El peronismo busca explotar la pelea por la ley ómnibus: motor K, sueño de recomposición y juego con Milei

El kirchnerismo va al choque frontal. Y plantea la disputa por encima del Congreso. El paro del miércoles próximo es una prueba central. En esa línea de confrontación, apuesta a evitar fisuras internas. Y a polarizar con el Presidente, en una elección mutua como enemigos

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Reunión CGT y Gobernadores casa de la Provincia de Buenos Aires
Héctor Daer, luego de la reunión de apoyo peronista al paro programado para el miércoles que viene

La suerte de la ley ómnibus está atada a las negociaciones del oficialismo con el conglomerado opositor que desde el principio demandó cambios para allanar el camino al megaproyecto. Será un fin de semana intenso, antes de poder fijar día y hora para el debate en el recinto de Diputados. El peronismo, en cambio, se colocó de entrada lejos de cualquier negociación y, con motor K, va al choque frontal como primer paso de una estrategia sencilla pero incierta: instalarse como única oposición, aprovechar la confrontación en blanco y negro que alimenta también el discurso más duro del Gobierno e imaginar un camino exprés de recomposición con buena parte de la sociedad, como si la crisis le fuera ajena.

El kirchnerismo hace entonces la apuesta fuera del Congreso. Tiene peso legislativo considerable y provoca un efecto extraño en la lógica de la disputa binaria: a Unión por la Patria no le alcanza por sí solo como espacio para frenar proyectos -o imponerlos- y, sin embargo, casi no deja margen para entendimientos con la mayoría de los otros bloques de diferente grado opositor. A la vez, la realidad fragmentada y su condición legislativa minoritaria colocan a Javier Milei frente al difícil equilibrio entre el pragmatismo y el discurso áspero, propagandístico y con preocupante y lineal carga ideológica.

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Es cierto que existieron algunos intentos -tanteos- para sondear posibilidades de reacción común frente al estreno legislativo del oficialismo, sobre todo en el clima de irritación extendida que provoca la carga del propio presidente sobre el Congreso como un todo, para presionar con los contenidos centrales del proyecto y los tiempos. De todos modos, los movimientos del kirchnerismo se concentraron fuera del Congreso con base, oportuna, brindada por los jefes sindicales.

El paro con movilización organizado por la CGT para el miércoles que viene pasó a ser el núcleo de la movida. El kirchnerismo alentó la confluencia del sindicalismo más allegado a su estructura y de algunas organizaciones sociales. El esfuerzo, de todas maneras, está colocado en otro terreno: político y territorial. Esto último es central, a la luz de puntos que estaría cediendo el oficialismo en la ley ómnibus -por reclamo de gobernadores- y de temas pendientes como Ganancias o el modo de compensar la caída de fondos coparticipables.

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Es una operación política amplia y que no se limita a la provincia de Buenos Aires. La dureza asoma como ingrediente potente para evitar fisuras en los bloques de diputados y senadores. En la misma dirección, amplió los contactos directos con intendentes y, sobre todo, con jefes provinciales, para declarar acompañamiento al paro y protesta de la CGT contra el súper DNU -a la vez, en el frente judicial- y el megaproyecto de ley.

En el plano de las declaraciones, empujó la “adhesión” de los distintos espacios internos asociados en UxP. El último, formalmente, fue el de La Cámpora. La participación efectiva terminaría de ser definida el lunes por los organizadores. En principio, la intención sería no competir con las estructuras sindicales en la concentración frente al Congreso.

martin menem guillermo francos
Martín Menem y Guillermo Francos, con el megaproyecto de reformas. Dos protagonistas de las negociaciones

Existe en medio de todo un elemento que oscila entre la apuesta al paso del tiempo y el inquietante imaginario de una reconciliación con amplias franjas de la sociedad en un marco de crisis acelerada. Nada indica, al menos por ahora, una exculpación fácil después del grave cuadro económico y social dejado por su propia gestión y, como es admitido incluso en algunos círculos peronistas, si se considera que Milei contuvo de algún modo señales asimilables al “que se vayan todos”.

El kirchnerismo, como el resto de los políticos, consume encuestas en continuado. Es difícil resumir las tendencias de los sondeos que circulan en las dos últimas semanas -apenas alejadas de los primeros anuncios y días del nuevo gobierno-, pero en general muestran una combinación de expectativas, incertidumbre y preocupaciones. Gravitan los efectos de las medidas económicas -naturalmente, con la inflación y su impacto en los ingresos en primera línea-, sin que el malestar genere crédito para la oposición más dura. Con sus más y menos, los relevamientos colocan a Milei con buen sustento de imagen -no a la mayoría de sus funcionarios, con excepción llamativa de Patricia Bullrich- y mantienen en los últimos lugares de la tabla a CFK y, más aún, a Alberto Fernández.

Las lecturas de tales señales son diferentes según cada vereda. El kirchnerismo no juega solo. Y esa intención de polarizar sintoniza con movimientos, muchas veces contradictorios, de Milei y su círculo más cercano.

Como es visible, el oficialismo mantiene un arrastre del discurso de campaña que le resultó exitoso. Repetido, intenta seguir colocando a Milei por fuera de “la” política y en batalla contra la “casta”. En esa línea, al menos por momentos, las cargas van contra todos los espacios políticos, aunque a la hora de precisar contrapartes, el foco aparece puesto en el peronismo/kirchnerismo.

Podría repetir así un error de Mauricio Macri, reprochado por algunos de sus aliados en tiempos de gestión: privilegiar la elección de CFK -en ciclo declinante- como enemiga y pieza central de su armado. Entre muchas diferencias y más allá del resultado posterior, Milei enfrenta un cuadro político más fragmentado, con escaso peso propio en el Congreso y necesidad de alianzas complejas en las dos cámaras, si busca avanzar con sus leyes cruciales.

Las tratativas para modificar rubros sensibles de la ley ómnibus incluyeron -como dato político que trasciende esta coyuntura- varias concesiones a gobernadores, considerando intereses locales y regionales, no sólo alineamiento particular en el archipiélago de los bloques legislativos. No produciría fisuras en peronismo ante el megaproyecto, pero se perciben matices y ser verá qué ocurre con otros temas vinculados a finanzas e intereses locales.

En cambio, más útil al juego kirchnerista resultan los mensajes desde sectores del oficialismo que insisten en colocar al paro de la CGT como eje de la disputa. Por ejemplo, la fecha de sesión en el recinto -antes o incluso el mismo día de la protesta-, si finalmente se cierra el acuerdo con la oposición “dialoguista”, es decir, el PRO, la UCR, Hacemos Coalición Federal y otros espacios vinculados a gobiernos provinciales.

A la vez, de manera pragmática, se siguen discutiendo cambios. Y Milei estiró finalmente las sesiones extraordinarias hasta mediados de febrero. Da más tiempo al tratamiento del megaproyecto y, claro, podría dejar margen para cuestiones como Ganancias. El temario lo maneja el Ejecutivo. Y por eso mismo, el kirchnerismo busca no dejar espacio para diferenciaciones internas. Es una batalla que supera a la ley ómnibus.

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