‘Nininis’ en Perú: más de 1 millón de jóvenes no estudian, no trabajan ni buscan empleo, mientras el 84% de los jóvenes ocupados es informal

El escenario laboral juvenil combina desempleo, trabajos informales y obstáculos para acceder a puestos vinculados con la formación profesional. Las mujeres enfrentan además una mayor carga de cuidados

Más de un millón de jóvenes en Perú forman parte de la generación 'Nininis'. Este informe analiza las causas de este fenómeno, desde la informalidad laboral hasta la baja productividad, y las graves consecuencias que podría tener para el futuro del país. Latina Noticias
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En Perú, más de un millón de jóvenes se encuentra fuera de los espacios de estudio y empleo y, además, tampoco busca incorporarse al mercado laboral. Esta situación corresponde a los denominados “nininis”, una categoría que permite diferenciar a quienes permanecen al margen tanto de la educación como de la búsqueda activa de trabajo.

Los cálculos del Instituto Peruano de Economía (IPE) ubican en 1,169,620 la cantidad de jóvenes que no estudian, no trabajan y tampoco buscan empleo durante 2025. La cifra forma parte de un escenario más amplio sobre la situación laboral y educativa de la población joven en el país.

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El mismo reporte del IPE registra 273,700 jóvenes desempleados. A este grupo se suman más de 3.7 millones que solo trabajan, 930 mil que combinan trabajo y estudios, y más de 2.3 millones que únicamente estudian. Los datos muestran distintas formas de relación de los jóvenes con el mercado laboral y el sistema educativo.

La situación también presenta diferencias frente a otros países de la región. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en América Latina y el Caribe menos del 70% de los jóvenes que no estudian ni trabajan permanece inactivo, mientras que en Perú esa proporción supera el 80%.

El desempleo juvenil y la salida del mercado formal

Jóvenes en un laberinto con forma de engranaje agrietado junto a puestos de venta ambulante y repartidores.
Una ilustración sobre la precariedad laboral en Perú aborda el dilema de los jóvenes divididos entre la inactividad y el trabajo informal. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La evolución reciente del empleo juvenil constituye uno de los aspectos señalados por los especialistas citados en la información. Uno de ellos sostuvo que “en los últimos tres años, lo que hemos visto es una caída del empleo juvenil de manera constante”. La misma fuente señaló que este comportamiento no corresponde a una situación habitual en países bajo condiciones normales.

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Las dificultades para acceder a un puesto también aparecen vinculadas con los requisitos que enfrentan quienes buscan su primera experiencia laboral. Entre las situaciones descritas figuran jóvenes que concluyen una carrera y encuentran obstáculos para ingresar a un puesto relacionado con su formación.

Otro de los expertos explicó esta dificultad con una situación frecuente entre los jóvenes: “Tiene experiencia, pero o sea, nosotros tenemos la voluntad de querer estudiar, de querer trabajar en la carrera, pero no se puede solamente por eso, porque sin experiencia no te contratan”.

Ante estas barreras, algunos jóvenes recurren a actividades independientes o trabajos por encargo. Uno de los testimonios incluidos en la información señala que estas labores pueden realizarse como freelance, aunque sin formalidad y con ingresos menores.

La informalidad alcanza a ocho de cada diez jóvenes ocupados

Un joven sentado en un sillón deteriorado en la calle mira su teléfono celular mientras personas caminan al fondo.
Un joven observa su teléfono móvil en la vía pública, en un contexto donde más de un millón de personas jóvenes en Perú no estudian ni trabajan. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tener un empleo tampoco implica necesariamente ingresar a un puesto formal. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), entre julio de 2025 y junio de 2026, el 84% de los trabajadores de 14 a 24 años tenía un empleo informal.

Esta condición se suma a las dificultades de acceso al mercado formal y plantea otro escenario para los jóvenes que sí consiguen generar ingresos. Uno de los especialistas citados explicó que algunos terminan alejándose del mercado laboral formal y optan por alternativas vinculadas con actividades independientes y redes sociales.

“Terminan desalentándose de la entrada al mercado laboral formal, al tradicional, digamos, con una línea de carrera, y más bien buscan otras alternativas”, señaló el experto.

La misma fuente mencionó que estas alternativas también pueden generar riesgos para los jóvenes, sobre todo fuera de Lima, donde identificó una mayor exposición a actividades delictivas.

La situación también se relaciona con la productividad laboral. Uno de los expertos estableció una diferencia entre Perú y Chile al señalar que “un trabajador peruano es la mitad de productivo casi que un trabajador promedio en Chile”.

Según su explicación, una menor experiencia y capacidad productiva entre los jóvenes puede influir en la evolución futura de la productividad del país. La incorporación de nuevas generaciones al mercado laboral aparece así vinculada con las condiciones que encuentran para adquirir experiencia y desarrollar capacidades.

La información también registra un cambio en las expectativas de parte de las nuevas generaciones. Una especialista señaló que existe una tendencia entre algunos estudiantes hacia formas de trabajo independiente o hacia la creación de negocios propios.

Las mujeres jóvenes enfrentan barreras adicionales

La situación no afecta de la misma manera a hombres y mujeres. De acuerdo con uno de los especialistas citados, la tasa de jóvenes que no estudian ni trabajan entre las mujeres es casi el doble que entre los hombres.

La diferencia se relaciona, según la misma fuente, con una mayor carga de tareas domésticas y de cuidado dentro de los hogares. Entre estas responsabilidades se incluyen el cuidado de niños y de adultos mayores.

El Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan) proyecta que hacia 2030 continuará el incremento de la cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan. Este escenario incorpora una dimensión adicional al problema, pues el desafío señalado en la información no se limita al acceso a un empleo o al retorno a los estudios, sino también a evitar una permanencia prolongada fuera de ambos espacios.

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