
Andrés Larroque, peronista K de bastante kilometraje político, quiso cerrar una semana de enorme tensión con una frase de aval a Sergio Massa. Fue directo, quizás más allá de lo buscado y le dio un giro de incertidumbre a su balance. “El martes no sabíamos si llegábamos al viernes”, dijo, con desafío renovado para los días próximos. No fue el único dato. Desde el círculo más cercano a Cristina Fernández de Kirchner negaron -frente a lecturas lineales- que el acto de La Plata hubiera clausurado el tema de su candidatura. Y algunos otros crujidos pusieron en duda la posibilidad de un acuerdo de gremios y empresas como el sugerido por el ministro de Economía. Semana densa no sólo en el frente financiero.
Por supuesto, además de las cuestiones estrictamente económicas, los movimientos están cada vez más marcados por saturación de encuestas. Eso alimentaría el foco puesto por CFK en el enfrentamiento con Javier Milei. La ex presidente pone la mirada en algunos distritos del GBA, empezando por La Matanza, con registros de primera fuerza aunque por debajo de marcas históricas. Y se suman algunos relevamientos de provincias tradicionalmente en manos peronistas. El temor a la pérdida de votos “propios” con destino a Milei le daría otro sentido a la lógica inicial de alimentarlo para dañar a Juntos por el Cambio.
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Ese fue para el propio oficialismo el punto destacado del discurso de CFK en el Teatro Argentino de La Plata. En cambio, las frases sobre su candidatura, frente al coreo de la consigna “Cristina Presidente”, no resultaron un cierre final. Pueden ser interpretadas como un rechazo “táctico”, sin resignar por supuesto su lugar de decisión. Para reforzar el papel que se reserva, desde su entorno destacaron que la cuestión no está saldada. La ex presidente no reprodujo hasta ahora mensajes taxativos como los de Alberto Fernández o Mauricio Macri.
La idea, repetida, es que hay que esperar para ver como evoluciona mayo. Mucho más allá es difícil: en junio vencen los plazos para formalizar alianzas y presentar listas. Pero el plazo remite también a Massa, en todos los sentidos. La economía dirá entonces cuáles serían los márgenes más realistas. No se trata sólo del dólar, sino además de los precios. En dos semanas se conocerá el IPC de abril, con pronósticos que rozan los ocho puntos, y circularán las primeras apreciaciones sobre el arrastre y las perspectivas siguientes.
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Antes, se verá cómo funcionan las decisiones, conocidas, para contener la última trepada del precio del dólar. No se trata de medidas sin consecuencias más amplias. La intervención en el mercado financiero, la venta de dólares por parte del Banco Central y la potente suba de las tasas son un remedio grave y de coyuntura. En el oficialismo esperan que funcione como una especie de puente, a la espera del cierre de las nuevas negociaciones con el FMI: básicamente, el adelantamiento de giros.
La cuestión, en tiempos de crisis, es el proceso con “dinámica propia” que expone la economía, frente al ingrediente de la incertidumbre no sólo específica: pesan mucho los movimientos políticos. Las demoras en la liquidación de exportadores, las demandas de importadores para cerrar operaciones, el traslado a los precios -que se expande más allá de los sectores afectados de manera directa- son expresiones de ese proceso.
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La política del oficialismo va muchas veces en sentido opuesto a los ensayos de contención. Le agregan una pincelada de precariedad a un cuadro por sí mismo delicado. La frase de Larroque en declaraciones radiales puso énfasis en que la semana que termina representó un desafío enorme y elogió a Massa, pero a la vez destacó que se trata de una batalla día a día, y remató: “Veremos cómo sigue la pelea”.
Resulta claro que, al menos en esta etapa, la ex presidente avala la gestión de Economía y mantiene la expectativa sobre una candidatura del ministro, aunque, naturalmente, atada a los resultados. En el juego de mantener abierto este capítulo hasta donde den los tiempos y la coyuntura, sin embargo, agrega incertidumbre. Es lo que hicieron desde sus cercanías al encargarse de relativizar el sentido de sus dichos frente a la platea que alentaba la candidatura 2023.
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CFK es la pieza más gravitante pero no la única en el frente gobernante. Después del renunciamiento que terminó de diluir el poder presidencial, Massa ocupa abiertamente el lugar central de la gestión. Y junto con los gestos que intercambia con el kirchnerismo, intenta acotar la crisis. Son etapas ineludibles para desarrollar cualquier proyecto personal, pero que se van corriendo en el tiempo. Recibe mensajes de acompañamiento efectivo, como los del grueso de la CGT y las organizaciones como el Evita y Barrios de Pie, decisivas para la contención social. Pero no son alineamientos mecánicos.
En el ministerio de Economía presentaron las medidas para desarmar la escalada del dólar como una estrategia de choque para “estabilizar” la economía, que debería ser continuada desde este fin de semana con la puesta en marcha de otra convocatoria a empresarios, jefes sindicales y dirigentes de los movimientos sociales oficialistas. El objetivo sería asegurar un compromiso por 90 días -en la práctica, hasta el turno de las PASO- con eje en precios y salarios.
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La CGT hizo una aclaración. Héctor Daer ya había destacado que la principal demanda pasa por frenar las remarcaciones. Y luego fue descartada la posibilidad de un acuerdo que congele precios y salarios. Emilio Pérsico no limitó los alcances de la convocatoria, sino que le dio un sentido diferente e inquietante a la solicitud del ministro. Dijo que el pedido fue para “apretar” juntos a los empresarios.
El oficialismo, además, ya venía insinuando el tono de una campaña muy áspera, que agregaría mayor tensión política. Un discurso duro no sólo contra Milei, sino además contra Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich, con el agregado de exponer su pasado en gestiones anteriores, básicamente la Alianza y el menemismo. Es curioso eso último, como las críticas de CFK a la convertibilidad de Domingo Cavallo. La historia real, incluso personal, va a contramano de ese discurso.
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