
Se habló del valor nacional que tiene esta victoria local para el presidente Javier Milei. Se habló del espaldarazo que significa para Karina Milei -“el arquitecto de esta estrategia, El Jefe” en palabras de su hermano- y su idea de que La Libertad Avanza “pinte de violeta” toda la Argentina, ya como partido al que no le hace falta el sello de nadie. En criollo: que esta elección porteña para integrar un organismo en el que parece pasar mucho menos de lo que debería fue un gran voto de confianza para el oficialismo.
Se dijo que a Leandro Santoro “no le alcanzó con desperonizar” su campaña para que una ciudad tradicionalmente antiperonista cambiara de opinión. Y se habló, sobre todo, de cómo el PRO perdió en todas y cada una de las comunas de la Ciudad que lo vio nacer, crecer, construir un Presidente. De una derrota feroz en la que el partido creado por Mauricio Macri obtuvo, porcentualmente, la mitad de los votos que había logrado en 2009, su peor elección.
Se habló también de la bajísima participación del electorado porteño en estas elecciones legislativas locales que, por decisión del oficialismo de la Ciudad, se desdoblaron de las nacionales que llevarán a los argentinos a las urnas en octubre.
De los 3.088.750 electores habilitados para depositar su boleta (electrónica esta vez) en la urna, lo hicieron 1.645.043 personas. Se trata del 53,35% del padrón. Apenas un poco más de la mitad de los porteños con el derecho y la obligación de votar se presentaron a hacerlo: quizás su desencanto sea directamente proporcional a lo que pueden esperar de una Legislatura que sólo sesionó dos veces en todo 2025 y que el año pasado sancionó menos de un tercio de las leyes que aprobó diez años antes.

En 2021, sobre un total de 2.972.846 electores había votado el 65,67% del padrón en las legislativas que eligieron representantes locales y nacionales. El desdoblamiento parece pasar factura, tal como había ocurrido hace algunas semanas en Chaco, donde votó el 52% del padrón, y en Santa Fe, donde lo hizo el 55,6%. Este domingo, el titular del Instituto de Gestión Electoral de la Ciudad, Adrián González, aseguró: “Lo histórico siempre estuvo en un 70% más o menos en elecciones legislativas o ejecutivas”. Según esa estimación, la participación bajó casi 20 puntos porcentuales: mucho.
No es nuevo el desencanto de los electores con las instituciones. Alcanza con pensar que el actual Presidente es un “outsider” de la política tradicional que en su primera presentación como candidato a un cargo público consiguió convertirse en diputado nacional -junto a Victoria Villarruel, entonces segunda en su lista y hoy vicepresidenta con una relación quebrada- y dos años después, sin un partido político propio que sostuviera su candidatura, llegó a la Casa Rosada. No se trata de un fenómeno argentino, sino global.
Así que este domingo y este lunes se habló de ese desencanto, de que el compromiso ciudadano con el voto está más en crisis que nunca y de que muchos se habrán quedado viendo la carrera de Franco Colapinto en Imola, o la primera misa de León XIV, o una serie, o habrán hecho la siesta. O todo eso, porque no ir a votar quiere decir no presentarse en la escuela designada entre las ocho de la mañana y las seis de la tarde: son diez horas que alcanzan para hacer muchas cosas.
Este domingo, los porteños eligieron a 30 personas que desde diciembre reemplazarán a la mitad de los integrantes actuales de la Legislatura, que renueva su composición por mitades cada dos años.
Una hipótesis sobre el desencanto: en lo que va de 2025, la Legislatura de la Ciudad, ese cuya conformación se votaba ayer, tuvo sólo dos sesiones. Una fue la que cada año se hace para dar apertura a las sesiones ordinarias, es decir, al inicio del año legislativo, el 1º de marzo. La otra fue extraordinaria y se hizo para suspender las PASO.

Sólo dos encuentros de los legisladores porteños en el recinto. Uno, obligatorio y más una tradición que una jornada en la que se pongan en debate propuestas y soluciones para Buenos Aires; otro, una decisión sobre el calendario electoral. La extraordinaria fue el 21 de febrero, así que, en rigor, desde que se llevó a cabo la inauguración de sesiones ordinarias en el recinto debe habitar una especie de eco.
¿Respuestas sobre los asuntos de educación, salud, seguridad, infraestructura, ambiente que construyen el día a día de los 3.121.707 de habitantes que tiene la Ciudad y de los varios otros millones que la pisan a diario porque trabajan, estudian o pasean en su territorio? Sin duda no se discutieron en una sesión legislativa en lo que va de este año.
Sí hubo audiencias públicas durante 2025: formalmente fueron nueve, aunque seis de ellas se concentraron en dos jornadas, el 25 y 26 de marzo. De las nueve, una fue para proponer una jueza, otra fue para proponer un defensor público en el fuero contencioso administrativo, y otra fue para tratar la cesión de uso precario y gratuito de dos inmuebles durante diez años. Las otras seis fueron para ponerles nombre a jardines de infantes, escuelas y algunas calles del barrio Rodrigo Bueno, en la Costanera Sur de la Ciudad. Nombres de íconos porteños y argentinos valiosísimos como Mafalda, Luis Alberto Spinetta o Gustavo Cerati.
¿Pero la salud, la educación, la seguridad, el acceso a la vivienda o a un espacio verde? En 2024, la Legislatura porteña sancionó 94 leyes. En 2023 fueron 97 y en 2022, 95. Cinco años antes, en 2019, ese mismo cuerpo había aprobado 158 leyes. Y en 2014, una década antes del último registro, hubo 339 leyes sancionadas. En 2025 la Legislatura no sesionó más que para darse la bienvenida. Ayer casi la mitad de los porteños que debían votar no fueron a hacerlo. Tal vez la baja actividad institucional, que aunque no sigan minuciosamente, notan en su vida cotidiana, haya sumado a su desencanto.
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