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El oficialismo y el peronismo/K, preocupados y en apuros electorales

Se movieron al mismo tiempo, a catorce meses de los comicios. LLA inició tratativas con el PRO frente a un cuadro económico complejo. Y en el PJ, dieron una señal ante la corrosiva interna que arrastran desde su pasada gestión. Punto en común: la polarización y sus límites

Reunión del Gobierno y PRO en Casa Rosada santilli, de andres, ritondo, martin menem y lule menem
Primer encuentro formal de LLA y el PRO, con Diego Santilli como anfitrión
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No fue casualidad. Casi al mismo tiempo, el oficialismo y el PJ/K movieron sus piezas en el tablero electoral cuando faltan catorce meses para los comicios presidenciales. Los libertarios abrieron las conversaciones formales con el PRO frente a un cuadro económico complicado. Y el peronismo expuso un primer encuentro que registra la gravedad de su corrosiva interna. Llamativo: los problemas ajenos no alcanzan para garantizar tranquilidad propia. Más bien al contrario, el apuro indica preocupación porque ninguna proyección para octubre del 2027 arriesga un final claro.

Con todo, los trazos gruesos del discurso libertario y del peronismo coinciden en el intento prematuro de generar clima electoral, con apuesta repetida a la polarización extrema. Se muestran antagónicos, pero coincidentes en la necesidad de sostenerse como “enemigos”. Por ahora, un contrapunto de ese nivel -tan excluyente, sin margen para nadie más- no es lo que registran los sondeos que podrían denominarse de “primera vuelta”. Exhiben una franja, fragmentada, por afuera de esas opciones. Por supuesto, los cuadros sobre escenarios de balotaje responden a la lógica de esa disyuntiva. Pero aún en ese caso, están lejos de ser terminantes.

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La cita de representantes de LLA y del PRO se produjo después de un contacto entre Karina Milei y Mauricio Macri. La relación entre los dos espacios transcurre hasta ahora entre la conveniencia y las tensiones. Dicho de otra forma: viene funcionando como alianza o sociedad sin asegurar nada para el 2027. Macri no tiene un mano a mano con Javier Milei desde hace diez meses. Y resulta arriesgado afirmar que la negociación está definitivamente encaminada. Tampoco puede decirse que hayan variado sustancialmente el cuadro en el Congreso y los intereses territoriales. ¿Cuál sería el nuevo registro, el cambio? Sobre todo, la demanda política sobre Economía y viceversa.

Milei puso en marcha su plan reeleccionista. Trabaja en primera línea su hermana y secretaria General de la Presidencia, aunque los pasos iniciales combinan ese manejo efectivo con algunas señales negociadoras que remiten a Santiago Caputo. El panorama no es el mismo que asomaba cuando Karina Milei habló abiertamente sobre la reelección como objetivo central, excluyente, de los libertarios. Ese mensaje fue explicito apenas pasados los comicios del año pasado, en medio del festejo por el triunfo en las legislativas y su celebración como armadora del oficialismo.

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Después, se sucedieron necesidades inmediatas para traducir el resultado electoral en aprobación de leyes, incluso en verano, y emergió la larga y dañosa serie de Manuel Adorni, que aún debe capítulos judiciales. El Mundial corrió el foco durante más de un mes. Y el desvanecimiento del clima futbolero fue imponiendo de nuevo la realidad.

Las tareas que expone la “mesa política” del oficialismo -con fotos o sin ellas- tienen como cortinado de fondo el objetivo reeleccionista y reiteran dos escenarios: el Congreso y las provincias. Diego Santilli se mueve como el más visible negociador, en contactos que -juego de contraprestaciones- exponen las necesidades de los gobernadores no sólo en materia de fondos, sino además como demanda de compromisos por las reelecciones locales.

La recién armada mesa de negociaciones con el PRO reúne a operadores directos de Karina Milei -Martín y “Lule” Menem- y viejos conocidos, Santilli, Cristian Ritondo y Fernando de Andreis. Subsisten recelos entre las partes y también en el interior del partido amarillo. Eso alimenta cierto escepticismo, pero a la par del anuncio sobre una rutina de citas quincenales para tejer acuerdos electorales, sobre todo en la provincia de Buenos Aires y en territorio porteño. La mirada inmediata apunta a la ratificación de la sociedad legislativa. La más optimista, a un entendimiento con jefes provinciales. Y la más ácida dice que se trataría de un juego de imagen para no pagar los platos rotos si al final se rompen.

Axel Kicillof - Sergio Massa - Máximo Kirchner
Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner, los convocantes a la reunión del peronismo/K

Después del último costo pagado por LLA en el Senado, esta semana fue el turno de mayor protagonismo de Diputados, para avanzar con la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y la segunda entrega de Inocencia Fiscal. La mayor flexibilidad para negociar no evitó un momento de tensiones en comisión, fruto del fanatismo de un expositor invitado por el oficialismo que terminó irritando a integrantes del PRO, del radicalismo y del MID. Fue necesario un pedido de disculpas para lograr acompañamiento en los dictámenes.

De todos modos, el oficialismo apenas disimula el malestar y sobre todo la preocupación por el juego de gobernadores considerados aliados o al menos, dialoguistas. Un síntoma evidente fue el modo en que algunos se desmarcaron durante el tratamiento del finalmente muy podado proyecto sobre propiedad privada. Otro mensaje lo recibió el jefe de Gabinete en su encuentro con gobernadores del Norte Grande. El clima electoral se precipitó para todos y los costos de las negociaciones son mayores si el Gobierno no corre con la economía claramente a favor.

El dato del INDEC sobre la inflación de julio expuso las dificultades para sostener datos “optimistas” en el tiempo, que en muchos casos son grises o cambiantes, como lo muestra la sucesión de registros del Estimador Mensual de Actividad Económica. En el caso del último IPC (2,1%), la explicación sobre la interrupción de la racha a la baja buscó cargar las culpas sobre datos como el turismo o la recreación. Fue bastante más que eso. El informe exhibe subas en buena parte de los rubros más sensibles en relación con junio: alimentación, por ejemplo, estuvo en el 2% después del 1,3% previo. Y la inflación núcleo se mantuvo por debajo del promedio, pero también creció respecto del mes anterior (1,8% frente a 1,6%).

El PJ/K, por supuesto, está más que complicado para plantarse ante ese cuadro como si no tuviera pasado. La explotación de ese arrastre por parte de los libertarios tiene sus límites por el paso del tiempo en la gestión. Y quizá, en todo caso, el principal punto débil del peronismo haya pasado a ser su propia lija interna. Por eso mismo, la “cumbre” de esta semana, encabezada por Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa, tuvo una lectura dominante: el gesto de tratar de enfrentar el costo de la interna sin límites.

Sin embargo, las cosas no son lineales. Y así lo expone el punto de entendimiento básico en ese encuentro: trabajar parta frenar la intención violeta de eliminar las PASO. Es sabido que el kirchnerismo impulsó ese mecanismo por razones de coyuntura, en su etapa inicial, pero jamás las utilizó: con Cristina Fernández de Kirchner, las candidaturas fueron resueltas en los escritorios del poder. Ahora, en cambio, está a la vista la necesidad de utilizarlas para resolver sus batallas domésticas. Y eso mismo expone la declinación de CFK en esta etapa.

Cada uno a su manera, el oficialismo y el peronismo/K están volcados a tratar de asegurar su frente con vistas a las elecciones. Y, también en el discurso, parecen hablarle sólo o principalmente a su núcleo de votantes. El problema es que en general, eso no alcanza. No suele seducir a una franja de votantes nada desdeñable, heterogénea, por el momento sin canal de representación. Así y todo, eso mismo alcanza para inquietar a los que ya están en carrera.