De la Triple A al caso Cuadernos: la historia de los arrepentidos en la Argentina

Las periodistas Lucía Salinas y Lourdes Marchese visitaron los estudios de Infobae y revelaron el “lado B” de los testimonios que hicieron temblar al poder

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Entrevista Lourdes Marchese y Lucía Salinas - #Entrevista

La escena de un delincuente que le pide hacer “un trato” al fiscal a cambio de entregar a otros miembros de su organización criminal nos resulta familiar, se repite en cientos de películas de Hollywood. Sin embargo, la figura del imputado colaborador es muy reciente para el derecho penal argentino y todavía divide a los miembros de la Justicia.

Su implementación, a partir de 2016, posibilitó un avance vertiginoso en algunas de las causas más resonantes de los últimos años, como el caso de los Cuadernos o la Ruta del Dinero K. Los testimonios del ex chofer Oscar Centeno y del ex valijero Leonardo Fariña fueron clave para imputar a destacadas figuras de la política nacional.

Pero en Los Arrepentidos, los testimonios que hicieron temblar al poder, las periodistas Lucía Salinas y Lourdes Marchese trazaron una historia de "colaboradores” que se remonta varias décadas hacia el pasado, incluso mucho antes de que existiera una ley que los ampare. Qué piensan y cómo viven los hombres que decidieron revelar los más oscuros secretos del poder político.

-¿Cuál fue la historia que más les llamó la atención y disparó la idea de hacer un libro sobre los arrepentidos?

LS: Tenemos arrepentidos diferentes. Son todos muy disímiles. De todos modos, lo que disparó la idea de este libro fue una historia que escuchamos en forma conjunta en una fiscalía de Comodoro Py, donde se hablaba sobre esta persona como el primer arrepentido en la Justicia, que es Horacio Paino, en la causa de la Triple A. Entendimos que había algo sobre lo cual indagar, había algo sobre arrepentidos que iba mucho más allá de la causa Cuadernos y que había atravesado muchísimos expedientes de corrupción. Muchas de esas causas tenían un denominador común: una persona que había sido parte de esas estructuras de corrupción y que en algún momento hubo un quiebre, algo que los llevó a confesar, a entregar nombres, cifras, movimientos, para obtener algo en la Justicia. Había historias que contar, que trascendía lo que estas personas habían contado en la Justicia.

-¿No hubo casos anteriores a Paino?

LM: Estuvimos investigando bastante y en Comodoro Py varias fuentes nos plantearon que lo tenían a Paino como el primer arrepentido. Lo que pasa es que ir más atrás también implica muchísimos más meses de trabajo, y en algún punto tenés que llegar a recortar el objeto procesal. Obviamente la causa Cuadernos fue el gran disparador porque tiene 31 arrepentidos que en solo seis meses confesaron haber sido parte de una estructura delictiva. Ellos lo hicieron bajo una ley, mal conocida como la Ley del Arrepentido, que en realidad es la Ley del Imputado Colaborador. Pero hay arrepentidos que son sin ley. ¿Qué les pasó a esas personas? ¿Cómo es que también deciden confesar? No es lo mismo declarar bajo una ley que te da garantías, que te da herramientas de negociación. Un arrepentido es alguien que cometió un delito y se sienta a negociar con el Poder Judicial para mejorar su situación.

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-¿Hubo algún otro cambio para los arrepentidos durante todas estas décadas más allá de la sanción de esta ley en 2016?

LS: Es interesante analizar los movimiento sinuosos de la Justicia en función de los gobiernos de turno. Porque a lo largo de todos estos años lo que hemos visto es que hay comportamientos disímiles y hay algunos patrones que pueden repetirse: cómo se van acomodando, o cómo las causas avanzan cuando el principal acusado no está en la Casa Rosada. También buscamos indagar en cómo se comportó la Justicia.

-¿La Ley del Arrepentido genera un grieta en la familia judicial?

LS: Si, correcto. Incluso cuando entrevistamos al fiscal Stornelli, él dice que cuando salió la ley estaba en contra de la figura del arrepentido. Y después se encontró siendo el fiscal de una causa cuya herramienta central fue la Ley del Arrepentido. El libro lo que está proponiendo es que hay muchos interrogantes que no tienen una respuesta definitiva ni taxativa. Nos preguntamos a qué responde esa ley: a una falencia de la capacidad investigativa para avanzar en casos de corrupción o hay casos de corrupción tan enquistados en el poder político que si no se cuenta con un arrepentido nunca se puede llegar al centro neurálgico para desentrañarlo. Hay fiscales que están absolutamente en desacuerdo porque entienden que es una traición o que puede resultar extorsiva. Y lo que se pone en discusión es si dentro de las cuestiones que vos negociás con un arrepentido tiene que estar la libertad.

-Por ejemplo el valijero Fariña o el chofer Centeno que estaban detenidos y después de hablar quedaron en libertad.

LS: Sí. Como muchos de los empresarios. Como el caso de Manzanares, el ex contador de la familia Kirchner. Entonces se pone en discusión el funcionamiento de este sistema, cómo procede la Justicia pero también cómo procede el poder político. Porque esta es una ley que impulsa el poder político.

-Es una ley que impulsa y frena el poder político al mismo tiempo.

LS: Justamente. Hoy vemos también cómo procede la Justicia en función de los vaivenes de la política. Y viceversa.

LM: Una de las voces que aparece en este libro en el año 2009 había querido impulsar en el Congreso, cuando era diputado, la Ley del Arrepentido. Terminó cajoneada. Años más tarde, en el 2016, con el gobierno de Mauricio Macri, que tuvo como bandera política avanzar en las causas de corrupción, termina saliendo en consenso con otras fuerzas pero no fue el producto que todos querían. Por eso es una ley que se puede mejorar.

-¿Cómo se puede mejorar la ley?

LM: Tiene muchos vacíos legales. En principio, la cuestión de los “medios técnicos idóneos” no está clara. En la causa Cuadernos muchos decían que no se habían grabado las audiencias. Y después la Cámara terminó validando que con el acta era suficiente, porque habían participado los abogados defensores y habían participado de esa negociación que habían tenido los imputados con el fiscal.

LS: Lo que hay que explicar es que la ley dice que en la audiencia tiene que estar conservada en un medio idóneo. Al no estar especificado qué se entiende por medio idóneo, parece quedar sujeta a la interpretación de quien la aplica. Entonces, para una ley donde están en juego cosas como la libertad o donde se coloca un manto de sospecha bajo la idea de que se utiliza para coaccionar a la otra persona, hay cuestiones que deberían estar absolutamente clarificadas.

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-¿Qué opinan de que se pueda negociar la libertad?

LS: En ese punto pongo dos ejemplos. José López, ex secretario de Obras Públicas, está detenido con una condena por enriquecimiento ilícito. Y él, aún sabiendo que su libertad no era un factor que podía negociar porque está cumpliendo condena por otra causa, decide arrepentirse. Y decide colaborar con la Justicia después de estar más de tres años detenido. Es una claro ejemplo de alguien que fue a colaborar sin buscar su excarcelación inmediatamente.

LM: Lo de Manzanares fue similar porque estaba detenido en otra causa. Él se arrepiente en la causa Cuadernos, no así en la causa que lo tenía detenido (Los Sauces).

LS: Es una pregunta recurrente. Y está planteada en el capítulo en el que entrevistamos al fiscal Carlos Stornelli. Él plantea que si hay una cuestión psicológica en la persona detenida, que se siente presionada, es algo que lo excede. El asunto es que claramente si yo detengo a una persona, lo primero que puede pensar es cómo obtener la libertad. Entonces me parece que hay varias instancias para reflexionar.

-Muchos especialistas en su momento señalaron que los empresarios son personas que no suelen estar acostumbradas a estar en un calabozo, entonces...

LS: Hay una voz interesante que es la de una empresario que decidió no arrepentirse, Gerardo Ferreyra, el dueño de Electroingeniería.

LM: Hay que decir que Ferreyra no era la primera vez que estaba detenido, él ya sabía lo que es estar dentro de una cárcel, porque en los 70 había pasado un tiempo detenido.

LS: De todos modos, nadie elige estar tras las rejas. Lo interesante de cada uno de estos perfiles es que a través de sus historias haya una instancia de análisis y de preguntas que posiblemente no tengan una única respuesta. Seguramente van a tener una respuesta desde el lugar donde cada uno se para a analizar la situación.

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-En el libro uno de los entrevistados plantea que la palabra arrepentido tiene una connotación moral. ¿Ustedes sintieron que se arrepintieron o solo confesaron para mejorar su situación?

LM: Tenés de todo. Tenés un caso, que obviamente buscó mejorar su situación, pero desde lo espiritual también hubo un arrepentimiento: el de Enrique Piana, de la Mafia del Oro. Era una persona que en los 90 gozaba de todos los privilegios, un empresario multimillonario, dueño de Casa Piana, que era una de las empresas de medallas más conocida de Argentina, y empezó en el negocio del oro con las declaraciones anticipadas de importación. Supo hacer de su empresa un emporio que le permitió después defraudar el Estado. Ese hombre se termina quebrando porque el mandato que la había dejado su padre era cuidar la empresa. Él literalmente nos dijo: “La hice mierda”. Hoy ves la vida que tiene y es un hombre que vive en una isla en España.

LS: Que se dedica al arte colaborativo. Pero estuvo siete años presos en Estados Unidos. En siete prisiones diferentes. También fue un arrepentido allí, bajo la ley de Estados Unidos. Yo creo que hay de todo. Hay casos donde ves un arrepentimiento interno y hay muchos casos en los que fue una cuestión más operativa. Fue más calculado, sobre todo en el caso de los empresarios, son muy pocos en los que ves que hay una cuestión moral. Si hay un común denominador en todos es dónde tuvieron que confesarse primero: antes de ir a la Justicia tuvieron que confesarse en sus círculos más íntimos. Porque una vez que ponían un pie en los tribunales federales iban a ser noticia. Sus familias no podían enterarse por los medios. Para muchos la primera vergüenza por lo que habían hecho fue ante su hijos, sus esposas, sus padres. Esa fue como la primera barrera más compleja de sortear.

LM: Otro caso muy relevante fue en la causa IBM-Banco Nación. Alfredo Aldaco fue un hombre que primero confesó ante la sociedad y después ante la Justicia. No tenía Ley del Arrepentido y decidió devolver todo lo robado. Además fue una persona que se autocondenó. La pena máxima para el delito de defraudación es de seis años. Él estuvo seis años recluido en su casa.

LS: Porque lo habían excarcelado pero él no quería salir de la cárcel.

LM: Entonces, se quedó en la casa, se encerró y cuando aceptó la culpabilidad en un juicio abreviado emocionó a todos porque pidió contar que él sentía una gran pena por lo que había pasado.

LS: Me parece que el desafío de todos estos capítulos era no victimizar a ninguno de los arrepentidos, porque finalmente son personas que cometieron delitos. Y que si bien hubo una instancia que por distintos motivos en la cual ellos decidieron confesar y hacerse cargo, ninguno debía ser tomado como víctima, sino entender que fueron parte de estructuras de corrupción. Y esas estructuras de corrupción finalmente lo que generaron fueron millonarios perjuicios al Estado. Y el Estado no es solo el poder político, el Estado somos todos. Obviamente había personajes con los que te podías encariñar un poco pero tenías que tomar cierta distancia.

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-La contracara de la Ley del Arrepentido es el Sistema de Testigos Protegidos. ¿Cómo viven los testigos protegidos en Argentina?

LS: Me parece que con la creación de ese programa que viene muy de la mano de la Ley del Arrepentido se le buscó dar un poco más de estatus a este sistema. No hay muchísimos testigos protegidos, debe haber unos 200.

LM: Que con las familias terminan siendo 400, porque algunos viven con sus familias.

LS: De ese universo solo 15 son de causas de corrupción. La mayoría son en causas de trata de personas y narcotráfico. Teníamos un gran desconocimiento de cómo funciona este sistema. El Poder Ejecutivo, que tenía a cargo este programa, tiene el deber de reinsertarlos laboralmente.

-¿Salen a buscar trabajo como cualquier persona o lo provee el Estado?

LS: El programa primero determina qué tan en riesgo está esa persona. Fariña hasta hace poco era un imputado protegido, pero sin embargo lo veías en los estudios de televisión. No así Oscar Centeno, el ex chofer de Roberto Baratta, que nadie sabe dónde vive, ha cambiado su aspecto físico. Pero todavía no está en condiciones de ser reinsertado laboralmente porque consideran que es un testigo de alto riesgo.

-¿Lo solventa el Estado?

LS: Lo solventa el Estado, le dan una vivienda. Igualmente la solvencia económica es muy acotada. Esos son dos ejemplos concretos.

LM: No les permiten usar las redes sociales, no llevan una vida normal.

LS: Es una suerte de prisión con ciertas libertades. Los que son de alto riesgo están absolutamente restringidos. No pueden usar redes sociales, no pueden usar cualquier navegador, no pueden usar líneas celulares o mandar WhatsApp cuando quieren. Hay lugares a los que pueden ir y otros a los que no. Por ejemplo, Fariña tenía como una lista de restaurantes a los que podía ir. Y a determinada hora de la noche ya no podía salir. Te llaman aleatoriamente para saber si estás bien y cómo estás. De hecho, hay casos donde los han sacado de sus provincias, algunos han solicitado cambios de identidad, otro modifican cuestiones de su aspecto físico. Las personas que dieron estos pasos ya no son las mismas, esto también era interesante de indagar. Cómo viven hoy, cómo les cambió la vida.

-¿Los últimos arrepentidos tenían miedo al cambio de gobierno?

LM: Si. Manzanares fue uno que manifestó estar preocupado por el cambio de gestión. Él decía: “Los que me tienen que cuidar son los que yo denuncié”. Igualmente él se volvió a sur y no quiso estar más en el sistema de protección de testigos. Una vez nos dijo que cuando se apagan las luces se siente desprotegido. Fariña también.

LS: José López y Centeno, tanto después de las PASO como de las elecciones generales, llamaron a Comodoro Py para preguntar qué iba a pasar con ellos. Manzanares era el contador de la electa vicepresidente, José López era su secretario de Obras Públicas. Cuando empezamos a trabajar en el libro faltaban meses para las PASO y ya había una inquietud. Imaginate después del 27 de octubre.

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