Senadores y figuras políticas de la izquierda peruana saludan el triunfo de Lula da Silva como “bastión de resistencia democrática”

Representantes de Juntos por el Perú y Ahora Nación, así como Verónika Mendoza, se pronunciaron tras los resultados oficiales de la segunda vuelta electoral brasileña

Luiz Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta en Brasil con el 51,74% de los votos, frente al 48,26% de Flávio Bolsonaro, con el 97,69% de las urnas escrutada
Luiz Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta en Brasil con el 51,74% de los votos, frente al 48,26% de Flávio Bolsonaro, con el 97,69% de las urnas escrutada
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Figuras políticas de la izquierda peruana saludaron este domingo la victoria del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en la segunda vuelta de las elecciones, en la que obtuvo el 51,74 % de los votos frente al 48,26 % de Flávio Bolsonaro, según los resultados oficiales con el 97,69 % de las urnas escrutadas.

La senadora Silvana Robles, de Juntos por el Perú, afirmó en X que Brasil se reafirma como un “bastión de resistencia democrática en América Latina” frente al avance de la ultraderecha y expresó su respaldo a la “justicia social, la dignidad y la soberanía”.

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Por su parte, Ruth Luque, integrante de la bancada de Ahora Nación en la Cámara Alta, defendió una “América Latina unida, soberana y democrática, en la que los pueblos puedan decidir su propio destino”.

Mirtha Vásquez, también senadora de esa formación, calificó el triunfo de Lula como “un faro de esperanza para toda América Latina” y sostuvo que la región se enfrenta a una derecha “autoritaria y abusiva”.

La excandidata presidencial Verónika Mendoza, gobernadora electa de Cusco, agradeció al pueblo brasileño por elegir “la justicia, la igualdad, la esperanza” y llamó a fortalecer la unidad latinoamericana para defender la soberanía, la Amazonía, la paz y la vida.

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Lula
Referentes de la izquierda peruana celebraron el resultado y lo presentaron como una señal política para América Latina.

La victoria de Lula marca un precedente en la historia democrática brasileña, pues es la primera vez desde el fin de la dictadura militar (1964-1985) que un candidato que quedó en segundo lugar en la primera vuelta se impone en la segunda.

En la primera ronda, Bolsonaro aventajó al mandatario por dos puntos y 2,2 millones de votos, pero este revirtió el resultado en la segunda ronda y terminó con más de cuatro millones de votos de ventaja.

La campaña de Lula situó el temor a un nuevo Gobierno bolsonarista entre sus principales ejes de movilización, con advertencias sobre posibles retrocesos en derechos sociales, protección ambiental e instituciones democráticas ante un eventual retorno de la ultraderecha al poder.

La estrategia recordó las controversias de la gestión de Bolsonaro entre 2019 y 2022, en particular durante la pandemia de covid-19, así como las tensiones políticas que precedieron los ataques del 8 de enero de 2023 contra las sedes de los tres poderes en Brasilia.

La advertencia sobre un posible regreso de ese escenario le permitió movilizar a sectores que, aunque críticos con su gestión, consideraban que una victoria del senador podía representar un riesgo mayor.

Lula revirtió la ventaja que Bolsonaro obtuvo en la primera vuelta y se convirtió en el primer candidato, desde el fin de la dictadura, que gana el balotaje tras quedar segundo en la ronda inicial
Lula revirtió la ventaja que Bolsonaro obtuvo en la primera vuelta y se convirtió en el primer candidato, desde el fin de la dictadura, que gana el balotaje tras quedar segundo en la ronda inicial

La reivindicación de las políticas sociales fue otro de los pilares de la campaña. Lula defendió el programa de distribución de subsidios a los pobres ‘Bolsa Família’ como una herramienta para combatir la pobreza.

El antibolsonarismo reunió a sectores de izquierda, centro y parte del electorado moderado de derecha que, pese a sus diferencias con el Partido de los Trabajadores (PT), consideraban necesario impedir el regreso de la familia Bolsonaro al poder.

La remontada de Lula tuvo uno de sus principales símbolos en Minas Gerais, el segundo mayor colegio electoral de Brasil y un estado que suele reflejar las tendencias nacionales, conocido como el estado bisagra porque, desde la redemocratización, su resultado ha coincidido en numerosas ocasiones con el del ganador de la Presidencia.

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