Gobernar la pesca de jurel en tiempos de cambio climático

La ciencia no puede ser un accesorio, sino el soporte indispensable de la legislación y de las decisiones de política pública

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En general los principales recursos (durante el fenómeno El Niño) son la pota, el jurel, los langostinos, la concha de abanico. | Andina
En general los principales recursos (durante el fenómeno El Niño) son la pota, el jurel, los langostinos, la concha de abanico. | Andina

En tiempos de incertidumbre climática, la pesca del jurel se ha convertido en un espejo de nuestras fragilidades. La Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (OROP-PS) discute en Lima cómo evaluar poblaciones con métodos que requieren revisión y validación constante. La baja disponibilidad del recurso en aguas peruanas y la caída de capturas en Chile no son solo un fenómeno biológico, sino que representan también un desafío para la gobernanza pesquera. En este contexto, la ciencia no puede ser un accesorio, sino el soporte indispensable de la legislación y de las decisiones de política pública.

El Jack Mackerel Benchmark Workshop de la OROP, que reune esta semana en Lima a especialistas de IMARPE, IFOP y otros institutos, pone bajo escrutinio los métodos científicos que usamos para evaluar la biomasa del jurel. Los índices acústicos, que buscan estimar la abundancia de peces a partir de señales de sonido, son solo un método, así como hay otros que se basan en modelos que pueden sobredimensionar o subestimar poblaciones. Los indicadores de captura por unidad de esfuerzo (CPUE), por su parte, reflejan la eficiencia de la flota, pero no necesariamente la disponibilidad real del recurso. En otras palabras, los instrumentos con los que navegamos podrían estar desajustados frente a un ecosistema cada vez más cambiante.

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La hipótesis de El Niño como factor disruptivo es plausible. Las anomalías oceanográficas alteran corrientes, temperaturas y disponibilidad de nutrientes, desplazando cardúmenes hacia zonas menos accesibles. Sin embargo, atribuir la ausencia del jurel únicamente a este fenómeno sería simplificar demasiado. La ciencia debe reconocer que los ecosistemas marinos son dinámicos y que los modelos tradicionales quizá no capturan toda su complejidad.

En paralelo, el Ministerio de la Producción (Produce) regula la pesca del jurel mediante cuotas específicas y periodos de captura para embarcaciones artesanales e industriales. Mediante la Resolución Ministerial N° 052-2026-PRODUCE, PRODUCE estableció los límites de extracción distribuidos en franjas trimestrales y cuatrimestrales, con el objetivo de asegurar un acceso equitativo y evitar el agotamiento temprano del recurso. Además, Perú cuenta con una asignación internacional de 34 169 toneladas para faenar en alta mar, otorgada en el marco de la OROP. La Dirección General de Supervisión, Fiscalización y Sanción monitorea en tiempo real las descargas en muelles y puertos, reforzando la vigilancia sobre caballa y jurel.

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Estas disposiciones muestran un esfuerzo institucional por ordenar la actividad pesquera. Sin embargo, la base científica que las respalda se enfrenta a la incertidumbre que imponen los fenómenos climáticos y la variabilidad del ecosistema. La baja disponibilidad actual del jurel y caballa no es solo un asunto biológico, sino también institucional, porque obliga a revisar cómo se construyen los indicadores. ¿Cómo sostener acuerdos regionales de manejo si los datos deben ajustarse constantemente a un entorno cambiante?

Al respecto, el aporte del Instituto Humboldt (IHMA), gracias a las gestiones de su Comité Científico, la OROP creó el Grupo de Trabajo de Monitoreo del Hábitat, presidido por el Dr. Mariano Gutiérrez entre 2018 y 2024. La herramienta principal fue la acústica cuantitativa, aplicada en talleres conjuntos con la Sociedad Nacional de Pesquería (SNP) para evaluar, entre otros aspectos, la biomasa de jurel y caballa utilizando data acústica colectada a bordo de barcos de pesca. Cada año, los informes presentados vía PRODUCE han demostrado que Perú cumple con las medidas de compatibilidad que le permiten desarrollar una gestión paralela a la de la OROP-PS. Este esfuerzo ha fortalecido la posición nacional y ha generado beneficios económicos para las empresas pesqueras, al apoyar la actividad del IMARPE para recolectar información acústica a gran escala para sustentar las cuotas de pesca que se dan cada año.

El IHMA también ha contribuido con boletines oceanográficos semanales y bases de datos que integran temporadas de pesca y programas como Salvamares. Sin embargo, todo este acervo corre el riesgo de perderse sin financiamiento adecuado, justo cuando se anuncia un período de calentamiento que podría derivar en El Niño de intensidad incierta en 2026–2027. La paradoja es evidente: en el momento en que más necesitamos información sólida, la sostenibilidad de los programas científicos depende de apoyos financieros aún no asegurados.

El taller en Lima es, en ese sentido, una oportunidad para repensar la relación entre ciencia y política. No basta con ajustar modelos o revisar echogramas; se requiere un enfoque más amplio que incorpore la variabilidad ambiental, la incertidumbre y la necesidad de decisiones precautorias.

¿Por qué importa tanto un pez cuya presencia hoy es limitada? Porque el jurel no solo representa un recurso económico, sino también un símbolo de cómo gestionamos nuestros recursos hidrobiológicos. Su escasez nos recuerda que la sostenibilidad no se alcanza con decretos aislados, sino con ciencia sólida, instituciones que inspiren confianza y políticas capaces de reconocer la complejidad del océano. La verdadera lección es clara: ¿cómo sostener la pesca si seguimos aferrados a certezas frágiles en lugar de asumir la incertidumbre como motor de innovación y prudencia?

Jennifer Vilches