Falleció Angélica Wakabayashi, pionera en la difusión de la cocina japonesa y nikkei en el Perú, según confirmó su familia

Con más de cuatro décadas de trayectoria, su legado marcó a quienes aprendieron con ella a preparar platos japoneses con insumos peruanos

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Angélica Wakabayashi de Sasaki fue
Angélica Wakabayashi de Sasaki fue una de las primeras en enseñar cocina japonesa adaptada a los productos locales peruanos, desde una mirada accesible y familiar. (Composición: Infobae)

La noticia de su fallecimiento conmovió a distintas generaciones que crecieron con sus recetas y consejos en la televisión. Angélica Wakabayashi de Sasaki, una de las figuras más visibles en la promoción de la cocina japonesa en el Perú, dejó de existir el 11 de junio, según confirmó su familia mediante un comunicado. Su legado, vinculado al desarrollo de una gastronomía que cruzó culturas, permanece en la memoria de quienes aprendieron a cocinar con ella desde la sencillez de una mesa familiar.

La Asociación Peruano Japonesa expresó sus condolencias a la familia de Wakabayashi en un mensaje público. “Su amplia trayectoria como referente de la cocina japonesa, nikkei e internacional será recordada como un legado invaluable que trascendió generaciones, difundiendo con pasión y excelencia la cultura culinaria en el Perú”, indicó la institución.

El velatorio se programó para el miércoles 12 de junio en la Parroquia Santa María Madre de la Iglesia, frente al Centro Cultural Peruano Japonés. El sepelio fue fijado para el viernes 13, a las 5 p.m., en los Jardines de la Paz de La Molina. La familia agradeció “las muestras de cariño, aprecio y condolencias” recibidas desde que se conoció la noticia.

Su figura no solo simboliza el puente entre dos mundos gastronómicos. También representa el modo en que una migración logró integrarse a través de la comida. Wakabayashi, con más de cuatro décadas de trayectoria, fue una de las primeras en enseñar cocina japonesa adaptada a ingredientes peruanos desde un enfoque práctico y familiar.

Pionera en la enseñanza de cocina japonesa en el Perú

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Falleció Angélica Wakabayashi, pionera en la difusión de la cocina japonesa y nikkei en el Perú, según confirmó su familia. (Asociación Peruano Japonesa - APJ)

En los años setenta, cuando aún existía cierto recelo hacia lo desconocido, Angélica Wakabayashi inició talleres de cocina en espacios como la Asociación Estadio La Unión (AELU), promoviendo una forma cercana de preparar alimentos de origen japonés con productos disponibles en mercados peruanos. Su estilo didáctico captó rápidamente la atención de amas de casa y estudiantes, convirtiéndose en una referencia dentro de la comunidad nikkei.

“Fue una mujer que abrió camino a muchas generaciones”, señala uno de los comunicados. Su habilidad para simplificar técnicas y su visión de acercar la cocina japonesa al hogar común fueron claves para el surgimiento de una cocina nikkei más doméstica, menos restringida a los restaurantes de lujo o eventos exclusivos.

Uno de sus principales aportes fue el uso del microondas como herramienta de cocina. A través de colaboraciones con empresas como Panasonic y Ajinomoto, introdujo esta tecnología en su enseñanza, lo cual representó una innovación en la época. Para muchas familias peruanas, fue su primer contacto con la posibilidad de combinar practicidad con recetas tradicionales.

Una vocación constante

Su carisma la llevó a la televisión, donde participó en varios programas de cocina. En la pantalla, compartía no solo recetas, sino también anécdotas familiares y recomendaciones para vencer el miedo a cocinar. Esta cercanía le permitió conectar con un público amplio que, hasta ese momento, veía la cocina japonesa como algo complejo o inaccesible.

Más adelante, formó parte del cuerpo docente del Instituto Gastronómico D’Gallia, uno de los espacios académicos más importantes en el país para la formación de cocineros profesionales. Allí reforzó su compromiso con la educación culinaria, transmitiendo a las nuevas generaciones el respeto por los ingredientes, la precisión en las técnicas y la importancia de la cultura detrás de cada plato.

No buscaba reconocimiento, sino utilidad. Las recetas que enseñaba no respondían a una lógica de espectáculo, sino de necesidad. Enseñó cómo hervir un arroz perfecto, cómo preparar un caldo con base de kion, cómo adaptar el misoshiru con insumos locales. Esa visión pragmática fue clave para que muchas personas se animaran a cocinar en casa, incluso sin conocimientos previos.

La migración japonesa y su impacto en la mesa peruana

La migración japonesa a Perú
La migración japonesa a Perú en 1899 trajo consigo una adaptación culinaria que evolucionó hasta convertirse en la cocina nikkei. (Composición: Infobae)

A finales del siglo XIX, llegaron los primeros inmigrantes japoneses al Perú. Venían en busca de trabajo, sobre todo en plantaciones de azúcar y algodón. Ante la imposibilidad de acceder a todos los ingredientes de su dieta, comenzaron a adaptar sus comidas. Esa necesidad marcó el inicio de un proceso de fusión que, décadas después, daría lugar a la cocina nikkei.

El ají reemplazó al wasabi, el limón ganó protagonismo como elemento de maceración, y el pescado local —como la caballa o el bonito— sustituyó a variedades propias de Japón. En esa transformación, se conservaron ciertas técnicas y métodos, pero se incorporaron sabores nuevos. El resultado fue una cocina mestiza, sin perder identidad.

En sus inicios, esta cocina solo se consumía en casas nikkei. Sin embargo, la apertura de pequeños restaurantes en Lima comenzó a cambiar esa dinámica. Algunos de estos locales, con menús sencillos, ofrecían platos mixtos que despertaron la curiosidad de los comensales limeños. Con el tiempo, muchos de estos espacios evolucionaron hasta convertirse en referentes de la gastronomía nacional.

Angélica Wakabayashi representó esa transición desde el espacio privado al público. Enseñó a cocinar en familia y formó parte de una corriente que amplió el entendimiento sobre lo que podía ser la comida japonesa en el Perú.

Fue una de las pocas que entendió que enseñar a cocinar era también enseñar a convivir. Por eso, su ausencia deja un vacío que no se llena con homenajes, sino con la práctica diaria de lo que enseñó: respeto por la comida, cuidado por los detalles, y cariño en la preparación.