
El nudo es significativo. Precios locales para el trigo en mínimos desde 2018 en términos constantes, posibles oferentes que no sienten apuro por vender dados estos valores, riesgos climáticos en curso que podrían generar alguna merma en la producción, y una demanda externa que no visualiza a nuestro cereal como una opción atractiva. De hecho los FOB para los puertos del Up-River se han mantenido permanentemente por encima de los valores correspondientes a aquellos países que lideran el negocio global.
La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) advierte que el trigo perdió en el año más de la mitad de su valor en términos de poder adquisitivo en pesos. Paralelamente no avizora factores que puedan mejorar este contexto desde el terreno local, salvo que la producción termine siendo inferior a lo originalmente esperado.
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La demanda no tracciona lo suficiente; hasta hace una semana no había registros de DJVE para octubre y noviembre, los últimos meses de la campaña actual. Considerando el roleo devenido de la temporada 2022/23, la BCR calcula que se acumularían 7,75 millones de toneladas en DJVE para la actual campaña. De ese total declarado, ya fueron embarcados 6,65 millones, quedando un saldo estimado por cumplimentar de 1,1 millones de toneladas.
Por su parte, los exportadores acumularon compras por 8,13 millones de toneladas, alrededor de 400.000 toneladas más que lo comprometido por ventas externas. Es decir, se los ve relativamente bien cubiertos y hoy la industria molinera estaría siendo el sector más activo en materia de compras de trigo. Es probable que persistan stocks finales 2023/24 relativamente altos respecto de los últimos ciclos comerciales. Con eso se abrocharía el peor desempeño exportador desde la temporada 2014/15, sin contemplar la pésima campaña pasada.
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Este es el gigantesco nudo que condiciona por estos días a nuestro trigo y por eso la comercialización muestra un retraso de 10 puntos porcentuales en comparación con el promedio de las últimas 5 campañas.
En tanto, la cobertura con precio del trigo que se espera que comience a levantarse en poco más de dos meses, está bien por detrás de las campañas anteriores. Esto, sin contemplar la temporada 2023/24, que fue impactada por dificultades climáticas y que tuvo un desenvolvimiento anormal debido al intervencionismo estatal que afectó a este producto durante el último año, ni la campaña 2022/23, que sufrió un fuerte recorte en la producción como consecuencia de la sequía. Hasta hace algo más de una semana tan solo 2,74 millones de toneladas de la campaña 2024/25 tenían cobertura de precios, un 11,1% de la oferta total estimada.
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Es cierto que el contexto global no ayuda. A pesar de las pérdidas ya reconocidas en la cosecha de los países del Mar Negro, los riesgos climáticos que no ceden en Rusia y Ucrania, y las mermas en Francia, donde va a obtenerse la menor producción en 40 años, quienes dominan el mercado no dan el brazo a torcer.
Rusia se mueve con valores FOB en torno de USD 216-218, en tanto Francia se ubica un poco más arriba, en USD 240. Con un FOB medio de USD 258, la Argentina queda a mitad de camino entre este grupo y el que comparten Australia (USD 263), Canadá (USD 269) y Estados Unidos (USD 270). El problema es que estos últimos tienen ventajas de flete y un grado de diferenciación que los hace elegibles bajo determinadas circunstancias. Afortunadamente Brasil va a necesitar mucho trigo y se supone que volveremos a acaparar buena parte de sus importaciones.
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El punto es que las cuentas no le cierran al productor argentino, “En el caso del trigo, los precios siguen débiles. Salvo que haya alguna complejidad climática en nuestro país, no se lo ve alcista como la cebada; como mucho se puede esperar que mantenga sus cotizaciones. Mínimamente precisamos USD 223-225, valores que están por encima de lo que muestran los futuros a cosecha. La idea es tratar de no venderlo porque alguna oportunidad va a aparecer en el mercado”, recomienda un conocido asesor del sudeste bonaerense.
Una de las cosas que pueden suceder a favor de los precios tiene que ver con la situación de los lotes de la campaña 2024/25. La Guía Estratégica para el Agro (GEA) avisa que se profundiza la falta de agua en el norte y oeste de la región pampeana, y los lotes trigueros se ven afectados. “Tambalea la posibilidad de concretar 20,5 millones de toneladas de trigo en 2024/25″, dicen los profesionales de este espacio diferenciado de la BCR.
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En las redes empiezan a aparecer imágenes de lotes de trigo padeciendo deficiencias de humedad en pleno periodo crítico. Fuera del sudeste y el noreste de la provincia de Buenos Aires, las condiciones de estrés predominan y amenazan con recortar las expectativas de producción.

La Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) indica que la condición hídrica cayó 5,4 puntos porcentuales la última semana no solo debido a la falta de lluvias, sino también por acción del aumento de las temperaturas.
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Asimismo se informan las primeras pérdidas de área por lotes resignados a su suerte, fundamentalmente sobre el margen norte y oeste del área agrícola, donde se concentran los sectores más afectados por el déficit hídrico y más adelantados en fenología.
Como contracara, en los Núcleos Norte y Sur, y las provincias de Buenos Aires y La Pampa, el cultivo mantiene condición Normal/Excelente en más del 80% del área, pero depende de la ocurrencia de las lluvias pronosticadas para sostener dicha condición.
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Estamos en etapas de definición de rindes para el cultivo, instancias en que la falta de agua determina mermas que ya luego no se recuperan, y acaban penalizando el resultado final de la inversión realizada. Esto es realmente malo en cualquier escenario, peor aún cuando predominan precios deprimidos y la productividad juega un rol decisivo.
No hace falta aclarar que con una Niña en camino el escenario está más para complicarse que para mejorar. El final de la campaña 2024/25 está abierto, claramente.
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