
El sacerdote Paulino Villafana Morales vestía de monaguillos a sus víctimas y, frente al altar de la iglesia, en el distrito de Mato (Áncash), grababa con su celular los abusos sexuales. El también profesor de religión manipulaba a los menores para que no lo acusaran. Hoy se encuentra prófugo de la justicia.
En una amplia investigación de Hildebrandt en sus Trece se armó el rompecabezas; el párroco había sido acusado de haber abusado sexualmente de dos menores.
“Fabiola”, la primera niña en denunciarlo lo encaró en la propia escuela a los 14 años en 2019, después de haber sido víctima desde los nueve. Se paró frente a él para gritarle: “Usted me manipuló cuando era niña. Usted me violó”. La adolescente le pidió que se vaya del pueblo. Habían dos profesores que vieron el incidente; ninguno hizo nada.
Villafana Morales tenía una relación amical muy cercana con los padres de la menor. Habló con los progenitores para explicarles la situación. Argumentó que había sido manipulada por una monja con la que tenía algunas discusiones.
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Los padres de la menor conversaron con la adolescente, quien les confesó cómo el sacerdote más querido del pueblo había abusado de ella en varias ocasiones. Después de tener un diagnóstico de una psicóloga, denunciaron al párroco ante la Fiscalía.

Pese a la acusación Villafana Morales continuó dando clases o celebrando las misas en la iglesia. En las homilías juraba que todo era mentira, pero otra alumna del colegio también lo denunció por abusos sexuales ese año.
En las calles de Mato, situado en la provincia de Huaylas (Áncash), con aproximadamente unos mil habitantes, los vecinos dejaron de saludar a la familia de “Fabiola”; y la niña dejó de creer en Dios.
Cambio de actitud de la menor
El sacerdote violador llegó al pueblo en enero de 2014: fue recibido con algarabía en Matos. Villafana Morales invitó a “Fabiola”, de nueve años, a prepararla como monaguilla. En un pueblo donde la tradición católica es muy arraigada, el pedido emocionó a sus padres.
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Con el pasar de las semanas, la actitud de la niña cambió. Se volvió callada en la escuela o ya no asistía a ningún curso de preparación en la parroquia. Cuando se enteró que el sacerdote estaba dando clases en el colegio, a la adolescente le sobrevino un ataque de llantos.
“Pensábamos que se trataba de su adolescencia, pero ahora entendemos lo que estaba viviendo”, dijo su madre a Hildebrandt en sus Trece.
La menor narró que Villafana Morales se había acercado a ella de forma inapropiada hasta que un día la besó y luego comenzó a abusar de ella. Los trabajadores de la iglesia también pudieron hacer algo porque varios integrantes de la parroquia sabían lo que sucedía, pero la dejaron a su suerte.

Ese fue el caso de Alina Meres Moreno, la encargada de apoyar en la preparación de los acólitos. Se retiraba de la cocina donde se ofrecían los cursos para dejar solo al cura con sus víctimas.
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La menor intentó suicidarse tres veces, contó su madre. Ya no quería estar aquí; el sacerdote violador había calado psicológicamente y mentalmente sobre la adolescente. Fue internada por dos meses en un pabellón psiquiátrico del hospital Víctor Ramos Guardia de Huaraz.
Nueva denuncia
Rosa Meres se enteró que su hija había sido violada por el sacerdote cuando la menor se lo contó a una auxiliar de la escuela. Esta, desesperadamente, la llamó para narrar lo ocurrido con la menor.
Otra vez, Alina Meres Moreno tuvo mucho que ver en el abuso: la mujer era amiga de la familia de Rosa, la llevaba a pasear a la niña y, ese momento, prácticamente era entregada a Villafana Morales.
“Le pregunté a mi hija por qué no me lo contó. Ella me dijo: ‘Mamá, mis hermanos lo hubiesen matado y se metían en problemas’. Yo tampoco les dije a mis hijos porque tenía miedo de que lo mataran. Pero si me lo hubiera encontrado en el pueblo, lo mataba yo”, comentó Rosa Meres.
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Una vez más, el pueblo, tal como sucedió con la familia de “Fabiola”, le dio al espalda. Soportaron piedras, botellas e insultos; y decían que le habían pagado. Por su parte, el párroco hizo firmar a 200 ciudadanos un documento que lo respaldaba.
Rosa Meres y la madre de “Fabiola”, al ver que no recibirían el apoyo de nadie, recurrieron al periodista Édgar Moreno, de Radio Huandoy, en Caraz, para denunciar al sacerdote. Aún así, el violador tenía el respaldo de la Diócesis de Huaraz. Villafana Morales denunció al reportero.
Pese a todo, la acusación sirvió: el sacerdote fue expulsado del colegio y suspendido de la parroquia. Pero consiguió otro trabajo: siguió dando clases de religión en una escuela estatal.

Reencuentro con Villafana Morales
Lo peor para la familia de “Fabiola” no había pasado. En noviembre de 2019, la menor pasó por la Cámara de Gesell. En ese mismo lugar, apareció Villafana Morales. El ‘monstruo’, como lo describió la adolescente, había regresado. La fiscal del caso sacó apresuradamente a la agraviada, pero ya había visto todo.
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No había sido la única, pero los padres de los otros menores no querían denunciar por vergüenza.
El juicio y la fuga
Jesús Estremadoyro, abogado de “Fabiola”, expresó al semanario que hubo intromisión de la iglesia católica en el proceso porque la primera declaración en la Cámara de Gesell había sido sin juez, por lo que no iba a tener valor probatorio en el juicio oral. “Teníamos que hacerlo de nuevo”, argumentó.
El Ministerio Público abrió una segunda investigación contra Villafana Morales; se incluyó a los dos coristas y a la asistente Meres Moreno, a quien la menor acusó de haber sido la pareja del cura y la cómplice para cometer los abusos. Ella admitió lo primero, pero se defendió, indicando que no sabía nada de los abusos.
En julio de 2022 la Fiscalía pidió prisión preventiva contra el cura y los tres involucrados, pero un juez la negó con el pretexto que no había riesgo de fuga. Tres magistrados de la Corte Superior de Justicia de Áncash pensaron lo contrario: lo sentenciaron a cadena perpetua por unanimidad, culpable del abuso contra “Fabiola”. Era tarde. El sacerdote había fugado.
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El Ministerio del Interior ofrece 80 mil soles, a cambio de información relevante que contribuya a la captura del sacerdote.
Aún tiene el juicio pendiente por pornografía infantil y el abuso sexual contra la hija de Rosa Meres.
Canales de ayuda
En caso de que seas testigo o víctima de violencia, puedes comunicarte con las líneas que te ofrecemos a continuación y reportar el caso para que las autoridades puedan ayudarte de inmediato:
- Línea 100
- Chat 100
- Acudir a un Centro de Emergencia Mujer
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