Fernán Quirós: “Vine al espacio público a acompañar una transformación del sistema de salud, no a estar en medio de una catástrofe”

El ministro de Salud porteño dice que perdió “el sentido de los días de la semana”. Por qué se hizo el hisopado. Sus cuidados personales, la evolución de la pandemia y el humor social: “Se evitó una catástrofe sanitaria, lo que pasa que lo que vos evitas es difícil de ver”

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El ministro Fernán Quirós (Maximiliano Luna)
El ministro Fernán Quirós (Maximiliano Luna)

La entrevista con Fernán Quirós se realizó en la previa del anuncio de extensión del aislamiento por tres semanas más de este jueves por la noche. “Sobre cuarentenas largas, sin haber alcanzado un pico, no hay muchas experiencias en el mundo”, asegura el ministro de Salud porteño, que dejó 30 años de carrera en el Hospital Italiano para sumarse a la función pública.

En la sala de reuniones contigua a su oficina hay cintas blancas pegadas en el piso que marcan dónde debe sentarse cada uno para mantener la distancia social. “Hemos perdido el sentido de los días de la semana hace rato”, dice.

-¿Lo que usted siempre dice es lo que piensa?

-Efectivamente. A veces no digo todo lo que pienso, en especial cuando creo que tengo que cuidar al otro. Todos nosotros necesitamos ir adaptándonos a un cambio tan profundo como es el COVID en el planeta. Todos nosotros y la sociedad también. Ahí hay que tener mucho cuidado en hablarle a la gente con mucha claridad sobre lo que está pasando, pero también respetar los momentos evolutivos de la sociedad.

-Ustedes, en la Ciudad, empezaron a hacer más hincapié en el coronavirus a fines de febrero. ¿Nos agarró bien parados el COVID?

-Esta enfermedad no agarra bien parado a nadie. Nosotros el 27, 28 de febrero arreglamos con Horacio de dar una conferencia de prensa y describimos lo que iba a ocurrir y cómo nos estábamos preparando. Esta es una ola muy grande y muy rápida, si no estás siempre una semana adelante de la ola, donde te quedas quieto, te pasa por arriba.

-¿En algún momento la vio negra la situación?

-No, no.

-¿Y ahora?

-No, tampoco.

-¿En ningún momento, en su intimidad, dijo “esto es un quilombo, no sé en qué va a terminar”?

-No, desde el primer día sentí que era una cosa extremadamente importante y disruptiva, desde el primer día. Hasta el día de hoy, no recuerdo un día en que hayamos parado. Hemos perdido el sentido de los días de la semana hace rato.

Horacio Rodríguez Larreta junto a Fernán Quirós, en el inicio de la crisis (Adrián Escandar)
Horacio Rodríguez Larreta junto a Fernán Quirós, en el inicio de la crisis (Adrián Escandar)

-¿Duerme de noche?

-Poco, poco.

-¿Antes dormía bien?

-Sí, lo que pasa que cuando uno está con muchas cosas en la cabeza, la cabeza procesa a la noche y por ahí tenés ratos de dormir y ratos de no dormir. Eso pasa frecuentemente porque la cantidad de cosas que pensás y observás por día es enorme.

-En el caso del Barrio 31, ¿llegaron tarde? Nos lo dijo Ginés González García en una entrevista hace algunas semanas, que faltó un sistema de vigilancia más rápido.

-Soy tremendamente precavido o respetuoso, prudente de los adjetivos calificativos de los fenómenos en esta pandemia, porque tarde o temprano, bien o mal, son demasiado simplificadores para la complejidad que tiene la realidad. No me gusta nunca defenderme o defender lo que hice. Yo siempre digo que los profesionales que resuelven problemas son aquellos que todos los días de la crítica aprenden algo nuevo y aumentan su capacidad de gestionar la complejidad. Si alguien considera que llegamos tarde, lo respeto.

-¿Pero comparte?

-Es que tarde es una calificación que no sabría ponerla. Yo te puedo asegurar que teníamos absolutamente definido que los barrios populares iban a ser un problema, habíamos desarrollado cinco políticas públicas al respecto, estaban montadas y la implementación. ¿Llegamos tarde o no? Es discutible. La capacidad de montar en cinco días un programa de magnitud en un barrio popular e instalarlo en el lugar coordinando con las organizaciones y los curas, estaba ahí.

-Ahora, hace algunas semanas había fuertes críticas de la Provincia a la situación de los barrios vulnerables de la Ciudad y ahora parece que la situación se equiparó en ambos distritos. ¿Le preocupa ahora lo que pasa en Provincia y cree, en ese caso, que hubo una subestimación de la situación?

-En términos de los dichos y de la política prefiero no participar, sobre todo porque esta pandemia trae tanto dolor y es un escenario donde todos vamos a sufrir algún daño, donde no hay ganadores y perdedores. La sociedad va a sufrir, los funcionarios vamos a sufrir, el equipo de salud va a sufrir, todos vamos a pasar malos momentos. Cuando hay que pasar una situación dolorosa, la discusión no es si la vas a pasar o no sino cómo la vas a pasar. Yo creo que la mejor forma de pasarla es coordinando, respetando...

-¿Eso se está haciendo?

-Sí, sí...

-¿Hubo momentos de tensión?

-Siempre hay, pero siempre las políticas públicas las charlamos y las acordamos. La situación te obliga a trabajar en conjunto porque es demasiado grande el problema. La otra cosa evidente en esta pandemia es que la realidad es demasiado fuerte como para trabajar en intentar hacer un estilo de comunicación que se mueva de esa realidad. Todo va a estar a la vista.

-¿En algún momento de estos meses se planteó “qué hago acá, para qué acepté”?

-No, no. ¿Qué hago acá? Sí. ¿Para qué acepté? No.

-¿Y cuando se pregunta qué hace acá, qué se responde?

-En el sentido de qué pasó con mi vida. Tenía sentido hacer algo en el espacio público y venía capacitándome y formándome para poderlo hacer de manera apropiada. Para mí es importante que las cosas que hago tengan un sentido interior fuerte en mí porque eso me da la fortaleza.

Fernán Quirós durante la entrevista con Infobae (Maximiliano Luna)
Fernán Quirós durante la entrevista con Infobae (Maximiliano Luna)

-¿Y encuentra la respuesta cuando se pregunta qué pasó con su vida?

-No, porque además cuando miro a otros les pasaron cosas parecidas. Cuando me pregunto, miro y a la mitad del mundo se le dio vuelta la vida. Nos está pasando a los seres humanos en la tierra. ¿Por qué acepté? No me lo planteé nunca.

-¿Y en algún momento se imaginó esto?

-Nunca. Vengo hace años dialogando con gente con la cual tengo confianza profesional, desde el año 2000 a esta parte porque era obvio, porque pasaron un par de brotes, y era “¿cuándo va a venir el año de un brote viral complejo en la humanidad?”

-O sea que era cuestión de tiempo...

-Todos los que nos dedicamos a esto sabíamos, ya había habido un par de alertas de un par de virus previos.

-¿Este es el peor de todos?

-No, no. Hemos sido cuidados por la naturaleza. Hay virus de este tipo que te dan muchos cuadros respiratorios y otros que te dan una enfermedad pulmonar catastrófica. Este virus te da eso en un pequeño grupo. La mortalidad de algunos otros virus previo, el SARS, por ejemplo, llegó al 50 por ciento. Aquella era muy mortal pero muy poco contagiosa entre los humanos. La combinación de las dos cosas sería letal. Y no sabemos si no va a ocurrir en el futuro. Haber pasado esta desgracia humana y estar pensando cuándo vamos a volver a estar como antes es un profundo error.

-¿Esa vida, como era antes, va a tardar mucho en volver?

-Es que no tiene sentido intentar volver a la vida como era antes. Ninguna persona que pasó por una crisis vital, o que pasó por un dolor muy importante en su vida, intentó volver a ser el mismo que antes. No es inteligente eso. Inteligente es aprender de lo que te pasó. Esta pandemia deberíamos enseñarnos de qué cosas podemos mejorar de la forma en qué vivimos, de tal modo de mitigar el riesgo de qué esto vuelva a ocurrir.

-¿Cómo se cuida usted? ¿Qué hace cuando llega a su casa?

-Mi mujer es epidemióloga y trabaja en el terreno también. Los dos estamos en el terreno.

-O sea que el peligro de contraer el virus es de ambos lados.

-Efectivamente.

- ¿Le provoca algún miedo eso?

-No, miedo no es. Sí cierta precaución por los chicos. Llegamos a casa y tenemos un protocolo definido que siempre hacemos lo mismo, lo ejecutamos cada vez que volvemos. Primero limpiamos los celulares, lo dejamos a un costado. Nos sacamos la ropa, nos ponemos una bata o algo, después de eso nos lavamos las manos con alcohol en gel y pasamos derecho a la ducha.

"Ginés González García es un gran sanitarista", dice el ministro porteño (EFE/Rodrigo García/Archivo)
"Ginés González García es un gran sanitarista", dice el ministro porteño (EFE/Rodrigo García/Archivo)

-¿Se hizo el hisopado?

-Yo me hice una vuelta el hisopado porque estaba con mucho dolor de garganta. A mí lo que me pasa es que de tanta intensidad llega un momento que te duele la cabeza, con frecuencia, y un día estuve con dolor de garganta, y ese día me testeé porque tenía mucho miedo de ser un elemento dispersor, sobre todo en el gobierno, imaginate. Así que me lo hice, y me dio negativo.

-¿Y en su casa nadie se lo hizo?

-No, no.

-Ahora, seguro cuando salga esta entrevista en la Ciudad se avanzó en alguna flexibilización más, algunos comercios, el hecho de salir a correr. ¿Cómo se explica ese avance si en teoría estamos entrando en el pico de la curva?

-A mí no me gusta hablar de pico porque eso lo vamos a definir cuando hayan bajado los casos, así que será lo que quedó detrás de la bajada. Me gusta hablar de intensificación del número de casos...

-Perdón que lo interrumpa, ¿pero podría llegar a ser un “piquito”, como en algún momento dijo Ginés González García?

-Imposible saberlo. Lo que uno va viendo es cómo va la curva hacia adelante. Lo que nosotros vemos en la Ciudad es que la curva para adelante, después de haber tenido unos siete o diez días muy intensos, con crecimientos muy importantes, entró en una reproducibilidad del virus en un valor bastante más bajo que hizo que esta última semana hayamos tenido un valor bastante estabilizado, con mínimos aumentos. Eso vemos. En base a esto, ¿qué razonamos? La Argentina tomó una decisión de una cuarentena precoz y muy estricta como hicieron muy pocos países en el mundo...

-¿Eso estuvo bien?

-A mí me parece que sí. Si hubiéramos evolucionado en una curva, como estaba previsto inicialmente, con un R de 2.2, a mitad de abril hubiéramos tenido una cantidad enorme de casos. Nadie estaba preparado para administrar esa realidad. Se evitó una catástrofe sanitaria, sin ninguna duda. Lo que pasa que lo que vos evitás es difícil de ver. Ahora, dado que se tomó una decisión tan precoz y se aplanó la curva de una manera que tiene un crecimiento muy lento a lo largo de muchas semanas te obliga a tener una cuarentena muy larga. Y sobre cuarentenas largas, sin haber alcanzando una cantidad importante de casos, o un pico, no hay muchas experiencias en el mundo. Tenemos una situación relativamente inédita, y la pregunta es cómo se gestiona esa realidad. Tenés una sociedad que no ha visto la catástrofe, que no está segura de qué se salvó, porque no tiene por qué estar segura, y que está relativamente fatigada y cansada. ¿Cuál es la mejor manera de gestionar eso? Yo creo que lo único que no puede perder nunca un gobernante es su vinculación o su construcción colectiva con la sociedad a la que tiene que gobernar.

-Y usted cree que eso no se perdió.

-No se perdió y creo que estas medidas lo que buscan es sostener eso. Escuchar al conjunto. Tenemos que escuchar a la totalidad y dentro de ese marco conceptual proponer un denominador común que sea “cuidemos el interés colectivo y la salud pública, pero demos una respuesta a la gente que sea de bajo riesgo para el interés colectivo”.

-¿Pero sigue primando lo sanitario, o en la mesa de decisiones empieza a prevalecer la economía, o lo emocional?

-Eso estuvo siempre. El tema es qué medida de las esferas económicas o de la salud mental o emocional podés tomar que no pongan en riesgo el interés colectivo. No es sanitario versus interés económico, es interés colectivo versus interés individual. Eso es lo que tratamos de hacer este fin de semana: dado que la curva viene de crecimiento lento, hay un espacio para darle respuesta al subgrupo de la sociedad que considera que esto es demasiado para ellos y que necesitan una respuesta.

-¿En la decisión de hace casi tres semanas atrás, de ir para atrás con los comercios que habían vuelto a abrir en algunas zonas, qué prevaleció más, lo sanitario o la relación política con la Provincia y la Nación?

-No, las relaciones políticas no están influenciando las decisiones...

-Políticas en términos operativos, en la administración de la crisis.

-Nosotros tenemos claro la información que tenemos, todos los indicadores sanitarios, los miramos todos. Evaluamos un poco el sentir social y vemos qué medidas podemos dar para mantener al conjunto de la sociedad integrada en la política pública que llevamos adelante. Una vez que tenemos claro eso, miramos ahí adentro las medidas de las diferentes dimensiones, económicas o no, que dañan muy poco o no amenazan la política pública sanitaria. Y luego vamos al diálogo político, y después viene la fase del diálogo entre las jurisdicciones.

Barrio 31 (Franco Fafasuli)
Barrio 31 (Franco Fafasuli)

-¿Y cuando habilita a la gente a salir a correr y del otro lado de la General Paz no pueden hacerlo, eso no produce tensiones?

-Cuando vos dejás que cada uno decida cómo quiere vivir su día, cada uno ajusta su día exactamente a lo que tiene ganas de vivir, en un escenario sin pandemia, y por supuesto aquellos que tienen la posibilidad de decidir. Cuando tenés que marcar reglas generales para la sociedad, siempre generás injusticias, no hay una regla general que aplique a todos de manera razonable. Nosotros defendemos que esto sea lo más corto posible, pero tiene que ver cuándo consideremos, o podamos demostrar, que el interés colectivo está relativamente protegido.

-Cuando escucha el término “infectadura”, ¿qué le produce?

-No, no me molesta nada. Yo creo que esto no se parece en nada a una “infectadura”, pero me parece importante que una parte de la sociedad tenga ese sentimiento y lo pueda expresar.

-¿En algún tramo de esta crisis, llega a disfrutar algo de su trabajo?

-No, la palabra disfrutar es un poco fuerte...

-Disfrutar en el sentido de lo profesional, de pensar “qué bueno que me tocó a mí estar al frente de la administración de esta crisis inédita e histórica”.

-No, nada de todo eso.

-O sea, hubiese preferido que nunca le toque esto.

-Decididamente. Yo dejé una vida que tenía una proyección, un modelo de desarrollo, que ya estaba muy organizada, ordenada, muy en paz, la disfrutaba. A cambio de eso decidí venirme al espacio público, un ámbito absolutamente diferente al que yo tenía.

-¿Y por qué decidió ese cambio?

-Sentí que tenía sentido, algo para dar en el espacio público, yo me formé en la universidad pública. Yo vine al espacio público a aportar mi valor agregado para generar una transformación del sistema público de salud, a acompañar una transformación, no vine a estar en el medio de esta catástrofe. Nada parecido a lo que me hubiera gustado. Por supuesto que intento al mismo tiempo acompañar la transformación en medio de este lío, pero no es lo que me hubiera esperado o gustado. No lo disfruto, la palabra sería otra... Yo busco cierto equilibrio entre lo que pienso, digo y hago. Esas tres dimensiones de mi persona interior son muy importantes. Estoy relativamente en paz conmigo mismo que lo que voy haciendo día a día se parece bastante a lo que siento que debo hacer. Eso me da cierta satisfacción personal. Pero no disfruto nada.

-Y en algún momento del día, en la administración de esta crisis, no piensa “esto puede terminar mal y justo me tocó a mí”.

-Yo vine al espacio público a dar. No vine a buscar ni reconocimiento ni otro tipo de cosas.

-¿No se pasó a la función pública por reconocimiento?

-No, no. Si estuviera atrás del reconocimiento probablemente hubiera seguido donde estaba. Siento que estoy dando todo lo que tengo. Y siento de a ratos que la realidad es demasiado dura, genera demasiado daño como para evitarlos a todos, y esos son los días que peor estoy. Cuando veo con claridad que hay daños que son difíciles de evitar. Que se pueden mitigar, pero no evitar.

-Llevamos unos tres meses de crisis por esta pandemia. Ese daño al que se refiere, ¿es peor del que pensaba?

-El daño aquí en la Argentina hasta el día de hoy ha sido decididamente menor, bien menor. Yo he hablado con profesionales que han trabajado en terapias intensivas de muchos países involucrados y los diálogos son intolerables. Te cuesta tolerar que te cuenten lo que te cuentan. De manera que decididamente aquí en la Argentina no hemos pasado nada de todo eso. Esperemos no tener que pasarlo. Pero no lo hemos pasado.

Alberto Fernández, Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof, durante el anuncio del jueves
Alberto Fernández, Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof, durante el anuncio del jueves

-¿Y cree que eso no va a pasar? ¿O es imposible saberlo?

-Yo diría que no se puede saber, pero estoy convencido de que el 70% de la posibilidad de que eso no ocurra está en manos de la comunidad, no de los gobernantes. El comportamiento social es un elemento esencial en toda pandemia, y hasta ahora funcionó muy bien. Pero llevamos mucho tiempo con la gente muy cansada. Y ese es un punto muy delicado al que hay que prestarle muchísima atención.

-¿Qué le preocupa más hoy en día, la Ciudad o el Gran Buenos Aires?

-Me preocupa la Ciudad porque es lo que me ocupa, y es mi ámbito de incumbencia. Ahora, identifico en el conurbano bonaerense un lugar donde hay una enorme cantidad de población, una enorme dificultad socio económica y una organización sanitaria menos madura que la de la Ciudad. Por eso hemos trabajado mucho coordinando.

-Si tuviera al frente del equipo, ¿elegiría a Ginés como ministro de Salud?

-¿Si lo elegiría? Creo que Ginés es un gran sanitarista. Siempre digo de él que tiene esa habilidad que tienen pocos de identificar entre lo importante y lo secundario, y a lo importante determinarlo bien. Yo lo respeto mucho por eso. Durante su período de ministerio, casi todos los temas que ha tratado los ha tratado bien.

-¿Usted se considera político o aún no?

-Depende a qué llame político. En política partidaria no me veo. Me considero una persona que hace política desde la perspectiva amplia. Yo hago política sanitaria.

-¿Y cree que después de esto hay que barajar y dar de nuevo, en lo referido al sistema de salud pública?

-Yo creo que el sistema de salud de la Argentina en general se merece un replanteo.

-¿Y en la Ciudad en particular? Los planes que usted tenía cuando asumió, ¿cambian completamente después de esto?

-No, porque el eje central de lo que creo que hay que hacer, que es la construcción de una red pública de salud que esté integrada y articulada, esa mirada nosotros la vamos desarrollando en el medio de la pandemia. La segunda cosa que podemos agregar es una evolución cultural hacia una mirada del funcionamiento del sistema de salud que tenga elementos innovadores y novedosos centrados en el cuidado de las personas.

-Y cuando aparece el tema de los barbijos, que se investiga si hubo irregularidades o ilícitos, ¿qué le produce?

-Un enorme dolor. Te conté a qué vine y encontrarme con ese escenario me duele. Lo segundo es que siempre podemos hacer las cosas mejor.

El ministro con el barbijo puesto, en su oficina (Maximiliano Luna)
El ministro con el barbijo puesto, en su oficina (Maximiliano Luna)

-Hace un rato me decía que no suele mentir, o que hay muchas cosas que prefiere no decir, ¿hay muchas cosas que prefiere no decir para no generar optimismo, o por el contrario, o angustia?

-Los médicos hemos aprendido en las últimas dos décadas es que transferirle el problema que vos tenes adentro tuyo, que sabés una cosa difícil, transferírsela a otra persona, y eso hace más daño que beneficio. Bajo el teórico beneficio de que tiene derecho a saber todo, se lo hace de una manera que a veces genera más daño que beneficio. Lo que he aprendido en mi vida profesional es que desde la vincularidad empática vos tenes que ir transfiriendo tu conocimiento al otro a la velocidad y la forma que el otro pueda poder asimilarlo y procesarlo de manera adecuada. Esto en la comunicación pública lo hago con cierta frecuencia. Las personas asustadas sacan la peor parte de sí. Nunca tenés que asustar.

-Y si le pregunto cómo termina esto, ¿no me lo va a decir porque no tiene respuesta o porque de verdad no sabe cómo termina?

-Saber, no lo sé. Nadie lo sabe. Si sé que el final de esto va a ser la aparición de una vacuna, o una cantidad importante de gente que haya pasado la enfermedad y tenga el fenómeno rebaño, o que aparezca un tratamiento que prevé o haga de esto una enfermedad leve que no moleste a nadie. Esos son los tres finales que puede tener este proceso.

-Si mira para atrás en estos meses, ¿hubiese hecho algo diferente?

-Esa pregunta nunca sé como contestarla. Lo que yo era al día uno no tiene nada que ver con lo que soy hoy. Cada día que pasó aprendí algo. Ahora, cada momento que tomé una decisión, con el contexto en que estaba, y lo que era capaz de razonar y decidir, fue lo que hice. Me siento una persona mucho más completa de lo que era cuando empecé, y seguramente soy menos completa de lo que seré cuando estemos en el medio del baile.

-O sea que el baile va a llegar.

-Yo creo que el baile lo tenemos y se va a intensificar. Cuando empiece a ver que el R baja de uno (N. de la R.: que la cantidad de nuevos contagios sea menor a la que había), voy a empezar a decir que parece que podría llegar a aflojar. Yo no creo que seamos capaces de evitar todo tipo de curva. Pero a lo mejor sí somos capaces, si hacemos las cosas bien, de sostener una cantidad de enfermos cotidianos que sea tolerable, cuidada, hasta que en un momento encontremos una solución más de fondo.

-¿Lo sorprendió para bien el comportamiento social?

-Sí.

-¿Esperaban otra cosa?

-Más allá de las críticas públicas, el comportamiento efectivo de la gente me sorprendió para bien. Mucha gente expresó desacuerdos, pero la enorme mayoría cumplió las pautas generales, y eso es muy llamativo para lo que nosotros creíamos que era el ser argentino, el porteño.

-Leí que uno de sus hobbies es correr, ¿va a salir a correr estos días?

-No creo porque vivo en la Provincia y no está permitido en la Provincia. Esperaré que la Provincia tome la decisión. Lo extraño ferozmente.

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