASA es que, en comparación con el año pasado, durante este enero los feedlots registraron un 13% más de ingresos de animales, de los cuales un tercio correspondieron a novillitos- es decir, un 21% más que en enero de 2024-. Esto indica un mayor ingreso proveniente de recrías que, dependiendo de las condiciones del mercado, podrían estar saliendo más rápidamente de los corrales, amortiguando un eventual bache estacional de oferta, o bien permanecer en engorde para llegar con mayor kilaje a faena.

De todos modos, a corto plazo, con incrementos ya reflejados en el precio de la hacienda en pie de más del 10%, es esperable observar un desplazamiento de estos aumentos al precio de la carne, aunque difícilmente resulte de manera total e inmediata.
En los últimos 10 años, solo en 2 se logró que el comercio trasladara incrementos en el precio de la carne durante febrero, mientras que los mayores ajustes se dieron recién a partir de marzo, debido precisamente a la dinámica del consumo en los hogares. La cuestión aquí es cuánto de este aumento podrá absorber temporalmente el comercio para sincronizarse con la activación relativa de la demanda generada tras el receso estival.
Por otra parte, aunque se espera que este año haya una restricción de oferta producto de la menor producción de terneros que se arrastra del año pasado, lo cierto es que, con una economía más estabilizada, cuesta imaginar un mercado capaz de asimilar fuertes correcciones de precios de un mes a otro. Por el contrario, ante un consumo doméstico que recupera capacidad de compra es esperable observar correcciones menos pronunciadas pero sostenidas en el tiempo, las cuales deberían dejar atrás esta dinámica de ajustes y estancamientos que ha caracterizado históricamente tanto el mercado de hacienda como el de la carne.
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