
El Consorcio San JoseMaría, proveedor de sangre de pollo para las ollas comunes de Lima, procesaba el alimento en un entorno insalubre y sin la licencia sanitaria necesaria, según reveló Salud con lupa. La Municipalidad de Lima Metropolitana (MML) anuló recientemente el contrato de S/ 5.7 millones con el consorcio, aunque la decisión se justificó por motivos presupuestales, omitiendo los riesgos sanitarios asumidos durante la distribución del producto.
Falta de licencia y condiciones precarias
Una investigación de Salud con lupa evidenció que el Consorcio San JoseMaría procesaba sangre de pollo refrigerada sin autorización de las autoridades correspondientes y en instalaciones que infringían las reglas básicas de higiene. El organismo encargado de la inspección, el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa), detalló en su informe que el local del consorcio, situado en el distrito de Comas, solo tenía permiso para faenar pollos, no para procesar ni vender sangre refrigerada.
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El informe oficial, obtenido por Salud con lupa a través de la Ley de Transparencia y firmado por la supervisora Enma Livia Ventura, fue contundente: el consorcio no contaba con autorización para procesar ni vender sangre de pollo. La falta fue catalogada como una infracción grave y originó dos procesos sancionadores, así como la suspensión por 90 días de la única licencia vigente del consorcio.

Las dirigentes de las ollas comunes denunciaron públicamente el “olor a perro muerto” de la sangre de pollo recibida. Funcionarios de la municipalidad minimizaron el hecho atribuyéndolo a un “olor natural”, pero los documentos revisados por Salud con lupa confirmaron las irregularidades en la cadena de producción.
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Operaciones irregulares y antecedentes del consorcio
El Consorcio San JoseMaría está integrado por Negociaciones Valentina Kar y Corporación JoseMaría, empresas sin experiencia previa en la venta de sangre de pollo refrigerada a entidades estatales antes de la actual gestión municipal. En 2023 y 2024, Negociaciones Valentina Kar proporcionó conservas de sangre de vacuno y hojuelas para ollas comunes por más de S/ 13 millones, cuyos estándares de calidad también fueron cuestionados por las beneficiarias.
La Corporación JoseMaría, por su parte, no registró actividad comercial relevante antes de asociarse para este contrato. Su propietario, Rodrigo Ramos Rojas, mantuvo al menos cinco reuniones con funcionarias clave de la municipalidad, incluyendo a Isabel Ayala, gerenta de Desarrollo Humano y responsable de la compra de alimentos, antes y después de la adjudicación del contrato.
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Procesamiento sin higiene y testimonios alarmantes
Extrabajadores del consorcio, entrevistados bajo anonimato por Salud con lupa, describieron cómo el procesamiento de la sangre de pollo se realizaba en condiciones carentes de higiene: la sangre llegaba en barriles plásticos sin refrigerar y sin sellos de seguridad, almacenados junto al producto terminado. El agua utilizada provenía de un pozo subterráneo y no existía control sobre la entrada de impurezas.
Testimonios recogidos por el mismo medio indicaron que los exoperarios no contaban con carné de sanidad ni recibieron instrucciones sobre manejo de alimentos. La suspensión de actividades en la planta se ordenó el 11 de julio, apenas dos días después de la primera publicación de irregularidades.
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Anulación del contrato y falta de responsabilidades
La Municipalidad de Lima comunicó la anulación del contrato de S/ 5.7 millones el pasado 17 de septiembre a través de una carta notarial, justificando la decisión por “limitación presupuestal”. El argumento omitió la suspensión de la licencia sanitaria y las reiteradas denuncias de riesgo sanitario realizadas por las dirigentes de las ollas comunes.
Supervisión y controles ficticios
El seguimiento municipal, de acuerdo con los testimonios y documentos revisados, resultó insuficiente. Funcionarios encargados firmaban actas de supervisión sin inspeccionar adecuadamente la planta. Los informes de control de calidad, requisito del contrato, reproducían valores idénticos en todas las entregas. Salud con lupa obtuvo 27 documentos con los mismos datos en temperatura, pH y características organolépticas.
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Las bolsas de sangre de pollo distribuidas en 23 distritos de Lima entre julio y septiembre incumplieron las condiciones de manipulación y conservación. Las organizaciones de ollas comunes reportaron olores desagradables y textura inadecuada en el alimento. Mientras tanto, varias dirigentes manifestaron temor a represalias por denunciar irregularidades en el suministro.
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