
Antes de convertirse en animales domésticos, los gatos llevaban una vida salvaje: subían a los árboles, cazaban y se desenvolvían en un entorno primitivo. Actualmente habitan en nuestros hogares, aunque mantienen muchas de sus conductas naturales, como estirarse, rasguñar y afilar sus uñas.
¿Por qué los gatos rascan nuestros muebles? Los gatos domésticos rasguñan muebles cuando hay niños pequeños en casa, sesiones de juego prolongadas, alta actividad nocturna y rasgos de agresividad o conducta disruptiva, según un estudio que buscó explicar por qué ese comportamiento natural se intensifica en algunos hogares y cómo puede reducirse.
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La investigación, publicada en la revista Frontiers in Veterinary Science, se basó en una encuesta a 1.200 propietarios de gatos en Francia. El trabajo fue realizado por departamentos de psicología de universidades de Turquía, Canadá, Portugal y Francia.
El hallazgo central no cuestiona el rascado como conducta natural. Veterinarios señalan que ese comportamiento permite a los gatos estirar los músculos, eliminar residuos de las uñas, liberar energía y marcar territorio.

Loana Mairis Contreras Polanco, académica de la Facultad de Estudios Superiores, plantel Cuautitlán, de la Universidad Nacional Autónoma de México. “De hecho, estas actividades son métodos para relajarse, marcar su territorio e incluso para marcar con feromonas que también tienen en sus patitas, no solo en la orina", añadió la académica universitaria.
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“Si en la naturaleza hacían todo eso y, en la actualidad, los metemos en un departamento de dos por dos, se estresarán y necesitarán liberar o canalizar toda esa energía acumulada”, completó la experta.
Por eso, con frecuencia, los gatos se adueñan de algún mueble para rascarlo, ya sea la mesa, una silla o nuestro sillón preferido.
El estudio vinculó el rascado con el estrés, la actividad y el entorno del gato

La evidencia identificó varios factores que aumentan el rascado de superficies en el hogar: la presencia de niños pequeños, el juego ininterrumpido y la actividad nocturna. También observó una mayor propensión a dañar muebles en gatos agresivos o disruptivos.
La explicación que propone el estudio apunta al estrés y la frustración. Las actividades de los niños pueden mantener al animal en estado de alerta, mientras que las sesiones largas de juego pueden derivar en sobreestimulación.
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Sargirli Demirbas, investigadora veterinaria de la Universidad de Ankara y autora del estudio, dijo que el equipo encontró una asociación consistente entre el entorno y la conducta: “Observamos una clara relación entre ciertos factores ambientales y conductuales en el aumento del rascado en los gatos”.
El trabajo se centró en el impulso de rascar muebles y en los contextos en que aparecía esa conducta. El objetivo, según la publicación, no es suprimirla, sino entender qué circunstancias la favorecen para redirigirla hacia materiales adecuados.
La recomendación es reducir el estrés y ofrecer alternativas de rascado

La respuesta práctica que surge del estudio es directa: si un gato rasguña los muebles, no se trata solo de una manía ni de desobediencia, sino de una conducta influida por su nivel de activación, su entorno cotidiano y su forma de manejar el estrés.
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El estrés felino también puede manifestarse con otras señales, entre ellas agresividad, aumento del apetito, sensibilidad al ruido, diarrea y exceso de acicalamiento. Esos indicadores amplían el problema más allá del daño visible en sillones, sillas o colchones.
Colocar rascadores en zonas por donde el gato transita con frecuencia o cerca de su lugar de descanso preferido, o el uso de feromonas, por ejemplo, puede reducir los arañazos en los muebles.

“Proporcionar escondites seguros, puntos de observación elevados y amplias oportunidades de juego también puede ayudar a aliviar el estrés y a involucrar al gato en actividades más constructivas”, señaló Salgirli Demirbas. La clave está en establecer varias sesiones de juego cortas que imiten situaciones de caza exitosas.
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La lógica detrás de esa recomendación es que, cuanto mayor sea el entretenimiento o el gasto energético diario del felino, menor será el rascado de muebles. El estudio plantea que una mejor comprensión de cómo los gatos procesan el estrés puede ayudar a sus dueños a encauzar esa actividad hacia superficies apropiadas y mejorar la convivencia entre animales y humanos.
Consejos para evitar que el gato arañe muebles y alfombras
- Colocar rascadores adecuados junto a las zonas donde los gatos suelen arañar, como el costado de los sofás, para redirigir el comportamiento hacia superficies apropiadas.
- Ofrecer alternativas similares a las superficies preferidas para arañar, por ejemplo, rascadores verticales con texturas y relieves o rascadores de cartón para gatitos o gatos mayores.

- Elegir rascadores de altura suficiente para permitir que los gatos se estiren completamente al rascar.
- Proporcionar al menos un rascador por gato, más uno adicional, distribuidos en distintos puntos del hogar, especialmente en casas con varios gatos.
- Fijar paneles rascadores en las paredes si el espacio es limitado, utilizando alfombras de tejido rizado o paneles de sisal, corteza o cartón corrugado.
- Aplicar feromonas felinas sintéticas para aportar una sensación de seguridad y reducir el marcaje territorial mediante arañazos.
- Recortar las uñas regularmente para prevenir daños inmediatos, especialmente en gatos mayores que no pueden rascar con facilidad.
- No intentar eliminar el comportamiento de arañar, sino fomentar el uso de superficies diseñadas específicamente para este fin.
Finalmente, los expertos recomiendan no castigar a los gatos. El arañado responde a necesidades naturales, como el cuidado de las garras o la comunicación. Castigar este comportamiento genera confusión. Si el arañado excesivo se relaciona con ansiedad o inseguridad, el castigo incrementa el malestar y puede agravar el problema.
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