
En el comienzo del año electoral hay un contraste bien marcado en el peronismo nacional. Un espejo en el que el PJ Bonaerense, con la salvedad de la discusión de poder que hay en la cúpula, puede mirarse para descifrar el mejor camino a seguir. La unidad mayoritaria en CABA y la fragmentación marcada de Santa Fe muestran las diferencias en la cancha electoral.
Leandro Santoro está tranquilo en la Ciudad de Buenos Aires. Gran parte de la campaña la hizo el año pasado y sus competidores están diversificados. Ni el gobierno de Jorge Macri ni la expresión libertaria que lidera Manuel Adorni lograron el ordenamiento necesario para que la propuesta electoral sea compacta. Ese es un punto a favor para el candidato opositor.
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Pero, además, Santoro tiene la tranquilidad de tener a la mayor parte del peronismo detrás de su candidatura. Juan Manuel Abal Medina y Alejandro Kim, sus oponentes internos, no lo confrontan. No tienen como objetivo central desgastarlo, más allá de algún cántico pegadizo del candidato de Guillermo Moreno.
Le sacarán votos por falta de un acuerdo que los contenga, pero aún así tiene la posibilidad de terminar en el primer lugar. Su caudal electoral en las encuestas lo muestran más competitivo que sus contrincantes internos. La unidad total no se logró porque el comando del PJ Porteño diseñó un esquema sin intención de contener a los otros dos candidatos. Decisiones electorales.
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En las encuestas que circulan en el territorio porteño hay números bastante similares. En la mayoría de ellas, Santoro es el favorito para ganar la elección. Por lo bajo lo admiten algunos de sus competidores. El legislador nacional le pone paños fríos a esas proyecciones. Cree que, en el mano a mano final, la competencia será más finita.
Si las tres vertientes peronistas fueran unidas, Santoro estaría a un paso del triunfo. Si ahora tiene grandes chances de ganar, con Abal Medina y Kim jugando por afuera, tiene que ver con que las segundas expresiones vinculadas al PRO y La Libertad Avanza, como son Horacio Rodríguez Larreta y Ramiro Marra, le sacarán, según marcan todos los sondeos, un porcentaje de votos determinante a las expresiones puras que lideran Silvia Lospenatto y Manuel Adorni.
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La suspensión de las PASO, que Unión por la Patria (UP) acompañó en la Legislatura porteña, terminó siendo un problema para el peronismo. Se borró del mapa el mecanismo ideal para saldar las diferencias dentro de un mismo frente electoral. Aún así, Santoro se ve beneficiado por el acompañamiento de la mayor parte del peronismo porteño. La unidad mayoritaria le da vida y posibilidad concreta de un triunfo en estas elecciones.
En Santa Fe el peronismo fue partido en tres el último domingo, durante la elección de convencionales constituyentes. Pero, a diferencia de lo que sucede en CABA, la segunda expresión, que estuvo liderada por el senador Marcelo Lewandowski, le quitó un caudal de votos determinate para colocar más legisladores en la discusión de la reforma constitucional.
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El legislador nacional fue el último candidato a gobernador del peronismo en Santa Fe pero, pese a tener el pedido de CFK de ir como el candidato de la unidad, decidió dar un paso al costado de la línea oficial y plantar una candidatura propia para diferenciarse del kirchnerismo.

El peronismo santanfesino estaba condenado a perder antes del domingo. La diferencia que obtuvo el gobernador Maximiliano Pullaro fue de 19 puntos sobre Juan Monteverde, el principal candidato del peronismo, que quedó en el segundo puesto.
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Si las tres expresiones vinculadas al PJ hubiesen ido juntas, la diferencia se hubiese acortado a 9 puntos. Iban a perder igual, pero iban a obtener más bancas con representación uniforme. Si bien la elección santafesina ya se realizó y la porteña aún no, las diferencias que genera la construcción de la unidad, aunque no sea total, están a la vista.
En ese espejo se mira el peronismo bonaerense, donde se está dando una disputa histórica que tiene como protagonistas a Cristina Kirchner y Axel Kicillof. La unidad de ambos sectores hará que el peronismo sea más competitivo en la madre de todas las batallas. La división, posiblemente, le abra paso a una derrota.
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La única forma que tienen de lograr un consenso es negociando un acuerdo en las listas de candidatos. A principio de esta semana se eliminaron las PASO en la provincia y el acuerdo de candidaturas se volvió la única forma de evitar una fractura expuesta en la competencia electoral. El tiempo se acorta y la capacidad de negociar en buenos términos, también.

Esa negociación es realmente complicada en este momento. Los contrapuntos entre el kicillofismo y el camporismo son cada vez más seguidos y más picantes. En el armado político del Gobernador saben que con la unidad es más fácil lograr un eventual triunfo, pero no están dispuestos a sellarla a cualquier precio. No van a tirar por la borda todo el capital político que Kicillof consiguió en el proceso de autonomía que llevó adelante durante el último año y medio.
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El cristinismo tiene la misma postura pero delineada desde una vereda distinta. Quieren un protagonismo de la figura de la ex presidenta y limitar la influencia del mandatario provincial, al que acusan de desagradecido y de quebrar el peronismo con su decisión de desdoblar los comicios. La disputa por la lapicera y el liderazgo está más viva que nunca y las posibilidades de un acuerdo son complicadas pero, todavía, viables.
La unidad es el factor primordial del peronismo para ser competitivo en las elecciones. Sobre todo en un contexto donde los oficialismos provinciales, en su gran mayoría, están fuertes y el gobierno nacional se muestra sólido para su primer test electoral.
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