No esperar al próximo PISA para saber qué funciona

El país había registrado avances posteriores, pero el informe plantea dificultades para mantener progresos y exige revisar las decisiones aplicadas en las escuelas frente a los factores pedagógicos, docentes y de recursos disponibles

Estudiantes sentados en carpetas escolares frente a una pizarra verde con esquemas e información escrita sobre terremotos
La prueba PISA 2025 advirtió que en Perú la clave no es solo la curiosidad de los escolares, sino cómo el sistema educativo la canaliza hacia aprendizajes relevantes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Los resultados de PISA 2025 dejan al Perú frente a una pregunta que va más allá de los puntajes. En matemática y lectura, el país volvió a niveles cercanos a los observados en 2015, después de registrar avances en los años posteriores.

El retroceso merece atención. Pero hay un problema más profundo: ¿por qué al sistema educativo peruano le cuesta sostener las mejoras cuando estas empiezan a aparecer?

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La pregunta es importante porque, ante resultados adversos, la reacción habitual suele ser anunciar nuevas medidas: cambiar programas, incorporar estrategias, capacitar docentes o modificar contenidos. Algunas de estas acciones pueden ser necesarias. El problema aparece cuando se implementan sin determinar antes qué funcionó, qué dejó de funcionar y por qué.

Ilustración en acuarela de tres estudiantes junto a libros sosteniendo un gráfico descendente con el texto PISA 2025.
Tres estudiantes observan un informe con una gráfica descendente que señala un bajo porcentaje en la prueba PISA 2025. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Perú tiene abundantes diagnósticos. PISA es uno de los más conocidos, pero no el único. El desafío está en convertir esa información en decisiones capaces de producir mejoras sostenibles.

PISA no mide cuánto contenido recuerda un estudiante. Busca conocer qué puede hacer con lo que sabe: resolver problemas, pensar críticamente y aplicar sus conocimientos a situaciones reales. Ese enfoque debería llevarnos a mirar con mayor atención lo que ocurre todos los días en las aulas.

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Los resultados educativos dependen de múltiples factores: las prácticas pedagógicas, las capacidades docentes, el acompañamiento, los recursos disponibles, las condiciones en las que aprenden los estudiantes y la capacidad del sistema para identificar tempranamente qué funciona y qué necesita corregirse. Por eso, difícilmente una sola intervención resolverá un problema de esta complejidad.

Estudiantes sentados de espaldas en un aula escuchan a una profesora junto a una pizarra con diagramas e ilustraciones en globos de pensamiento
PISA 2025 mostró que en Perú el 81,5% de los estudiantes dijo que le gusta aprender cosas nuevas y el 82% señaló que le interesa saber cómo funcionan las cosas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La tecnología y la inteligencia artificial forman parte de este nuevo escenario, pero su incorporación no garantiza por sí misma mejores resultados. Su valor educativo dependerá de si ayudan a los estudiantes a comprender, razonar y aprender con mayor autonomía.

Entonces, ¿cómo convertir ese diagnóstico en una mejora sostenible? Una alternativa sería concentrar los esfuerzos en los aprendizajes fundamentales y, al mismo tiempo, cambiar la manera de implementar las intervenciones.

Una propuesta sería crear un Programa Nacional de Fortalecimiento de los Aprendizajes Fundamentales, que priorice la comprensión lectora, el razonamiento matemático y la autorregulación del aprendizaje, especialmente entre los estudiantes que presentan mayores dificultades.

Este programa podría organizarse alrededor de cinco acciones: diagnosticar, intervenir, acompañar, monitorear y corregir.

Su implementación podría avanzar por etapas. Un primer periodo permitiría identificar las brechas de aprendizaje y las capacidades docentes. Después, las estrategias podrían probarse en escuelas que representen distintas realidades del país. Solo aquellas que demuestren resultados consistentes deberían ampliarse progresivamente e incorporarse a la política educativa regular.

Infografía con datos estadísticos e ilustraciones sobre el desempeño escolar en Perú en tres áreas académicas.
Una infografía de Infobae detalla que Perú obtuvo resultados por debajo del promedio de la OCDE en Matemática, Lectura y Ciencias en la evaluación PISA 2025. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La gradualidad no significa postergar las decisiones. Significa evitar que una política se generalice antes de saber si funciona en contextos diferentes. Una intervención diseñada en Lima puede producir buenos resultados en una escuela urbana con determinados recursos y condiciones, pero enfrentar dificultades muy distintas en una institución rural, intercultural, amazónica o periférica.

Esto también obliga a modificar la forma de medir el éxito. No sería razonable esperar a la siguiente edición de PISA para descubrir si las decisiones adoptadas durante los próximos años dieron resultado. El progreso puede seguirse antes, mediante indicadores como la comprensión lectora, el razonamiento matemático, la resolución de problemas, la autonomía para aprender, la permanencia escolar y la evolución de las prácticas pedagógicas.

Mejorar en PISA debería ser una consecuencia de mejorar los aprendizajes, no el objetivo que organice la enseñanza. La discusión que deja PISA 2025 puede ser útil si consigue desplazar la atención del puntaje hacia una pregunta más exigente: ¿cómo saber, antes de la próxima evaluación, qué está funcionando, dónde funciona y qué necesita corregirse?

Ese cambio puede ser menos visible que anunciar una nueva reforma. Pero permitiría algo que los últimos resultados han vuelto especialmente urgentes: que una mejora conseguida hoy no vuelva a desaparecer algunos años después.

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