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América Latina se recompone

Honduras, Chile, Costa Rica, Colombia y Perú reflejan un denominador común: una ciudadanía cada vez más exigente frente a los resultados de quienes gobiernan.

Ilustración de un mapa de América Latina con un péndulo que lleva símbolos de balanza, engranaje y escudo, y seis personas lo observan desde abajo.
Un péndulo cuelga sobre América Latina mientras ciudadanos diversos observan su movimiento. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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En la historia de las naciones existen momentos en los que el electorado, más allá de las diferencias ideológicas, decide privilegiar la eficacia sobre la retórica. América Latina parece encontrarse precisamente en una de esas coyunturas. Los recientes procesos electorales celebrados en diversos países sugieren el surgimiento de una tendencia política que coloca en el centro del debate la seguridad ciudadana, la estabilidad institucional, el crecimiento económico y la recuperación de la confianza en el Estado.

Más allá de las particularidades de cada país, Honduras, Chile, Costa Rica, Colombia y Perú reflejan un denominador común: una ciudadanía cada vez más exigente frente a los resultados de quienes gobiernan. Después de años marcados por la incertidumbre económica, el aumento de la inseguridad y una profunda polarización política, amplios sectores sociales parecen inclinarse por liderazgos que prometen orden, disciplina fiscal, fortalecimiento institucional y condiciones favorables para la inversión y la generación de empleo.

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Esta tendencia no debe interpretarse únicamente como un giro hacia la derecha del espectro político. Sería una simplificación que impediría comprender la verdadera dimensión del fenómeno. Lo que parece emerger es una demanda creciente por gobiernos capaces de administrar con responsabilidad, ofrecer seguridad jurídica, combatir la corrupción y garantizar oportunidades reales para el desarrollo. En otras palabras, los ciudadanos parecen valorar cada vez más el pragmatismo por encima de las consignas ideológicas.

En este contexto, también adquiere renovada importancia la relación estratégica con Estados Unidos. Más que una discusión basada en antiguos antagonismos, la realidad económica demuestra que el principal socio comercial de buena parte de la región continúa siendo un aliado indispensable en comercio, inversión, innovación tecnológica, infraestructura y cooperación en materia de seguridad. Entender esta relación desde una perspectiva de intereses compartidos, respeto mutuo y beneficios recíprocos constituye una visión mucho más acorde con las exigencias del siglo XXI que los discursos ideológicos heredados de otras épocas.

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Naturalmente, las victorias electorales representan apenas el primer paso. Gobernar exige mucho más que ganar elecciones. La verdadera prueba consistirá en traducir las expectativas ciudadanas en políticas públicas eficaces, fortalecer la independencia de las instituciones, reducir la corrupción, estimular la inversión privada y generar crecimiento económico sostenible con inclusión social. Sin resultados concretos, cualquier capital político termina por agotarse rápidamente.

Brasil, que afrontará un nuevo proceso presidencial en 2026, podría convertirse en un punto de inflexión para confirmar si esta tendencia logra consolidarse como un nuevo ciclo político latinoamericano o si, por el contrario, responde únicamente a circunstancias nacionales particulares. Su peso económico y geopolítico tendrá una influencia determinante sobre el rumbo de toda la región.

Latinoamérica dispone hoy de una oportunidad poco frecuente para recuperar la confianza de sus ciudadanos y proyectarse con mayor fortaleza hacia el mundo. No se trata de regresar al pasado ni de abrazar nuevas ortodoxias, sino de construir una cultura política donde prevalezcan la responsabilidad, la institucionalidad, el crecimiento económico y la cooperación internacional inteligente. Si los nuevos liderazgos consiguen responder a las expectativas que despertaron en las urnas, la región podría iniciar una etapa de estabilidad y prosperidad que durante décadas ha permanecido como una aspiración pendiente. El desafío es enorme, pero también lo es la oportunidad.

* El autor es empresario y comentarista político ecuatoriano. Fue presidente de BanEcuador.

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