La intervención de César Acuña en el debate presidencial del lunes 23 de marzo se centró en un eje definido: la lucha contra la corrupción desde una posición personal y política. En un formato que exigió la presencia obligatoria de los candidatos, sin posibilidad de reemplazos, el espacio puso a prueba la capacidad de respuesta directa y el compromiso público de cada postulante.
Desde el inicio de su participación, Acuña optó por un discurso enfocado en cifras y promesas. Frente a un escenario de cuestionamientos cruzados entre candidatos, su mensaje buscó diferenciarse mediante propuestas específicas y una apelación constante a su ‘trayectoria’. El tono de su intervención mantuvo una línea clara: presentar medidas contra la corrupción y reforzar su imagen como figura ajena a prácticas ilícitas.
Durante su primer turno, Acuña afirmó: “Hermanas y hermanos, en nuestro país cada año nos roban veinticinco mil millones de soles por actos de corrupción”. A partir de esa cifra, estructuró una serie de medidas que, según indicó, aplicaría en un eventual gobierno.
Entre sus propuestas, mencionó “la reforma total del sistema de contratación e inversión pública” como primer punto. En segundo lugar, planteó “muerte civil para los corruptos con un proceso exprés de pérdida de dominio de sus bienes”. Finalmente, propuso “apagón regulatorio y simplificación administrativa” con el objetivo de evitar actos de extorsión por parte de funcionarios.
El candidato insistió en el impacto social de la corrupción. “No voy a permitir que la corrupción robe la esperanza de mis niños. No voy a permitir que la corrupción robe la esperanza de mis jóvenes”, expresó, extendiendo su mensaje hacia sectores vulnerables que, según su planteamiento, resultan afectados por la mala gestión de recursos públicos.
Respuestas sobre autoridades condenadas y criterios de elección

Ante una pregunta sobre autoridades condenadas que evaden sentencias, Acuña centró su respuesta en valores y en el rol del electorado. Señaló que “los alcaldes y gobernadores primero tienen que gobernar con valores” y sostuvo que “la línea debe ser la integridad”.
En ese mismo bloque, enfatizó la importancia de la elección ciudadana. “Recomendar a la población qué persona va a ser su alcalde o qué persona va a ser su gobernador”, indicó, trasladando parte de la responsabilidad al votante, pese a que él mismo ha sido autoridad en una de las provincias con mayores índices de sicariato.
También insistió en la necesidad de sanción efectiva: “A los corruptos tenemos que perseguirlos. A los corruptos, tienen su espacio, la cárcel”. Su intervención en este punto quedó interrumpida por el límite de tiempo establecido por la moderación.
Defensa personal y trayectoria

En otro momento del debate, Acuña utilizó su turno para referirse directamente a su historial. “Yo no soy corrupto, tampoco soy delincuente y tampoco soy narcotraficante”, afirmó.
Añadió que su patrimonio y logros responden a su experiencia laboral: “Todo lo que he logrado en mi vida es trabajo de cuarenta y cinco años”. En esa línea, también mencionó que existen versiones falsas difundidas en su contra, señalando que “hay muchas personas que inventan para ganarse la confianza de las personas”.
El candidato no respondió de forma directa a todas las preguntas planteadas por la moderación, especialmente aquellas relacionadas con la reactivación de equipos especiales del Ministerio Público. En su lugar, mantuvo el foco en su mensaje principal sobre corrupción y su posición personal frente a ese problema.
Cierre con mensaje directo al electorado
En su intervención final dentro del bloque, Acuña volvió a centrarse en su experiencia en la función pública. “En mis veintiséis años en gestión pública, ninguna denuncia por corrupción”, afirmó.
A partir de esa declaración, construyó su mensaje de cierre: “Eso significa que tengo la autoridad moral de decir que va a cuidar el dinero de los peruanos”. Acto seguido, pronunció la frase que sintetizó su participación: “Yo quiero servir, no quiero robar”.
El cierre de su intervención quedó interrumpido por el fin del tiempo asignado, en medio de un debate que mantuvo intercambios constantes entre los candidatos y cuestionamientos cruzados sobre credibilidad y propuestas.
El desarrollo del debate incluyó un momento gracioso cuando Carlos Álvarez cuestionó la presencia de Acuña en la contienda. En su intervención, afirmó: “No sé qué hace el señor Acuña acá, porque hace una semana lo escuché en un mitin decir ‘yo no quiero ser presidente’”, acompañado de una imitación del tono de voz del candidato. El comentario introdujo un elemento de confrontación directa y buscó poner en duda la coherencia del discurso de Acuña frente a su participación en el proceso electoral.
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