
El legislador porteño Roy Cortina fue una de las curiosas incorporaciones del proyecto de Horacio Rodríguez Larreta en 2019. Junto a la UCR Capital, el Partido Socialista porteño ocupa el rol de pata “progresista” del heterogéneo armado del jefe de Gobierno porteño, quien trabaja en un liderazgo propio diferenciado del ala “dura” del macrismo en el marco de la gestión de la pandemia.
De formación socialista, Cortina no dudó en sumarse a una coalición de centro derecha en la Ciudad de Buenos Aires. Desde hace tiempo reniega de los “evangelios de izquierda”, y proclama en voz alta sobre la irrelevancia actual del Partido Socialista -y del progresismo en general-, tras su última aventura electoral de 2011 con Hermes Binner como candidato a presidente.
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En una entrevista en Infobae, el legislador porteño dio su visión sobre la convulsión ocasionada por el coronavirus, la gestión en la Ciudad y la búsqueda (¿imposible?) de convertir al espacio “larretista” en una opción nacional que no repita los errores de Cambiemos. Y destaca al presidente Alberto Fernández, a pesar de los roces entre el oficialismo y el jefe de Gobierno porteño.
-¿Cómo evalúa la gestión de la pandemia?
-En general se abordó bien. No se puede comparar la salud pública de Argentina con los países que nos gusta compararnos. Tenemos millones de pobres hacinados en villas y una salud publica deteriorada en las últimas décadas. Hasta ahora el balance es positivo, pero hubo cierta intromisión de la grieta y una impericia politica en el último mes y medio por la cantidad de días de cuarentena, el aumento de casos y el hastío de la gente. El malestar coincide con el peor tiempo sanitario.
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-¿Y en la Ciudad de Buenos Aires?
-Horacio Rodríguez Larreta ha mostrado la mejor administración de la pandemia en Argentina. Tenemos un ministro de Salud que en un tiempo va a ser más reconocido y que con el jefe de Gobierno han transmitido serenidad y temple. En los últimos 30 días se lograron estabilizar entre 1000 y 1100 casos por día y se han hecho cosas que, lamentablemente, no han sido reconocidas por dirigentes bastantes irresponsables, como el ministro de Salud bonaerense Daniel Gollan. Hoy todos tenemos que cuidarnos entre nosotros, y no es momento de señalar a otras provincias. No hemos contestado las provocaciones y creo que es un gesto político enorme que es valorado por la ciudadanía.
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-La cuarentena ha sido muy criticada y a esta altura empieza a tener no solo costos sociales y económicos, sino políticos. ¿Considera que la gestión de Rodríguez Larreta en la Ciudad saldrá “airosa” de esta crisis?
-Estamos ante un fenómeno desconocido que puso de rodillas a los principales sistemas de salud del mundo. Lo que sí creo ahora es que hay que tener un plan para el día después, no podemos ofrecer más que confinamiento. Ya sabemos que hay que cuidar la higiene, mantener la distancia y bajar la circulación. Con sus más de noventa protocolos aprobados, la Ciudad está ofreciendo un horizonte. Pero eludir que la economía del mundo está quebrada es imposible, vamos a una situación muy dificultosa en los próximos dos años que no es culpa de la cuarentena: hay países que han adoptado esquemas más flexibles pero todos, desde los europeos a las superpotencias, están teniendo problemas económicos.
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-En estos meses, hubo críticas a la gestión de Horacio Rodríguez Larreta de flexibilizar los controles preventivos en la Ciudad. ¿Hay un relajamiento?
-De ninguna manera estamos relajados, somos conscientes que estamos ante un tema delicado. Todo lo hecho fue en base a datos. No se ha reconocido a la Ciudad cuando equipó los 51 hoteles para pacientes leves y puso en cuarentena a los turistas que vinieron de todas partes. Horacio fue muy criticado por proteger a los adultos mayores. Ahora los indicadores dan cuenta que tenemos estabilizada la curva, el número R y la capacidad de reproducción del virus, más allá de las zonceras de Gollán y sus actitudes antipatrióticas que no están a la altura de esta pandemia. Tampoco sé qué le pasa a Alberto Fernández y su gabinete. Desde hace un mes y medio están muy preocupados por sí se hacen las cosas bien en la Ciudad cuando todos los pacientes son atendidos. Nos sorprendió lo que dijo erróneamente sobre el PAMI.
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-Hubo una especie de “luna de miel” entre Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta al comienzo de la pandemia. ¿Se terminó este entendimiento?
-No, yo creo que hay tensiones internas muy fuertes en el Frente de Todos y en el nuestro. Tengo una dosis de paciencia a las actitudes del Presidente; su gestión en la pandemia fue positiva. Pero cada tanto hace una declaración exagerada que no se condice con la buena relación que tiene cara a cara con el jefe de Gobierno. Nosotros tenemos una lógica distinta del oficialismo y también de la oposición: yo no me olvido de Gerardo Morales cuando no dejó entrar a la gente de la Ciudad de Buenos Aires y habló de más en una conferencia de prensa. Hay que ser cuidadoso, a nosotros jamás se nos ocurriría ser críticos con la gestión de un gobernador.
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-Acerca de las “tensiones” políticas en cada frente, el año pasado decidió dar un “salto” hacia el oficialismo de Rodríguez Larreta. ¿Qué ganó y que perdió el Partido Socialista con esa decisión?
-El Partido Socialista definió una alianza exclusiva para la Ciudad. No aceptamos ninguna candidatura para diputados nacionales por respeto a nuestro partido que había apoyado a Roberto Lavagna. Creo que fue una decisión correcta, somos un espacio multipartidario, democrático, que tiene un equilibrio. Defendemos una gestión que fue elegida por un porcentaje de votos sin antecedentes y que ya venía siendo respetada por gente que no la votó. No nos engañemos, no pegamos ningún salto; se armó un frente sobre la base de la unidad entre Rodríguez Larreta y Martín Lousteau, un espacio del que fuimos fundadores. El “salto” fue del grupo que apoyó a Lavagna y que ahora están con el Gobierno.
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-Como bien señaló, a nivel nacional su partido mantuvo una alianza distinta. ¿Cómo ve el futuro?
-Hay que constituir un espacio muy amplio con sectores moderados que crean en la modernización de la Argentina, junto a sectores progresistas. No me imagino a Miguel Lifschitz volviendo a ser gobernador de Santa Fe por fuera de un espacio así, ni tampoco a intendentes como Javkin. Creo que no se puede repetir la experiencia del macrismo, que fue un proyecto político modernizador pero totalmente excluyente que terminó con una grave crisis con la deuda. Fue una fuerza política muy soberbia. Larreta representa un sector más moderado, con una infinita capacidad de diálogo y que va a saber combinar un modelo de desarrollo inclusivo y modernizador.
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-¿Apoyaría un proyecto presidencial de Horacio Rodríguez Larreta?
-No hablaría todavía de candidaturas, faltan tres años. Yo digo que hay que constituir un espacio y una persona de las personas que podría liderar un espacio de esas características es Larreta por el peso de su gestión en la Ciudad. También lo pueden expresar Lousteau, Margarita Stolbizer o los dirigentes del socialismo y del progresismo. Eso se tendrá que resolver con las PASO o con acuerdos, todos tienen el derecho a competir.
-¿Qué significa ser progresista hoy? Su partido mantiene una alianza con el PRO, un partido de centro-derecha.
-El problema de los progresistas argentinos es que no miran el mundo. Festejan cuando gana Michelle Bachelet, Ricardo Lagos, Pepe Mujica o Lula, pero no ven que toda la socialdemocracia gobierna con partidos de derecha. Mi partido se cansa de viajar a los congresos del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), que hace alianza con Ángela Merkel. En Italia, los herederos de Gramsci hicieron una alianza con la centro derecha para ganarle a los fascistas. Me niego a las etiquetas o los evangelios de izquierdas. Yo no veo grandes diferencias entre la gestión de Rodríguez Larreta en la Ciudad y la de los socialistas en Santa Fe. Macri puede entrar en una etiqueta de centro derecha, aumentó la pobreza y la inflación. No comparto nada de su concepción económica. Ahora, ¿decir que fue el peor gobierno después de la dictadura, cuando quien lo dice fue el partido responsable de los diez años de menemismo, donde se vendió al Estado y se continuó la política de la dictadura? Eso es de un fanatismo que no permite hacer buenos diagnósticos. El Partido Socialista ha tenido un gran retroceso en estos años: pasamos de tener once diputados nacionales a uno solo, y perdimos personerías jurídicas en varias provincias. Quienes lo llevaron a ser un partido irrelevante deberían dar un paso al costado. Por eso estoy decidido a dar la batalla y postularme como presidente del PS cuando termine la pandemia.

-En el Frente de Todos le cuestionan la intolerancia a la protesta social, los recortes a la salud pública y la educación y la falta de asistencia.
-Es una gran mentira de la izquierda dura. Hubo un pequeño desajuste cuando nos tiraron el Subte por la cabeza y nos hicimos cargo de la creación de la Policía de la Ciudad sin las partidas presupuestarias correspondientes. La salud y educación no se han reducido, si no no hubieran resistido a la pandemia. ¿Y cuándo se reprimió en la Ciudad? ¿A la del otro día en el Obelisco, donde hubo 70 personas a las que se le incautaron bolsos con gomeras, bolitas y molotovs? Eso es actuar conforme a lo que hace una fuerza de seguridad. Además, ¿es más progresista la policía de Berni que la de la Ciudad, con este chico Facundo que desapareció? ¿O la de Juan Manzur, que mató con el mismo procedimiento a George Floyd? Dejemosnos de embromar con esas críticas. Como dirigente siempre voy a estar de acuerdo con corregir y estar en contra del gatillo fácil.
-¿Podría haber hecho más la Ciudad para asistir a los comerciantes y trabajadores porteños?
-No es cierto que no hubo ayudas. Estuvimos haciendo exenciones impositivas, créditos y realizado transferencias monetarias a distintos sectores. Todas las transferencias que hacen las provincias son en base al Gobierno nacional, y son bastante magras. La Ciudad está haciendo muchas cosas y trabajando codo a codo con los actores económicos y sociales para que vuelvan a trabajar. Es una actitud distinta a decir “no va a haber verano”.
-Un sector de Juntos por el Cambio convocó y apoyó fuertemente al banderazo del lunes. ¿Estuvo de acuerdo?
-Hay necesidad de expresarse y se entiende porque estamos en una crisis sanitaria, económica y existencial. Nunca nos topamos con una situación así. Yo no comparto el punto de vista de los que hablan de ‘infectadura’ y que el gobierno nacional quiere estar siempre en cuarentena, incluso hay quienes critican a Larreta por considerarlo afín a esta visión. Pero entiendo que puede haber mucha gente con angustia y que piensa que los que gobernamos nos hemos equivocado. Pero no coincido con las consignas de la convocatoria.

-¿Cómo evalúa la actitud de la oposición en el Congreso?
-Los primeros tres meses ha sido ejemplar, hasta un referente de la oposición reconoció al Presidente como “nuestro comandante en jefe”. En estos dos meses las cosas han cambiando, y en parte por la actitud del oficialismo. Tenemos que ser cuidadosos, es difícil discutir la reforma de la Justicia -a la que coincido que merece hacerle cambios- después de tanto tiempo y justo en este momento de pandemia. Desde los romanos estamos acostumbrados a hacer política cara a cara; todavía estamos aprendiendo a relacionarnos a través de una pantalla. Haber impulsado esta reforma fue un error, sacó lo peor de los sectores más duros de la oposición con quienes no comparto la mayoría de las cosas. Hay una situación de espejo que no es lo que necesita el país en este momento.
-Realizó un balance muy crítico de la gestión de Mauricio Macri, pero una futura alianza opositora tendrá incluir a ese sector. ¿Qué debería ocurrir para que no vuelva a repetirse una experiencia con las mismas políticas y recetas?
-Tienen que intervenir otros actores, generaciones y figuras nuevas, que se renueven los idearios. En la oposición, las fórmulas como “insertarse en el mundo para que lleguen las inversiones” no alcanzan ni resuelve los problemas de la Argentina. Son prioritarias las grandes deudas sociales, las asimetrías entre las provincias, los 14 millones de pobres, el rol de la Argentina en la economía mundial, recuperar los valores como el diálogo y el respeto a las instituciones. Algo parecido tendría que pasar en el Frente de Todos, Máximo Kirchner mostró una mesura y prudencia inesperada. La dirigencia política tiene que recapacitar. Es necesario que existan dos grandes espacios -cada uno con su propio manual de interpretación de la realidad- pero que estén dispuestos a ceder para encontrar un denominador común. No vamos a tener futuro si no recuperamos -en un plazo de 8, 12 o 16 años- la distancia que tenemos con el mundo.
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