
Conoce los bosques de La Plata, porque tiene inicio “Pincha”. Sabe lo que es ver el Cilindro repleto de los colores celeste y blanco, porque también pasó por Racing. Pero fueron sus años “Cuervos” en los cuales pudo gritar “campeón”. Hoy Diego Capria sigue triunfando en el campo de juego pero sin pelota; con nostalgia y orgullo, comparte el desafío de dejar atrás una vida entregada al fútbol para llevar adelante el exitoso frigorífico San Antonio, en General Belgrano.
Colgar los botines
“El campo y el frigorífico fueron y son parte de mi historia. Desde joven sabía que después de dejar el fútbol, me iba a dedicar de lleno al negocio familiar”, confiesa el hermano del “Mago” Capria, otro crack del fútbol argentino.
Pero el camino hacia colgar los botines no fue sencillo para Diego. Dejar atrás un estilo de vida que mantuvo por 20 años requirió de una adaptación muy compleja. “El fútbol es una pasión que te atrapa y te acompaña en cada paso. Retirarme fue dificilísimo. La adrenalina y lo que te provoca entrar a una cancha, hasta ahora, después de casi 15 años de vivir de otra cosa, nunca lo pude revivir. Pero llega un momento en que te tenés que preparar para seguir adelante”, reflexiona el exitoso empresario.
Aunque efectivamente siguió “jugando” en el campo, los cambios en su rutina fueron evidentes. “La intensidad de los entrenamientos, la rutina del día a día que se centralizaba absolutamente en el fútbol dejó de existir. Y no se trataba solo de los horarios en los cuales me tocaba entrenar. Era antes de jugar, que me concentraba para dar lo mejor; era después de entrenar, cuando pensaba en los errores que había cometido. Y después la dieta y el gimnasio y más entrenamiento y mirar partidos… Literalmente todo era fútbol. Y bueno, ahora llevé toda esa pasión y compromiso al campo. Soy igual de perfeccionista y ambicioso”, admite con honestidad.

El frigorífico, primero en la tabla
Luego de una vida dedicada a la pelota, el éxito en el mundo empresarial llegó de la mano del negocio familiar que siempre amó: el frigorífico San Antonio. El predio está en General Belgrano y lleva ese nombre en honor a su abuelo; tiene 2.5 hectáreas con 1200 metros cubiertos de instalaciones donde se faenan corderos, ovejas, lechones y cochinillos. “Hemos alcanzado metas que en un principio parecían inalcanzables. Expandir nuestro negocio de un mercado provincial a nacional y posicionarlo localmente con una amplia variedad de productos es un logro significativo”, comparte con una sonrisa.
Aunque el fútbol ya no sea su principal ocupación, sigue siendo una parte esencial de su vida. Las charlas en el entretiempo, los análisis pospartido y el trabajo en equipo son recuerdos que forjaron su metodología de trabajo y, tal vez, de vida. “Sin un equipo, no hay proyecto. Los logros siempre nacen de mucha gente laburando a la par. En el frigorífico aplicamos los mismos principios que en el campo de juego para alcanzar nuestros objetivos”, revela con convicción.
La hinchada de San Antonio
“La empresa no para de crecer: hoy, después de tanto tiempo, llegamos al consumo interno siendo uno de los frigoríficos con mayor variedad en productos en todo lo relacionado con carne de cordero”, afirma Capria, con orgullo. “Es un negocio que es de mi viejo y haberlo podido posicionar en el lugar que tiene hoy en el mercado, la verdad que me llena el alma”. Además de haber instalado sus productos en las grandes cadenas de supermercado, Diego se jacta de haber producido la primera milanesa de cordero aprobada por SENASA.
Eso sí que es un gol de media cancha.
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