El inesperado debate entre Lavagna y Monzó por el modelo de Cambiemos

La edición N°14 del informe estratégico “Calíbar el rastreador” publicó un artículo sobre la sustentabilidad del modelo político y económico de la alianza de gobierno

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El ex ministro de Economía,
El ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, y Emilio Monzó, principal exponente de Cambiemos y presidente de la Cámara de Diputados

A pocos días de iniciarse el encuentro de la cúpula de Cambiemos en Chapadmalal, Roberto Lavagna y Emilio Monzó lanzaron sendas declaraciones que ponen en duda la sustentabilidad del modelo económico y del modelo político de la alianza de gobierno, y solicitaron cambios. Destacadas fuentes del oficialismo aseguran que nada cambiará y que Macri ratificará el rumbo y el equipo de gobierno, seguro de que ganará las elecciones en 2017.

En menos de 72 horas sendas declaraciones públicas abrieron la polémica sobre la sustentabilidad del modelo político y económico del macrismo. En efecto, el economía Roberto Lavagna acaba de sostener que el actual modelo económico "lleva al colapso", y el diputado Emilio Monzó puso en duda la continuidad de Cambiemos como espacio político, a la vez que abogó por la incorporación de figuras del peronismo a la alianza gubernamental.

Estas afirmaciones no hubieran tenido la trascendencia que tuvieron si no fuera por la relevancia de sus emisores: Lavagna, ex ministro de economía e integrante del Frente Renovador que conduce Sergio Massa, aliado circunstancial del gobierno y facilitador de la sanción de muchos de los proyectos de ley del oficialismo, y Monzó, principal exponente de la coalición de gobierno y presidente de la Cámara de Diputados de la Nación.

El oficialismo salió a responderle a Lavagna con los tapones de punta, incluso lo comparó con Hebe de Bonafini. Monzó tuvo una reprimenda más acotada, tan solo le advirtieron que los trapitos no hay que lavarlos al sol.

Más allá del anecdotario, lo interesante de estas afirmaciones es que aparecen a pocas semanas del primer aniversario de la llegada al poder de Cambiemos, y a días del anunciado "retiro espiritual" de las principales figuras del oficialismo, que será presidido por el presidente Macri, y que tendrá lugar en Chapadmalal a comienzo de diciembre.

Ambos anunciantes tienen sobrada experiencia y saben que para lograr la atención de Macri y de la cúpula de Cambiemos sus declaraciones deben hacerse públicas, a viva voz. Eso es lo que han hecho.

A pesar de la novedad y de la oportunidad de las dos declaraciones públicas, los teoremas lanzados por Lavagna y Monzó no son nuevos.

En efecto. La discusión acerca de la sustentabilidad de un modelo económico basado en atraso cambiario, altas tasas de interés y aumento del déficit financiado con creciente presión tributaria y endeudamiento, y en un contexto de estanflación tiene, en nuestro país, una larga trayectoria, y muchos ejemplos históricos con resultados conocidos.

Por su parte, la posibilidad de incorporar al peronismo en la coalición de gobierno fue un divisor de aguas en el macrismo ya desde el año pasado, cuando Monzó y otros dirigentes de ese espacio se enfrentaron con Jaime Duran Barba y Marcos Peña. Finalmente se impuso la tesis de estos últimos, avalada por Macri, en el sentido de llevar a las elecciones presidenciales de octubre de 2015 una oferta nueva, diferente y "pura", es decir, sin peronistas que, por otra parte, fueron presentados en la campaña como lo viejo y lo fracasado.

Los resultados electorales le dieron la razón al tándem Durán Barba-Peña. Sin embargo, ahora Monzó pareciera advertir (y advertirles) que lo que pudo ser válido para una elección puede resultar insuficiente cuando se gobierna en minoría o, incluso, para asegurar la permanencia de Cambiemos como proyecto político exitoso.

Estas declaraciones son producto de las dificultades que encuentra el gobierno de salir de la recesión económica y de seguir sumando el apoyo (como hasta ahora) de parte del peronismo a sus iniciativas, pero, también, es el resultado de algunas tensiones crecientes al interior de Cambiemos y entre el oficialismo y sus aliados circunstanciales, en especial el Frente Renovador.

En este sentido, las fuentes del oficialismo consultadas informan que, por primera vez en casi doce meses de gestión, algunas voces destacadas de la coalición se interrogan acerca de si el gobierno está haciendo bien las cosas o si, por el contrario, es tiempo de discutir un cambio de rumbo, teniendo en cuenta que cuanto antes se lo implemente mejor se llegará a las elecciones del año próximo.

Otras fuentes gubernamentales, por el contrario, sostienen que Macri de ninguna manera modificará el rumbo, sencillamente porque considera que tiene resto más que suficiente para imponerse cómodamente en las elecciones de octubre de 2017.

En la misma línea, las expectativas sobre el resultado de la próxima reunión en Chapadmalal son coincidentes: Macri aprovechará el encuentro para confirmar el rumbo y relanzar la gestión. No se discutirá el modelo, no habrá cambios de ministros, aunque sí de segundas líneas.

Los memoriosos del gobierno recuerdan que Macri es renuente a hacer cambios, tanto de políticas como de equipos, como lo demostró cuando estuvo al frente del gobierno de la ciudad de Buenos Aires. "Por qué debería hacerlo ahora", concluyen las mismas fuentes.

De confirmarse la hipótesis de que Macri redoblará la apuesta sin cambios, quedará postergada para el 2018 la verificación de la sustentabilidad del modelo de gobierno de Cambiemos; solo una derrota del oficialismo en las próximas elecciones obligará, inesperadamente, a replantear el tema por anticipado.

Vidal define la estrategia para las elecciones de octubre de 2017

Faltan 11 meses para las elecciones intermedias. Vidal se pondrá al frente de la lista de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires buscando polarizar con el filo-kirchnerismo. De esta manera, el gobierno quiere evitar plebiscitar la gestión, intentando reducir la elección a la competencia entre dos opciones: la de Cambiemos, identificada con el futuro, la esperanza y el cambio, y una kirchnerista, asociada al pasado y al fracaso. De tener éxito, esta estrategia de polarización podría relegar al tercer puesto a la oferta de Sergio Massa, con lo cual se repetiría el resultado de las últimas elecciones nacionales. Esta estrategia del Gobierno choca contra la muy buena imagen que reúnen Massa y Stolbizer, y el problema de la inseguridad, que está al tope de las preocupaciones de los bonaerenses.

Según una encuesta de octubre de 2016 de Aragón y Asociados, en la provincia de Buenos Aires la gestión de María Eugenia Vidal sigue siendo buena para el 50,1 % de la población y muy buena para el 15,5 %. La cifra de aprobación trepa al 65 %. Si comparamos con la gestión de Mauricio Macri, la respuesta "buena" ascendió al 40,1% mientras que la "muy buena" marcó un 9,7 %; sumadas ambas tendencias dan un 49,8% de valoraciones positivas. Lentamente, desde el inicio de la gestión de Cambiemos, la imagen positiva de la gobernadora se ha ido posicionando en un escalón más alto que la del gobierno nacional.

Los valores más altos de aprobación Vidal los tiene en los sectores de nivel socioeconómico (NSE) bajo, las mujeres y en el segmento de 36 a 55 años. Por otro lado, Macri encuentra sus mejores números de aprobación entre los NSE medios, las mujeres y los que tienen entre 36 y 55 años. La gobernadora tiene una mayor llegada al sector social bajo que caracteriza mucho más al Justicialismo que a Cambiemos.

Si indagamos acerca de los mayores problemas, el 55,2% de los bonaerenses ubicó a la inseguridad como principal preocupación, seguida por el 11,4% de la desocupación, el 10,3% de la corrupción, el cuarto puesto con un 9,8% para la inflación, terminando en el quinto puesto para la educación con un 5,7%.

Si analizamos la evolución de la inseguridad como preocupación, constatamos que fue creciente, con un 44,9% en agosto, un 45,6% en septiembre y finalizando en octubre con un 55,2% octubre. Los más preocupados son los sectores bajos, las mujeres y la población de más de 55 años.

La gobernadora Vidal sabe que su fortaleza está representada, en parte, por los números que acabamos de comentar. Ella es percibida por sus electores como una líder nueva, alejada de la política tradicional, sin ataduras y sin compromisos con intereses creados, y con coraje para dar la batalla al delito y a la corrupción. Las expectativas son altas y se mantienen, y es allí donde reside su mayor activo.

Con esta información de base, la estrategia que pergeñó Vidal para imponerse en las elecciones de 2017 se desarrolla en los siguientes cinco vectores: 1) un amplio plan de obra pública, en especial en el conurbano bonaerense, 2) división del peronismo (con nuevas incorporaciones al gobierno provincial de exponentes de esa fuerza política), 3) polarización entre candidatos propios y los candidatos del kircherismo, 4) oferta de algunos candidatos conocidos junto con muchos nuevos en las listas de Cambiemos y 5) liderazgo de Vidal en la campaña, en primera persona, buscando el efecto arrastre para sus candidatos.

A pesar de la opinión de Macri y Vidal, crecen las chances de Lilita Carrió de encabezar la lista de senadores nacionales por Cambiemos, y decrecen las posibilidades de Jorge Macri (enfrentado a Carrió) y de Facundo Manes (que no decidió si correrá para senador o diputado). De todas formas, Carrió no definió aún si competirá en la provincia o en la ciudad de Buenos Aires.

Enfrente, Sergio Massa encabeza las preferencias de imagen e intención de voto en la provincia de Buenos Aires, seguido por Elisa Carrió y Margarita Stolbizer en el segundo lugar. Mucho más lejos le siguen Jorge Macri y Florencio Randazzo.

Esta situación terminó por definir una estrategia oficialista centrada en la polarización: Macri y Vidal orientarán sus respectivas campañas electorales a sostener la necesidad de la continuidad para realizar los cambios prometidos. Para ello, buscarán polarizar con una oferta filo kirchnerista, que pueda ser presentada como parte del pasado fracasado. Es decir, no se buscará plebiscitar la gestión sino solicitar el voto apelando a las expectativas y al futuro.

En este sentido, el gobierno considera que en las elecciones de octubre de 2017 deberá debatirse si el país quiere volver al pasado o si se consolida la opción de futuro que Cambiemos representa. Para ello, requiere imperiosamente que compita una opción kircherista: además de garantizar el triunfo de Cambiemos, relegará a un tercer puesto a Massa, como efecto de la polarización. "Debemos repetir lo que sucedió en las elecciones presidenciales de 2016", sostienen desde el gobierno.

El final está abierto.

Vinos argentinos: claves y desafíos de una industria de exportación

Francisco Lavaque se graduó de Viticultor & Enólogo en la Universidad de California en Davis, Estados Unidos. 5ta generación de la familia Lavaque como hacedores de vino en el Valle de Cafayate. Su tatarabuelo comenzó a producir vinos en 1889, iniciando una pasión que perdura hasta hoy. Luego de modernizar los vinos de la familia con la marca QUARA, Francisco comenzó un nuevo proyecto junto a otros dos enólogos: Hugh Ryman y Marcelo Pelleriti. Con la nueva línea de vinos VALLISTO y el ya histórico vino FÉLIX, Francisco se propuso desarrollar uno de los mejores viñedos del mundo para producir vinos de lujo. Aquí, su testimonio.

En el año 2006, lo primero que hicimos con mis socios fue elegir el terreno en un lugar aislado a 2.000 metros sobre el nivel del mar, con clima hostil de gran amplitud térmica. El lugar justo fue sobre la ladera Oeste del Valle de Cafayate, Salta. Luego seleccionamos el material de Malbec que plantaríamos para en cuatro años cosechar los primeros racimos, que nunca son los mejores. Después de cuatro cosechas mas, pasados ocho años, la vid comienza a dar la calidad que buscamos. Permanentemente trabajamos el viñedo buscando su equilibrio para tener fruta concentrada, monitoreando el perfil de su sabor a través del punto justo de madurez. Elaboramos cuidadosamente el vino para esperarlo uno o dos años en barricas de roble francés, luego a la botella y a estibarlo al menos un año mas.

Recuerdo el orgullo y la satisfacción que experimentamos al lograr la primer partida de vinos del proyecto, lista para presentarla al mundo. Uno de los socios, el mas experimentado, dijo: "Ya terminamos con la parte fácil, ahora hay que vender".

Hacer un gran vino requiere de tiempo, un alto nivel de sofisticación, años de experiencia, visión de largo plazo y un poco de suerte. La Argentina no es un país del montón en este negocio. Somos los quintos productores mundiales en volumen y referente mundial de un varietal reconocido en todos los mercados internacionales, nuestro flamante Malbec.

Las primeras vides conocidas en la Argentina las trajeron los Jesuitas en el siglo XVI. La uva que cultivaban era la Criolla, conocida como País en Chile y Mission en Estados Unidos. En la segunda mitad del siglo XIX, época de fuerte corriente inmigratoria hacia la Argentina, llegaron varias familias que forjaron las bases de la vitivinicultura que hoy conocemos, una de ellas fue la mía.

Estos inmigrantes buscaban climas similares a los que habían dejado en el viejo continente y fueron plantando variedades europeas a lo largo y lo ancho del país. Entre esta variedades estaban el Cabernet Sauvignon y el Malbec. Hoy existen mas de 200.000 hectáreas cultivadas con viñedos en diez provincias, un recorrido que se extiende desde los Valles Calchaquíes hasta Cuyo y, más al sur, a la Patagonia.

Nuestro país es el quinto productor mundial de vino. En el plano interno, el vino se convirtió en parte de nuestra cultura argentina: en la década de 1970 se llegó a consumir 92 litros per cápita.

A partir de entonces el consumo local comenzó a caer, cambiando de manera radical la cultura del vino. Los horarios de trabajo en los grandes centros de consumo pasaron extensos almuerzos seguidos por una siesta a jornadas de trabajo extendidas donde el almuerzo en general se desarrolla en no mas de una hora. Además, el vino fue siendo reemplazado por otras bebidas: gaseosas en lugar de vino con soda y el creciente aumento en el consumo de cerveza. En tres décadas el consumo per cápita pasó de más de 90 litros a menos de 30 litros.

Este cambio en los hábitos de consumo impulsó una etapa de innovación y transformación en la industria del vino. Varios referentes del sector propusieron un plan a largo plazo conocido como Plan Estratégico Vitivinícola Argentina 2020. En la década de 1990, favorecido por la apertura y el valor de nuestra moneda frente al dólar, fue posible importar tecnología de punta que produjo la modernización de la matriz productiva. Se reconvirtieron desde los viñedos hasta las bodegas, dejando una capacidad instalada para hacer vinos de mejor calidad, aptos para los mercados internacionales.

Hubo inversores locales y extranjeros. Parte de los inversores extranjeros fueron familias bodegueras de Francia, Italia y España. Al desarrollar sus proyectos en la Argentina no solo sumaron con sus capitales, sino también con su experiencia y visión para enriquecer la ya tradicional industria local.

La evolución también fue técnica. Se invirtió en la formación de técnicos locales y se incorporó asesoramiento de franceses, italianos y estadounidenses como, respectivamente, Michel Rolland, Alberto Antonini y Paul Hobbs, por solo mencionar algunos. Durante los últimos 30 años interactuaron viñateros locales conocedores de sus suelos y climas con asesores extranjeros que conocían los secretos de los grandes vinos de Burdeos o Napa Valley. No era cuestión de aplicar las mismas recetas europeas y estadounidenses en Cafayate (Salta) o Gualtallary (Mendoza); durante décadas de colaboración y de prueba y error la calidad nunca dejo de mejorar.

Es entonces que un varietal comenzó a destacarse, logrando el sello de identidad que puso a la Argentina en los principales mercados: el Malbec.

Uno de los principales logros del Plan Estratégico Vitivinícola fue que las bodegas salieran a buscar mercados internacionales en conjunto. En un mundo sobre ofertado con miles de diferentes etiquetas, la Argentina en bloque tuvo más fuerza para generar una categoría en las principales góndolas del mundo. Con el objetivo de utilizar una marca-país surgió Wines of Argentina (WOFA).

También fue mejorando la calidad de los vinos en el mercado interno, a pesar del estancamiento en los niveles generales de consumo. La devaluación de los primeros años del siglo XXI generó una mejora competitiva; el atractivo de nuestros vinos hizo el resto.

En 1993 había 12 bodegas exportadoras asociadas a WOFA; en 2012 sumaban 215. En estos mismos 20 años las exportaciones totales de vino (incluyendo envasado y granel) pasaron de USD 25 millones al año en 23 mercados a USD 918 millones en 126 mercados. En 1993 el 95% de la producción se destinaba a consumo interno mientras que el 5% iba a exportación; en 2012 el consumo interno representaba el 60% y las exportaciones se llevaban el 40% restante.

Total vino fraccionado en botella.
Total vino fraccionado en botella. Fuente de datos: Caucasia

Participación del Malbec en la exportación total de vinos (en USD)

Fuente: Observatorio Vitivinícola Argentino
Fuente: Observatorio Vitivinícola Argentino

Las exportaciones de vino en botella se multiplicaron mas de siete veces en el periodo 2002-2012, pasando de USD 97,6 millones al año a USD 740,6 millones por año. Dentro de este monto el Malbec representó el 50% de las exportaciones.

En los últimos tres años se freno el crecimiento de las exportaciones de vino, por el atraso cambiario y porque dejamos de ser novedad.

Abrir mercados costó mucho tiempo y esfuerzo y es importante ver mas allá de la coyuntura, defender los logros obtenidos y emprender nuevos desafíos, sin perder continuidad.

Resulta alentador que esta inquieta industria esté buscando su próximo salto. El estilo de nuestros vinos tintos fue reconocido por su potencia de color, de sabores y de estructura, lo que nos permitió ganar fama internacional. Para seguir sumar prestigio tenemos que seguir mejorando, ganar nuevos mercados y expandir los existentes. Los consumidores, cada vez más exigentes, están dispuestos a pagar precios más altos por un vino; buscan elegancia, frescura, complejidad. Lograr este cambio en el estilo de los vinos de alta gama requiere de una suma de detalles y de ir midiendo los resultados a través de la prueba y el error.

Varias bodegas tienen sus áreas experimentales enfocados en la innovación. Esta búsqueda requiere de un trabajo que combina el método científico con tareas artesanales. Para dar un pequeño salto cualitativo se manejan cientos de variables que aisladas parecen insignificante, pero en la suma nos aproximamos a la perfección. La selección de los mejores granos de uva, los minuciosos controles de temperatura en cada etapa de la elaboración y las fermentaciones en pequeñas barricas de roble francés hechas de madera seleccionada de bosques específicos, son solo algunos ejemplos. Una camada de técnicos argentinos estamos llevando adelante este proceso con prácticas innovadoras, cuyos resultados son muy alentadores.

Los vinos argentinos están cada vez más alto en los rankings internacionales. Si bien el volumen de las exportaciones sigue estancado, estoy seguro que el trabajo que se está haciendo dará sus mejores frutos, generando más valor agregado para toda la cadena desde el viñatero hasta la distribución. Este proceso se potenciará y retroalimentará de la mano de un país que está volviendo a pensar en el largo plazo.

Las contribuciones de los autores invitados no expresan necesariamente la opinión de Calibar.