Pierre Henri Guignard llegó a Buenos Aires a mediados de 2016. Le tocó recibir a su presidente Emmanuel Macron durante la reunión del G20 en un año que estuvo sembrado de encuentros preparativos de esa convocatoria mundial que tuvo lugar a fines del año pasado. En el fin de su período en Argentina, se acaba de concretar la firma del acuerdo Unión Europea – Mercosur, y en razón de ciertas reticencias expresadas por algunos sectores en su país, tuvo unos últimos días muy activos en los medios para esclarecer puntos de vista y confirmar la vocación de Francia por acompañar el acuerdo.

En ocasión de una visita a Corrientes, el embajador francés, que ha incursionado en la literatura con una novela y varios ensayos, descubrió a uno de esos personajes admirables que entrelazan las historias francesa y argentina: Aimé Bompland, compañero de aventuras de Alexander Von Humboldt, y que pasó muchos años en Paraguay y Corrientes y está sepultado en Paso de los Libres. Bonpland era originario de La Rochelle, puerto ubicado en la misma región natal de Guignard (Charente). Esa coincidencia le inspiró al embajador un escrito sobre "el destino excepcional" de este "hijo de la Declaración de los Derechos del Hombre y de sus valores, admirador de Bonaparte" y "lleno de curiosidad científica, botánico y naturalista, humanista, amigo de los independentistas sudamericanos esclarecidos, prendado de los ideales de las Luces, trotamundos, fue, entre muchos otros destinos, y adelantándose al futuro, un médico sin fronteras".  

El embajador saliente de Francia, que será sucedido por una embajadora –por primera vez, una mujer representará a ese país en Argentina-, fue también uno de los poquísimos varones en integrar la asociación de mujeres franco argentinas Marianne, una entidad nacida bajo patrocinio de la Embajada cuya misión es contribuir a profundizar los lazos entre ambos países a través de una red de mujeres influyentes en sus campos de actividad.

En esta entrevista con Infobae, Guignard enumera los momentos más intensos de su misión, las cosas que extrañará de nuestro país y sus expectativas futuras respecto a la relación bilateral. 

"Quisiera que los jóvenes argentinos tengan las mismas ganas de Francia que sus antecesores", afirma, a la vez que destaca el interés de nuestros compatriotas por lo que acontece en su país, especialmente por su cultura. Y un dato poco destacado: la Argentina ha sido uno de los principales destinos de la emigración francesa. 

— ¿Cuál fue el momento más intenso de su gestión, en estos tres años en Argentina?

— Varios. El más intenso probablemente fue la culminación de la preparación del G20 y la visita que hicieron el presidente Emmanuel Macron y su esposa Brigitte acá en la Argentina que permitió confirmar la buena sintonía que hubo entre ambos presidentes a principios del año 2018, cuando se reunieron en el Palacio del Elíseo y que permitió que la relación entre ambos países llegara a una nueva dimensión. La visita de Macron fue la primera a América Latina, así que marcó un momento importante para este país. Y lo hemos acompañado en su contacto con Argentina a través de la cultura, en particular de la literatura, con su visita a la Fundación Borges. Después con un recorrido por la historia, caminando por la Plaza de Mayo hasta llegar caminando a la Casa Rosada, y un muy buen encuentro con su par argentino.

— Hubo otro momentos intensos, me decía…

— Sí. Otro momento emocionante fue el trabajo que hicimos con nuestros vecinos de la Villa 31 donde estamos preparando la construcción de un Centro de formación profesional para los "pibes" (sonríe) del barrio, para que puedan adquirir un oficio. Los estamos acercando a través de la cultura. Un gran fotógrafo, Reza, vino a trabajar con ellos. Le dimos una cámara a cada uno y ellos fotografiaron el barrio. Y hoy todavía en las rejas de la Embajada están las fotos de los chicos y chicas del barrio 31. 

— ¿Ese centro estará a cargo de la Embajada?

— Es un centro de formación que resulta de un trabajo conjunto entre la Embajada, la Ciudad de Buenos Aires, la Ciudad de París y el grupo francés Veolia quien lo financia. Y para hacer a la vez un trabajo de formación y un trabajo social decidimos aportar. La primera piedra se va a poner pronto. Y recibimos aquí a los chicos del barrio con su familia en una noche que fue muy bonita. Y en tercer lugar, el momento personal fuerte fue el descubrimiento del Sur del país. La Patagonia, los glaciares. Como usted sabe, he trabajado en el tema del calentamiento global, he sido secretario general de la COP21, la cumbre del clima en París, antes de venir a Argentina y el hecho de estar frente a las zonas más frágiles, más vulnerables, fue muy importante para mí. Además es una belleza natural extraordinaria. Es muy emocionante.

— ¿Se sorprendió el presidente francés ante el recibimiento de los argentinos? ¿Le llamó la atención? 

— Sí, y fue un momento muy grato porque en París, en el mismo momento, había tensión en las calles, los llamados chalecos amarillos estaban muy duros, especialmente mientras Macron estaba aquí, atacando el Arco del Triunfo. Cuando empezó su visita, la gente se enteró de que estaba en la librería El Ateneo y se congregó allí esperándolo y fue recibido en la calle, en esa mañana de sol… era un momento de alegría muy genuino, muy agradable. Y mi esposa acompañó a Brigitte Macron a varios lugares de la ciudad y en todas partes la detenían para saludarla. Ellos se sintieron muy a gusto y muy acordes con esa cultura latinoamericana y argentina en particular. Cuando el presidente discutió con los autores que habíamos reunido en El Ateneo me di cuenta de que había leído, pero no solamente fichas que le habían preparado, sino que había leído Borges, tenía una comprensión y un conocimiento de su obra, de su filosofía, que realmente hizo que su interés por el país fue fuerte.

— Usted también ha incursionado en la literatura. ¿Conocía la literatura argentina antes de venir?

— Bueno, sí, gracias por eso de la incursión en la literatura; yo me siento más como "el escribidor" de Mario Vargas Llosa que como un escritor por el momento. Pero me divierto. Y efectivamente tengo a veces esas ganas de escribir. Lo hago en gran parte por la literatura latinoamericana, que conozco. Mi primer puesto en el continente fue en Lima, siendo muy joven, era asistente del agregado cultural allá, y por pura casualidad a los pocos días de haber llegado a Lima me encontré en el despacho de Mario Vargas Llosa discutiendo con él rodeado por sus libros preparando un programa de radio que estábamos haciendo con él. Ese no era mi primer encuentro con la literatura latinoamericana; en Brasil, apenas saliendo de la adolescencia, descubrí a Jorge Amado, y he leído casi toda su obra. Después los grandes escritores latinoamericanos incluyendo Borges por supuesto, Carlos Fuentes, y por supuesto, Cien años de soledad que fue publicado… ¿en qué año? a fines de los 60. Llegué pocos años después a América Latina y me abalancé sobre esto y traté de absorber toda esa literatura latinoamericana que me ha marcado mucho.

— Usted tiene la particularidad de ser uno de los pocos, si no el único, socio varón de una asociación de mujeres. ¿Cómo se explica eso?

— Por convicción, sencillamente. Desde siempre tengo la voluntad de ayudar en el tema de la integración de las mujeres. Quizás porque he sentido que a través de mis responsabilidades profesionales era uno de los temas en el que podía ayudar más. Puedo sentirme desafiado por la hambruna en África pero estando aquí puedo enviar un cheque de vez en cuando a alguna asociación, pero no puedo ayudar directamente a su resolución, En cambio, a través de mi compromiso profesional y personal puedo hacer una diferencia en el tema de la equidad de género. Y desde que asumí las funciones de embajador he tenido mucho cuidado en poner todo mi poder, que no es total, no es enorme…

— No es absoluto… 

— No es absoluto, por lejos, pero cada vez que podía lograr la paridad, el respeto, etcétera… Por ejemplo, en la COP21, que mencioné antes, formé un equipo con paridad, incluso con más mujeres que hombres. Y llegando aquí descubrí la Asociación Marianne, creada por mis predecesores, para facilitar a través de los negocios y en particular la participación de las mujeres en los negocios las relaciones entre ambos países. Descubrí ahí grupos de argentinas y franco-argentinas muy comprometidas con este país y me ayudaron a descubrir el país, así que me identifiqué mucho con ellas. En el momento que llegué que estábamos en pleno Ni Una Menos en este país. Las mujeres estaban protestando en la calle contra la violencia doméstica y demás. Entonces me identifiqué mucho con esto y tanto en la Embajada como fuera de la Embajada he trabajado con ellas, incluso en una política que fue seguida por todos mis colegas de la Embajada que es la de nunca participar en eventos donde no haya una participación del otro género. O sea, no podemos imponer la paridad en todos los eventos, pero no participamos ni organizamos eventos públicos que no participen mujeres.

— "Nunca sin ellas", es el lema.

— Nunca sin ellas. Jamais sans elles (en francés). Una vez me encontré aquí en un salón de la Embajada y me di cuenta que en el panel éramos puros hombres. Una vez en tres años. Entonces pedí disculpas a las señoras que estaban en la sala. 

— ¿Pagó una multa?

— (risas) Pagué la multa, me golpeé el pecho, y no volvió a pasar.

El Embajador Guignard, rodeado por las integrantes de la Asociación Marianne
El Embajador Guignard, rodeado por las integrantes de la Asociación Marianne

— Se suele decir que la Argentina no parece Latinoamérica, que es un híbrido. ¿Usted, que ha vivido en otros países del continente, comparte esa visión? 

— No, los veo como latinoamericanos. Cuando recibo a los nuevos colegas que llegan de Francia, les recomiendo que no se dejen engañar por el aire europeo de las fachadas de Buenos Aires. Algunas calles de esta ciudad, más que otras de América Latina, puede hacer pensar que uno está en Nápoles, en Madrid o en París. Y ese lado europeo es evidente y real. Sin embargo, después de tres años aquí y muchísimos más en América Latina, siento que sigue siendo un país profundamente americano, que juega en el marco de lo que los norteamericanos llaman el hemisferio. Sí, es un país profundamente americano. Los argentinos tienen una visión del mundo que se distingue de la europea. Compartimos valores, o sea, la idea de familia es profunda, pero me llama mucho la atención escuchar a argentinos decir "somos todos europeos"… es dejar de lado toda una parte de la población del país que hemos descubierto en nuestros viajes al Noroeste y Noreste del país, o en el Sur, donde efectivamente hay argentinos que no tienen nada de europeos. Esos argentinos que ocupaban estas tierras originalmente han marcado también este país. El país se hizo a través de una convivencia entre sus grupos. Así que sí, quizás sea el más europeo de los países americanos, pero es un país americano. 

— ¿Cómo fue su vínculo con la comunidad francesa en Argentina? 

— En las listas del Consulado tenemos alrededor de 13.000 franceses viviendo aquí, muchos de ellos binacionales. No hay que olvidar que hubo una fuerte inmigración francesa a la Argentina a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Llegaron aquí más de 300.000 franceses. Hasta la fecha es el destino de mayor emigración francesa a un solo país. No cuento lo que en su tiempo era el Imperio, las colonias francesas: Argelia, por ejemplo, tuvo muchos más, pero en aquel tiempo no era ir al exterior… 

— Era parte de Francia.

— Sí, pero para un país independiente esos 300.000 fueron el grupo de emigrados más importante en todo el resto del mundo. Actualmente, un 15 por ciento de los argentinos tiene de una manera u otra raíces francesas. A menudo me cruzo con argentinos, "ah, mi abuela era francesa", "Ah, muy bien, ¿de dónde venía?", "No, no sé muy bien pero…" O sea hay algo profundo que nos acerca y al mismo tiempo ya se ha disuelto un poco porque se integraron perfectamente.

— ¿La comunidad francesa es activa, participa o está muy dispersa?

— Es una comunidad bastante unida, bastante binacional, muy organizada primero alrededor del Liceo Francés; diría que es el pilar de la comunidad francesa aquí, donde estudian incluso más argentinos que franceses, pero es el centro, el corazón de nuestra comunidad. También están las empresas francesas presentes en la Argentina, son 260 empresas que generan alrededor de 60.000 empleos y representan otro de los pilares de nuestra presencia en la Argentina. Otro pilar es cultural, con el Liceo, con las cincuenta y cuatro Alianzas Francesas en el territorio argentino que permiten un acercamiento fuerte entre ambas culturas. Y una gran adhesión de los argentinos a toda nuestra actividad cultural, sea la que sea, la gente viene, participa. Este año tuvimos un poquito menos de participantes en la Noche de la Filosofía, quizás porque es un año electoral, pero el año pasado hubo 42.000 personas en una noche en el CCK. Y la Noche de las Ideas genera mucha atracción, las exposiciones en los museos también. Así que la presencia francesa en este país es fuerte a pesar de la distancia.

— Usted va a ser sucedido por una mujer, ¿eso es casualidad o política?

No, no, la diplomacia francesa nunca funciona por casualidad. Primero, mi sucesora es conocedora del país porque ha sido primera consejera de la Embajada hace algunos años así que hemos escogido alguien que habla el idioma y que conoce el país. Y, segundo, sí hay una voluntad de integrar a las mujeres en el cuerpo diplomático con la intención de llegar a la paridad lo más pronto posible.  

Último discurso del 14 de Julio para Pierre Guignard en la Embajada de Francia en Argentina (Adrián Escandar)
Último discurso del 14 de Julio para Pierre Guignard en la Embajada de Francia en Argentina (Adrián Escandar)

— Yendo a un plano más personal, cuando deje la Argentina, ¿va a extrañar algo?

— Muchas cosas. Lo que no voy a extrañar, porque me lo llevo, es el mate; me he acostumbrado así que podré seguir cebando mate regularmente, de vez en cuando, encontraré la manera de surtirme. Me va a faltar la Ciudad de Buenos Aires, ese bullicio cultural, para quienes tenemos la fortuna de poder disfrutarlo plenamente, la Ciudad de Buenos Aires es magnífica, ofrece mucho. Y el Sur del país, la estepa patagónica que he visitado varias veces, muchas veces, y que me ha gustado tanto. Esos paisajes que realmente no he encontrado en otras partes y esos lugares perdidos en la estepa patagónica. Recuerdo un domingo a la tarde en Tolhuin, en ese lugar casi desértico, encontrar a toda la población en la panadería, porque los domingos por la tarde es el único lugar donde la gente se encuentra. Pasar un momento en ese ámbito, frío afuera, caliente adentro, de gente que se conoce, casi familiar, y estar en el fin del mundo y al mismo tiempo con una vida de pueblo, en un ambiente probablemente un poco difícil para vivir. Eso sí lo voy a extrañar mucho porque está muy vinculado para mí con la Argentina. Y lo extraordinario es que colinda con los Andes majestuosos. Uno se siente diminuto frente a eso. Disfrutar esos paisajes es algo que realmente voy a extrañar. 

—  En un tiempo los argentinos fuimos mucho más francófilos que en estos tiempos globalizados, pero en general el argentino está interesado en lo que pasa en el mundo. ¿Le parece que los argentinos están bien informados de lo que sucede en Francia?

— Sí, la verdad sí. Me llama mucho la atención la cobertura de la actualidad francesa en los medios argentinos. Los corresponsales argentinos en París hacen un excelente trabajo y quien lee un poco la prensa escrita, o se informa a través de las redes sociales, puede estar perfectamente informado de lo que está pasando en Francia. Cuando se trata de asuntos culturales, me llama la atención por ejemplo que el último libro de Michel Houellebecq esté primero en ventas al mismo tiempo en París y en Buenos Aires. Es un poco el resultado de nuestro trabajo. No sé si lo sabe, pero la Embajada tiene un programa de asistencia a la publicación desde hace 30 años -no es mérito mío- traducimos y ayudamos a la publicación de treinta libros franceses por año en Argentina. Es mucho. Entonces, cuando Serotonina de Houellebecq salió allá, al mismo tiempo estaba en venta aquí. En los diarios del fin de semana, ¡cuántas veces veo páginas sobre la actualidad intelectual francesa, el debate de ideas entre nuestros países! Así que sí, creo que los argentinos están interesados. Regreso a una pregunta anterior: lo que yo quisiera también es que los jóvenes argentinos encuentren interés en nuestro país. Por eso estamos tratando, a través de la educación, de hacerlos compatibles de cierta manera para que, como ha sido el caso en el pasado, los jóvenes argentinos sigan yendo a la universidad en Francia a hacer estudios de grado y posgrado; que continúen eligiendo a la universidad francesa como puerta de entrada a la Unión Europea.

— ¿Qué le gustaría que suceda hacia el futuro en la relación entre Argentina y Francia?

Primero, quisiera que la relación fortalecida a través del buen entendimiento entre Mauricio Macri y Emmanuel Macron pase a ser un poco más institucional. Que pase del aspecto personal entre quien presidió el G20 en algún momento y quien preside el G7 hoy, a algo un poco más institucional. Era la intención que teníamos con la visita que Mauricio Macri iba a hacer a París en abril pasado y que no se pudo realizar. Quisiera que haya intercambios un poco más intensos entre ambos países, pero la distancia lo hace complicado. Quisiera que los jóvenes argentinos tengan las mismas ganas de Francia que sus antecesores. Que tengan ganas de ir hacia un país en bloque que es la Unión Europea, viniendo de un país en bloque que es el Mercosur, que coinciden en valores. Quisiera que esa comunión de valores entre nuestros países se imponga como una referencia para un mundo más abierto. El hecho de que acabemos de firmar por fin después de 20 años de negociación el acuerdo Unión Europea-Mercosur va en esa dirección. Por supuesto que genera miedos en todas partes, nuestros agricultores, como los irlandeses o los españoles, temen la competencia de los productos de aquí. Aquí, la industria también está preocupada por la industria europea. Yo creo que el acuerdo contempla la necesidad de un acuerdo equitativo donde no haya perdedores ni ganadores sino al contrario un conjunto que muestra que el mundo se beneficia de los intercambios, los cuales son y deben seguir siendo un factor de crecimiento. Entonces ojalá Argentina y Francia, cada uno en su bloque, sean los países que nos lleven a esto. Es lo que me gustaría para el futuro de nuestros dos países.

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