Alberto Fernández con el pampeano Sergio Zilliotto. Visita a gobernadores para afirmar su poder.
Alberto Fernández con el pampeano Sergio Zilliotto. Visita a gobernadores para afirmar su poder.

Alberto Fernández decidió extender la cuarentena –con foco más restrictivo en el principal conglomerado social y económico del país- no por dos semanas, sino por tres. Y apenas unas horas después, agrandó el interrogante sobre el horizonte del aislamiento. Frase fuerte en boca presidencial: “No estoy seguro si tocamos el pico o esto puede ser mayor”. La idea de extender la medida más de lo habitual para combatir la “ansiedad” adjudicada a los lapsos más cortos quedó así desarticulada por la fuerte dosis de incertidumbre. Las estribaciones parecen contradictorias también en términos políticos. Pondrían en crisis la intención oficial de instalar la idea de una próxima “post cuarentena” y generar expectativas sobre una etapa de reactivación al final de la pandemia.

En este difícil andar político, se suma un dato que no pasa inadvertido para allegados al poder y para conocedores de la entretela peronista. El Presidente sumó seis viajes a provincias en apenas tres semanas y agregaría otros sin demora. Busca mostrar un movimiento que, se ha dicho, es imaginado para tratar de romper el cerco del monotema del coronavirus, sólo desplazado de manera intermitente por la otra gran cuestión que atiende Olivos: la negociación de la deuda. Pero las visitas a gobernadores constituyen también un mensaje a la interna, para consolidar un armado que incluiría el intento de consagrarse como jefe del peronismo.

La idea de montar un escenario post cuarentena apareció en el discurso oficialista como una necesidad múltiple: oxigenar el temario político, mostrar sintonía con la angustia social y dar un mensaje de que se estaría elaborando sino un plan económico, al menos un conjunto de medidas para reanimar la producción y el consumo. Hasta se hizo trascender que estarían empezando a elaborar los ejes del Presupuesto para el año próximo, algo que asoma al menos complejo por los efectos de la pandemia y por los márgenes que marcará el desenlace de las tratativas con los acreedores externos.

Alberto Fernández, con Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta. Fue el jueves, en la nueva extensión de la cuarentena.
Alberto Fernández, con Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta. Fue el jueves, en la nueva extensión de la cuarentena.

En la línea esperanzadora, fue notorio también el manejo de cifras expuesto al anunciar la nueva y diferenciada continuación de la cuarentena. El aislamiento, con algunas flexibilidades permitidas y otras de hecho, quedó en pie para la Capital y el Gran Buenos Aires –con extensión variada al interior provincial-, parte de Córdoba y distritos de Chaco, Río Negro y Chubut. Para el resto del país, se anunció un esquema de distanciamiento social. Esa distinción sanitaria fue sugerida en materia económica como si fuera igualable a la geografía. Destacar que el 85% del país está en la categoría de movilidad no es asimilable a que la economía se esté reponiendo en igual proporción.

Mostrar perspectiva superadora del cuadro de depresión: ese es el mensaje que comenzaron a traducir sus funcionarios. La puesta en escena más amplia fue encomendada al jefe de Gabinete. A mitad de semana, Santiago Cafiero reunió a buena parte de los ministros para analizar la “agenda post cuarentena”. En rigor, lo más notorio fue la consigna difundida, por ahora con escasa miga. Los trascendidos de esa cita remitieron a un genérico objetivo de reactivación económica y al concepto de federalización del temario post pandemia. Esto último, a tono con el tejido que el Presidente busca extender y asegurar con los jefes provinciales.

En esta retomada agenda de viajes a las provincias, Alberto Fernández estuvo con gobernadores del PJ y con otros considerados aliados. Se vio con el tucumano Juan Manzur, con el formoseño Gildo Insfrán y, ayer, con el pampeano Sergio Ziliotto, del PJ. Con diferencias, los tres podrían ser catalogados como peronistas más o menos tradicionales. También se reunió con el santiagueño Gerardo Zamora, con el misionero Oscar Herrera Ahuad y con el neuquino Omar Gutiérrez. Los tres conocen bien el juego de fuerzas provinciales y poder nacional.

Otra escala de los viajes presidenciales, con Gildo Insfrán. Sin protocolo sanitario.
Otra escala de los viajes presidenciales, con Gildo Insfrán. Sin protocolo sanitario.

En sentido amplio, el Presidente trabaja para construir un armado político propio que, claro, no vino asegurado por el acuerdo con Cristina Fernández de Kirchner. Por el contrario, esa realidad interna transforma en un desafío la necesidad de un acuerdo de hecho con los gobernadores y la intención de colocarse al frente del peronismo. Es de algún modo un esquema más tradicional: no buscaría subordinar al PJ o tratarlo como pieza de un tablero más amplio, sino que intentaría reanimarlo y asegurarlo como principal sustento.

La historia del peronismo en esta etapa democrática muestra distintos estilos y concepciones de conducción, al igual que diferentes valoraciones del lugar más bien simbólico o efectivamente considerado como maquinaria política. Carlos Menem fue un jefe real durante su presidencia. Néstor Kirchner se ocupó primero de generar y asegurar su propio poder, pero atendió lo que algunos llaman el sistema peronista. Se colocó al frente del PJ durante la gestión de CFK. Después, la entonces presidente le dio un lugar secundario, con conducciones más formales que efectivas.

El tema fue considerado por el Presidente desde el arranque. Y, pasado el primer freno del coronavirus, decidió retomar la tarea. Tal vez pese además cierta lejanía de CFK con los jefes provinciales. Pero hay elementos que indican que la ex presidente no descuida la cuestión territorial. En el reparto del Senado, le dio espacio a representantes del PJ más tradicional y también a viejos conocidos del más permanente poder de algunos gobernadores. No descuidó a sus fieles con peso propio y condicionante en legislaturas provinciales, más allá del alineamiento de sus gobernadores. Y mantiene a Buenos Aires como su fortaleza.

Un renglón aparte es el efecto más amplio que puedan tener las visitas presidenciales a las provincias, junto a un nutrido grupo de ministros. La cuarentena tiñe todo. Las fotos con Insfrán difícilmente sumen como imagen política, tampoco como mensaje en medio de la cuarentena, sin barbijo ni ningún otro cuidado sanitario. En otra escala, se anotó cierto malestar local por la visita a Villa La Angostura, cuyo intendente -Fabio Stefani, del tradicional Movimiento Popular Neuquino, al igual que el gobernador- endureció hace semanas las restricciones para evitar contagios “importados”. Con todo, el Presidente fue declarado “Huésped de Honor”.

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