La reciente captura de la ciudadana extranjera Gabriela Segovia, conocida en el submundo del crimen con el alias La madre, reveló el papel fundamental de una mujer en la organización delictiva y control de plazas de explotación sexual al norte de Lima Metropolitana, de acuerdo a investigaciones policiales.
Según informó el programa Domingo al Día, Segovia alcanzó notoriedad como una pieza central en la llamada Dinastía Alayón, una sanguinaria facción vinculada al Tren de Aragua en Perú.
El dominical detalló que Gabriela Segovia mantuvo por años una imagen carismática, difundida en redes sociales, mientras construía un perfil bajo para evadir a las fuerzas de seguridad.

Para la División contra la Trata de Personas de la Policía Nacional del Perú (PNP), su rol era clave en el reclutamiento y sometimiento de decenas de mujeres extranjeras, principalmente originarias de Venezuela.
Su liderazgo se extendía a través de órdenes impartidas por aplicaciones de mensajería, donde instruía a otras miembros sobre métodos de control y recaudación de cuotas.
Un testimonio recogido por el mismo medio expuso que las mujeres bajo su control pagaban cuotas semanales de trescientos soles. “Si la persona no tiene plata, el lunes tienes que cancelar quinientos”, relató una de las víctimas a los investigadores, evidenciando la forma en que la organización mantenía una estructura financiera basada en la explotación constante.

Reclutamiento y control
Las víctimas eran sometidas a preguntas a través de videollamadas con miembros de mayor jerarquía, que determinaban su vinculación con la organización. “Te preguntan: ‘¿Quién te mandó? ¿Trabajas para el gobierno o cómo llegaste a la plaza?’”, relató una joven de menos de veinte años, en declaraciones difundidas por Domingo al Día.
Estas entrevistas funcionaban como filtros de ingreso y servían para establecer las reglas del entorno controlado por Gabriela Segovia y sus colaboradores.
Al ingresar, las mujeres enfrentaban una deuda de ochocientos soles que debía ser saldada en tres días y una cuota semanal obligatoria. La instrucción era mantener distanciamiento absoluto de la policía y de terceros, como detalló la fuente periodística.

Explotación, violencia y roles
Según las investigaciones policiales divulgadas por Domingo al Día, la red no solo imponía condiciones económicas, también utilizaba métodos de presión, como el consumo de drogas para doblegar a las víctimas.
En palabras de un funcionario policial, “la víctima rescatada fue obligada a consumir estupefacientes y a caer en un estado de drogadicción cercano a la adicción para luego ser explotada sexualmente”.
El esquema reveló que algunas trabajadoras, tras pagar sus deudas, eran promovidas a controladoras de nuevas víctimas. De esta forma, la estructura criminal se retroalimentaba, utilizando a las propias explotadas para fortalecer el dominio de la organización y dificultar la identificación por parte de la autoridad. “Ellas dicen: ‘No, yo también soy trabajadora sexual’. Tratan de engañar a la autoridad”, explicó un agente entrevistado.

Control territorial, amenazas y rituales
La influencia de Gabriela Segovia se extendía por parques, plazas y locales nocturnos de Lima norte, según la investigación policial. El control no solo respondía a la recolección de cuotas, también incluía el uso de violencia: “Si no querías pagar, te metían un balazo en la pierna”, declaró una fuente policial.
El caso de alias Macaro mostró cómo el liderazgo recurría a la intimidación, desplegando amenazas de muerte a quienes intentaran desafiar la hegemonía criminal.
Investigadores encontraron evidencia de prácticas rituales y santería dentro de la facción, destinadas a dar protección o fortaleza a los líderes detenidos. Los peritos analizaban restos de sangre hallados en lugares asociados a la banda para corroborar la procedencia y la naturaleza de los rituales.

La Dinastía Alayón constituye una de las ramas más activas del Tren de Aragua en el Perú, según el seguimiento periodístico de Domingo al Día. Las declaraciones policiales advirtieron que, pese a capturas recientes, existen figuras como Kevin André Rodríguez Lucena consideradas la cabeza visible del negocio ilícito.
Las autoridades aseguraron que continuarán las investigaciones para identificar y capturar a quienes reemplacen a Macaro y que cuenten con amplios recursos y redes de complicidad.
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