
En el Gobierno recibieron el discurso de Cristina Kirchner en Avellaneda, ayer, como un parteaguas hacia 2023. El virulento mensaje les demostró que no hay forma ya de recomponer la relación y le piden a Alberto Fernández que confirme sus intenciones de ser candidato a la reelección. El Presidente aún no lo decidió. Sí determinó preservar su agenda económica y a los ministros de Hacienda, Martín Guzmán, de Trabajo, Claudio Moroni; y al titular del Banco Central, Miguel Pesce. Pero estudia si tiene posibilidades para imponerse frente a la Vicepresidenta (o a un eventual delfín del kirchnerismo) en una PASO.
Entre los albertistas corre, desde hoy, un renovado sentimiento de esperanza. Más allá de que en el pasado se vieron defraudados -la última vez fue con el despido de Matías Kulfas de Producción- vieron en el mensaje de Alberto Fernández, esta tarde en el Museo del Bicentenario, una luz al final del túnel: el preámbulo de una precandidatura en los hechos. “Es la primera vez que defiende a los suyos con nombre y apellido y con esta contundencia. Hasta ahora apostaba a la unidad y a dejar que las cosas pasen, inclusive cediendo ante los reclamos. Ahora, inéditamente, se plantó. Ese es el dato más importante hoy”, se ilusionó un ministro de diálogo asiduo con el primer mandatario.
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Según el ala moderada del Gabinete, esta vez el Presidente estaría decidido a enfrentar al kirchnerismo en las elecciones presidenciales del año que viene. “Lo único que le falta es encontrar un candidato para la provincia de Buenos Aires. Tiene todo el poder que le da ser presidente, sólo necesita ordenarlo”, agregó un alto funcionario desde su despacho en la tarde helada del martes.

Esas miradas no son unánimes. Otros estrechos colaboradores presidenciales recuerdan, con mal sabor, otros “amagues” de Alberto Fernández a la hora de armar una propuesta alternativa al kirchnerismo, de manera concreta. Si bien festejaron la defensa cerrada que hizo de los movimientos sociales tras el embate de Cristina Kirchner, no ponen las manos en el fuego por carrera hacia la reelección. “Es ver para creer,” dicen, con cierta ilusión de que en los próximos días, quizá a su regreso de la cumbre del G7 en Alemania, el jefe de Estado anuncie su candidatura con bombos y platillos, y empiece a recorrer el país. “Es el único que puede crear dos ejes para 2023 y evitar que Cristina vuelva”, lanzó un alto funcionario de la órbita del “albertismo”.
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La presión no llega al Ejecutivo únicamente desde el Instituto Patria y La Cámpora. Desde ayer, el tercer fundador del Frente de Todos, Sergio Massa, le imprimió un ímpetu inusitado a su carrera por el sillón de Rivadavia. Ya había tensionado la relación con Alberto Fernández a través de una serie de planteos a Guzmán, la más resonante, hace tres semanas, por la suba del piso de Ganancias. Pero desde ayer desde su entorno admitieron, por primera vez con todas las letras, que está decidido a competir por el premio mayor el año que viene.

Además, y sobre todo, amenazan con que Massa abandone la presidencia de la Cámara de Diputados para dedicarse de lleno a la campaña. El formato del pedido, de todas formas, llega suavizado: lo plantean como una “exigencia de las bases”, que se traslucirá formalmente a mediados de julio, durante el Congreso Provincial del Frente Renovador. Para entonces, esperan que el Presidente “no sólo escuche” a Massa, sino que también le de un rol de importancia en el Gobierno. Y hablan de un “cambio estructural” para paliar la inflación. Es decir, la creación de un “superministerio de Economía” conducido por él. Uno de los voceros del malestar es el ministro de Transporte bonaerense, Jorge D’Onofrio, que manifestó las dudas generalizadas de la dirigencia sub-Massa en el Frente Renovador.
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En el Gobierno no descartan por completo que Alberto Fernández vaya a darle a Massa lo que quiere. Pero lo ven poco probable. Aseguran que el Presidente está decidido a sostener a Guzmán, a Moroni, a Pesce y, claro, al recién llegado Daniel Scioli. “En el peronismo el que abandona el barco pierde. Los peronistas nos quedamos y acompañamos”, dijo un funcionario del círculo de Olivos. Y recordó la experiencia de Máximo Kirchner cuando dejó la titularidad del bloque del Frente de Todos, también en la Cámara baja. “Muchos dirigentes tienen la ilusión de que cuando se vayan van a salir miles a la calle a pedir que se queden. Nunca fue así, no pasa”, disparó un exprimentado referente, hoy funcionario que trabaja por la reelección.
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