
La historia de Mauricio Acosta comenzó en Chiclayo, donde una vida convencional y una carrera como chef parecían encaminarlo hacia un futuro predecible. Sin embargo, un accidente y la insatisfacción con la rutina lo llevaron a tomar una decisión radical: dejarlo todo atrás y emprender un viaje por Sudamérica acompañado de sus ratas amaestradas.
Durante los últimos dos años, este joven peruano ha recorrido ciudades de Colombia, Ecuador y Perú, presentando espectáculos junto a sus roedores y desafiando prejuicios con cada número. Sus presentaciones, que combinan arte y adiestramiento animal, han captado la atención tanto de turistas como de medios locales, convirtiéndolo en el único peruano conocido por entrenar ratas y viajar con ellas por el continente.
En cada destino, Mauricio comparte la historia de Sky, Chuleta y Wira, sus tres ratas, junto a Esther, su perrita, quienes se han convertido en sus fieles compañeras de ruta. Sky proviene de la selva del Perú; Chuleta, con apenas cuatro meses, y Wira, de un año, forman su pequeño elenco. Juntos, ofrecen rutinas que demuestran la sorprendente inteligencia de estos animales: responden a llamados por su nombre, atraviesan circuitos improvisados y descansan tranquilamente en sus manos, generando asombro entre los espectadores. El joven chiclayano ha encontrado en sus roedores no solo compañía, sino la oportunidad de reivindicar la imagen de un animal frecuentemente incomprendido

A pesar de las dificultades económicas y los retos personales, Mauricio sigue adelante gracias a una motivación inquebrantable. Su objetivo no es solo mostrar el talento de sus mascotas, sino también demostrar que, pese a su discapacidad, puede alcanzar cualquier meta. El viaje, lejos de ser un escape, se ha convertido en una plataforma para inspirar a otros y romper estigmas sobre la discapacidad y los animales que lo acompañan.
Del chef en Chiclayo al viajero con ratas amaestradas
Mauricio Acosta recuerda el momento en que su vida dio un giro inesperado. Tras un accidente que lo obligó a dejar su trabajo como chef, optó por reinventarse y buscar un nuevo sentido a su día a día. “Dejé mi carrera de chef a través de un accidente. Entonces comencé a viajar, aprendí a hacer el arte con las latas”, afirmó en diálogo con La República. Fue en Colombia donde recibió su primera rata como regalo de un amigo, un encuentro que marcó el inicio de su travesía y la transformación de su relación con los animales.
La decisión no estuvo exenta de dudas y temores. Abandonar la estabilidad laboral y la seguridad de su ciudad natal representaba un desafío considerable. Sin embargo, la curiosidad, el deseo de aprender y el anhelo de libertad pesaron más. Así, Mauricio cambió las cocinas por las calles y plazas de Sudamérica, donde sus ratas se convirtieron en protagonistas de una historia única.

El arte de entrenar ratas y el lazo con sus compañeras de viaje
La idea de entrenar ratas surgió como una apuesta personal y un experimento de autodisciplina. “Comencé a imaginar que mis ratas me hacían caso, así como mi perrito hacía trucos. Lo imaginaba. Entonces comencé a enseñarles para demostrarme a mí mismo que lo que imaginaba se podía hacer”, relató Mauricio Acosta a Caretas. El proceso fue gradual: primero, la observación, luego la paciencia y finalmente la construcción de lazos de confianza.
El vínculo entre Mauricio y sus ratas se fortalece con cada rutina. Sky, Chuleta y Wira no solo son parte de su espectáculo, sino también de su vida cotidiana. El entrenamiento se basa en el refuerzo positivo, la repetición de órdenes y la creación de un ambiente libre de estrés. De esta manera, logra que los roedores respondan a su nombre, realicen circuitos y hasta duerman plácidamente en sus manos.
En el camino, Mauricio ha enfrentado obstáculos económicos significativos. El financiamiento de los viajes depende de la venta de su arte y de donaciones espontáneas del público. “Yo vendo mi arte para juntar los pasajes y poder viajar”, señaló a La República. A pesar de las dificultades, su convicción lo impulsa a continuar: demostrar que la discapacidad no limita los sueños y que cualquier animal, con el trato adecuado, puede sorprender por su inteligencia.

El recorrido de Mauricio junto a Sky, Chuleta y Wira
La rutina de Mauricio está marcada por la improvisación y el movimiento constante. Junto a sus ratas, recorre plazas, calles y espacios públicos de diferentes países sudamericanos. Cada presentación se convierte en un acto de reivindicación: “He recorrido Ecuador, Colombia y la prensa ecuatoriana me mostró como el único peruano que viaja y entrena ratas. Estoy yendo para Argentina y ahora estoy de pasada en Lima”, contó Mauricio Acosta a Caretas.
El impacto de sus demostraciones va más allá del espectáculo. Niños y adultos se acercan, sorprendidos por la docilidad e inteligencia de los roedores. Las ratas responden con precisión a sus nombres, atraviesan laberintos y descansan en las manos de Mauricio, desafiando la imagen negativa que suelen tener. Sus espectáculos invitan a cuestionar los prejuicios sobre estos animales y sobre la discapacidad, mostrando que la empatía y la constancia pueden derribar barreras profundamente arraigadas.
En cada ciudad, Mauricio y sus ratas construyen una pequeña comunidad de seguidores y curiosos que descubren, muchas veces por primera vez, la capacidad de estos animales para aprender y establecer lazos afectivos. Sus rutinas logran un efecto inmediato: el público asiste sin prejuicios y con asombro genuino.
¿Es posible adiestrar ratas?
Lejos del mito, las ratas domésticas destacan por su inteligencia y sociabilidad. Según especialistas, como señala Consumer, estos roedores pueden convertirse en mascotas cariñosas y aprender trucos con facilidad cuando se crían en un entorno adecuado. Miden entre 17 y 27 centímetros y pueden vivir entre tres y cinco años. El refuerzo positivo y la interacción diaria son claves para su bienestar y aprendizaje.

El proceso de adiestramiento debe comenzar desde temprana edad y en un ambiente tranquilo, dedicando breves sesiones diarias. Las ratas responden a palabras clave, pueden ejecutar trucos sencillos y, con paciencia, llegar a realizar circuitos complejos. Es fundamental proporcionarles un espacio adecuado, estimulación constante y atención para evitar el estrés y favorecer su adaptabilidad.
Mauricio Acosta es el ejemplo vivo de que el vínculo entre humanos y ratas puede ser profundo y sorprendente. Sus presentaciones, su historia y su recorrido demuestran que el talento no tiene fronteras y que la empatía puede transformar percepciones, inspirando a quienes se cruzan en su camino.
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