
“El Presidente recibió generosamente a una delegación importante del peronismo de Córdoba y le expresamos nuestra voluntad de seguir poniendo el hombro para sacar adelante a la Argentina”, dijo el senador Carlos Caserio al salir de un encuentro con Alberto Fernández en el Salón de los Científicos de la Casa Rosada. En diálogo con los periodistas, el legislador confesó que renunció a la presidencia del peronismo cordobés porque “queríamos cambiar la Argentina y la gente nos dio la razón”. “El peronismo de ellos lo tendrán que explicar ellos, nosotros somos parte de un peronismo que forma parte de un proyecto nacional”, agregó. El titular de la Comisión de Presupuesto y Hacienda en la Cámara de Senadores también dijo: “Nos sorprendió la presencia de los congresales del PJ cordobés (para el congreso nacional que se está desarrollando en el microestadio de Ferro), aunque no está el gobernador, pero es bienvenida".
Caserio no es cualquier senador. Con 70 años y una larga militancia en el peronismo cordobés, fue parte de la mesa chica de José Manuel de la Sota, el hombre que recuperó la provincia de Córdoba para el peronismo y que entendió que si quería que ese regreso perdurara, tenía que darle una impronta particular, que él mismo denominó “cordobesismo”, un posicionamiento que exhiba independencia del poder central, entre conservador y productivista, profundamente institucional y alejado de los extremos políticos. Para sus críticos kirchneristas, un “peronismo light”.
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Pero el senador vio la ventana de oportunidad que se le abrió con la llegada de Fernández al poder y rápidamente se encolumnó en el “albertismo”, un ala del Frente de Todos que no existe pero que, como las brujas, “que las hay, las hay”.
Juan Schiaretti, el gobernador que reeligió con el respaldo tácito de Mauricio Macri, se encontró de repente con la victoria de Fernández y Cristina Fernández de Kirchner en la Nación. Sin embargo, la fórmula rasguñó el 30% de los votos en Córdoba, donde el binomio Macri-Miguel Pichetto obtuvo el 61,30%. Córdoba también es el lugar donde, como respuesta al aumento de las retenciones, empezó el tractorazo impulsado por productores autoconvocados de Altos Fierro, localidad de esa provincia, e impulsada por la Federación Agraria de Río Tercero y el apoyo de la Mesa de Enlace provincial.
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Tensionado entre la postura de su propio electorado y el Gobierno nacional, el “Gringo” Schiaretti está obligado a hacerle guiños al Presidente para sostener la gobernabilidad, aunque parece claro que lo hace a disgusto.

Hoy, por ejemplo, aceptó que el PJ cordobés vuelva a las reuniones del peronismo, un espacio que había abandonado el propio De la Sota en tiempos de Néstor y Cristina Kirchner, hace más de 10 años. Lo negoció él mismo con Eduardo “Wado” de Pedro, el ministro del Interior, y lo habló con José Luis Gioja y Jorge Capitanich. Así, la totalidad de los 84 congresales cordobeses (que incluye a distintos sectores internos de esa provincia) estará presente en el microestadio de Ferro, donde sesiona el congreso nacional del PJ, dando un salto cualitativo en la representación cordobesa.
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Sin embargo, el Gobierno no da puntada sin hilo. Ayer, cuando ya estaba decidida la presencia de los congresales de Schiaretti, Fernández cerró con Caserio la presencia de los 40 intendentes y 10 legisladores cordobeses para dar un mensaje preciso: este es el candidato de la Casa Rosada para gobernar la provincia en 2023.
Schiaretti piensa distinto. Tiene otros dos candidatos para sucederlo. Uno, el actual intendente de Córdoba capital, Martín Llaryora, dos veces intendente de San Francisco y ex diputado nacional, un abogado de buena imagen en los sectores medios urbanos (digno representante del “cordobesismo”), que se encuentra con el difícil desafío de gobernar una ciudad en medio de la restricción presupuestaria de estos tiempos, y una alta demanda de parte de sus votantes, que votaron a un peronista después de mucho tiempo.
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El otro candidato de Schiaretti es su ministro de Gobierno, Facundo Torres, ex intendente de Alta Gracia que había sido electo como diputado provincial. Perfectamente alineado con el gobernador, Torres declaró hace pocos días que “Buenos Aires debe entender la dinámica del PJ provincial” y que el líder en Córdoba es Schiaretti. Líder de los halcones provinciales, la mano derecha del gobernador se prepara para la dura batalla interna que se jugará en el 2023.
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