
La Legislatura porteña avanzó en la reforma de los códigos de Planeamiento Urbano y de Edificación. Se trata de las normas que dan forma a la ciudad y que el Poder Ejecutivo local quiere modificar para, según su argumentación, hacer más denso el distrito, eliminar los usos como parámetros de construcción y desarrollar zonas en el sur del territorio porteño.
Aunque la oposición se manifestó contraria a varios puntos de ambas propuestas, los votos propios de Vamos Juntos alcanzaron para aprobar la primera lectura del plan que ahora deberá ser discutido en audiencia pública en poco más de un mes. Ambas iniciativas fueron aprobadas por 34 votos del oficialismo; hubo 20 votos negativos y 6 abstenciones.
El proyecto que obtuvo media sanción define las alturas de la siguiente forma: grandes corredores como la Avenida del Libertador podrán construir hasta 38 metros; en otras avenidas, 31 metros (PB y 9 pisos) o 22 metros (PB y 6 pisos), calles y algunos tramos de avenidas, 16,5 metros (PB y 4 pisos) y calles y pasajes 10,5 metros o 9 metros (PB y dos pisos). También cambia la superficie mínima de las viviendas: de los 27 metros cuadrados actuales, pasa a 18 metros cuadrados, sin contar el baño.
El nuevo código también permitirá que en algunos lugares las alturas se igualen, lo que significará una ganancia para los desarrolladores. Un ejemplo son las esquinas, que hoy son más bajas que el resto de la cuadra por el tamaño del terreno. En ese sentido, el proyecto que llegó al recinto cuenta con seis tipos de enrases (como se denomina a la posibilidad de sumar construcción, según las alturas que rodean a la casa o el edificio). Para los barrios más bajos, solo quedaron dos tipos de estos enrases, aunque en la Legislatura no descartaban que esto se modifique.

Roy Cortina, presidente del bloque socialista, se manifestó en contra de la reforma de la normativa: "Poner un límite a la altura de las torres y achicar ambientes no alcanza para revertir un modelo de desarrollo urbano que pone a los intereses inmobiliarios por encima de la calidad de vida y el bienestar de la ciudadanía". Según el legislador, "la propuesta del Poder Ejecutivo promueve la edificación indiscriminada sin un plan integral, ignorando el impacto que puede tener sobre la infraestructura, la identidad y las necesidades de barrios que son residenciales y, en algunos casos, saturados de gente".
También se votó la reforma del Código de Edificación. Una de las novedades es que se agregó un anexo hídrico que tiene en cuenta las nuevas edificaciones que se desarrollen sobre alguna de las cuencas de los arroyos que atraviesan la ciudad. Es que la mayor amenaza para Buenos Aires son las lluvias extremas y las olas de calor, dos de los impactos del cambio climático.
Las indicaciones concretas de qué tipo de medidas tomar en materia de prevención de riesgo hídrico y como parte del compromiso ambiental podrán ser desde sistemas de recolección y reuso del agua de lluvia para riego o limpieza, de retardo de su escurrimiento a los conductos pluviales a través de tanques de acopio o reserva y de instalación de techos verdes y superficies absorbentes, con el objetivo de mitigar la posibilidad de sufrir inundaciones. Sin embargo, las medidas serán definidas por el órgano de aplicación.
El bloque peronista también manifestó sus diferencias con el proyecto oficial: "Seguimos sin entender cuál es el beneficio al buen vivir de una vivienda de 18 metros cuadrados cuando el vigente son 27 metros cuadrados. En materia de renovables tampoco se especifica ni el porcentaje que será exigido, ni el beneficio que significará para la construcción. Respecto del código de planeamiento creemos que, en términos de densificación, el código actual ya permite que 3 millones de personas más vivan en la ciudad", indicó la legisladora María Rosa Muiños.
Por su parte, Maximiliano Ferraro, vicepresidente primero del Bloque Vamos Juntos, sostuvo: "El objetivo principal de lo que debatimos hoy es que a través de un debate político-filosófico que se expresa en los lineamientos de un código urbanístico se puedan establecer en la coincidencia y no coincidencia entre los distintos bloques parlamentarios una clara política pública y de Estado para poder proyectar qué tipo de ciudad queremos para los próximos 50 años", dijo Ferraro.
"Pretendemos que ese modelo en torno al desarrollo urbano esté atado a mejorar la calidad de vida de los porteños, que logre garantizar espacios públicos mucho más inclusivos, sustentables, promoviendo la educación, la cultura, la diversidad, el disfrute y el encuentro con el otro", agregó.
Según el oficialismo esta versión del código de planeamiento es la número 12 ya que ha ido sufriendo cambios a medida que era presentada ante vecinos y actores sociales y profesionales. En la oposición señalaron que "recién ahora hay un punto de partida, ya que no queda claro qué versión analizó cada uno".
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