“Parecían novios, pero él planeaba su muerte”: El drama oculto tras el feminicidio de una joven dominicana

Con las maletas listas y el arma de reglamento cargada, el sargento Railin de la Rosa Moquete esperó el regreso a casa no para descansar, sino para ejecutar un plan que ya había sentenciado a muerte a su pareja

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El sargento Railin de la Rosa Moquete, de 32 años, quien según la investigación familiar, planeó el crimen con acechanza antes de ser capturado por la Policía Nacional.
El sargento Railin de la Rosa Moquete, de 32 años, quien según la investigación familiar, planeó el crimen con acechanza antes de ser capturado por la Policía Nacional.

En el sector de Barrio Nuevo, a la altura del kilómetro 13 de la carretera Sánchez, la normalidad tenía una forma muy específica: la de una pareja joven, sociable y aparentemente enamorada. Sin embargo, la madrugada de ayer 6 de abril, esa imagen se hizo añicos con el eco de tres detonaciones.

Yésica Álvarez Jiménez, de 26 años, no murió en un asalto ni por un accidente fortuito; murió en el lugar donde debía estar más segura, a manos de quien portaba un uniforme de la Policía Nacional para, irónicamente, proteger la vida.

Para los vecinos de Santo Domingo Oeste, Railin de la Rosa Moquete, un sargento de 32 años, era un hombre tranquilo. Parecían novios”, repetían los allegados tras conocer la noticia.

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Pero la realidad intramuros era un guion de terror que Yésica había empezado a escribir en voz baja, mediante susurros y advertencias que hoy queman en la memoria de sus familiares.

La noche transcurría con la pesadez habitual de la madrugada hasta que, pasadas la 1:00 AM, el vehículo de la pareja se detuvo frente a la vivienda.

Según versiones de quienes aún transitaban por la zona, la violencia ya se había desatado dentro del habitáculo. Se habla de golpes, de una agresión física que fue el preludio de lo que ocurriría apenas cruzaran el umbral.

Dentro de la casa, el sargento no actuó bajo el arrebato de una discusión acalorada. La escena que encontraron los investigadores y el testimonio de la familia apuntan a algo mucho más oscuro: la premeditación.

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Mientras Yésica intentaba rehacer su vida y ya había trasladado a su hijo un pequeño con condiciones especiales a casa de su madre para protegerlo mientras ella se “ubicaba”, el sargento preparaba su salida.

“Él lo tenía todo planeado”, asegura María Jiménez, prima hermana de la víctima. “Tenía su maleta lista para irse. Esperó que ella llegara para matarla. Sus maletas estaban ahí y su familia las sacó después de que se llevaron el cuerpo”.

Familiares de la joven víctima de feminicidio claman justicia. Según su prima, la víctima ya había manifestado vivir una situación difícil y tenía planes de irse de la casa. El agresor, tras cometer el crimen, también intentó asesinar al hermano de ella.

El estruendo que rompió el engaño

Un vecino cuya habitación colinda con la escena, fue testigo auditivo del horror. El primer disparo ocurrió adentro; fue el que segó la vida de Yésica. Luego, el caos se trasladó al exterior. El hermano de la víctima, un joven de apenas 18 años que se había mudado con ella hace un mes para ayudarla en su proceso de separación, se convirtió en el segundo objetivo.

En un acto de supervivencia desesperada, el joven corrió bajo la luz de los postes mientras el sargento gatillaba su arma de reglamento. Dos disparos más impactaron en el entorno, pero la intervención de una vecina, que logró refugiar al muchacho y cerrar la puerta a tiempo, evitó que la cifra de muertos aumentara. Los casquillos quedaron esparcidos en el pavimento como evidencia de una cacería humana en pleno Barrio Nuevo.

Yésica Álvarez Jiménez, de 26 años, descrita por su familia como una mujer alegre y madre abnegada, cuyo proyecto de una nueva vida fue truncado por la violencia (Cortesía Opinión al Día).
Yésica Álvarez Jiménez, de 26 años, descrita por su familia como una mujer alegre y madre abnegada, cuyo proyecto de una nueva vida fue truncado por la violencia (Cortesía Opinión al Día).

La casa donde residían, ahora cerrada y bajo vigilancia silenciosa de los curiosos, era un foco de tensión que pocos conocían. María Jiménez relata que Yésica vivía en un entorno hostil, rodeada por la familia del agresor que residía en el segundo nivel.

“Ellos eran enemigos de ella”, afirma, describiendo un ambiente de presión constante que la joven de 26 años intentaba abandonar.

Yésica era “la más chiquita” de su casa, la que siempre sacaba una sonrisa en las reuniones familiares. Era la mujer que, hace apenas dos meses, le confesó a su prima: “Nadie sabe lo que estoy viviendo”.

Esa frase, que en su momento pareció una queja de pareja, hoy cobra un peso judicial devastador. La joven ya había inscrito a su hijo en un nuevo colegio y tenía planes de mudanza inminentes. Estaba a las puertas de la libertad cuando el sargento decidió que, si no era con él, no sería con nadie.

El peso de la ley y el dolor de una orfandad

El informe preliminar de la Policía Nacional confirma que la detención de Railin de la Rosa Moquete se produjo alrededor de las 2:52 de la madrugada. El sargento pasó de ser un agente del orden a un detenido por homicidio y tentativa de homicidio. Se le ocupó el arma con la que cometió el crimen, una herramienta del Estado utilizada para un fin privado y letal.

Autoridades informan sobre el arresto de un agente policial, identificado como Raylin de la Rosa Moquet, de 31 años, presuntamente involucrado en el feminicidio de su pareja, Jessica Álvarez, de 26 años.

Hoy, la comunidad de Las Caobas y Barrio Nuevo guarda un silencio cómplice con el luto. La familia de Yésica es tajante: no aceptarán nada menos que la pena máxima. El dolor es doble, no solo por la pérdida de una vida joven y trabajadora, sino por el futuro de un niño que, por su condición especial, dependía enteramente de la alegría y el esfuerzo de su madre.

Mientras tanto, en el kilómetro 13, la puerta de la vivienda de Yésica sigue cerrada, guardando el eco de unos disparos que recordarán por siempre que la violencia de género no siempre grita; a veces, espera con las maletas listas detrás de una puerta.

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