
A medida que los gatos envejecen pueden desarrollar problemas de salud relacionados con la edad, igual que las personas. Con el tiempo, sus órganos funcionan con menos eficacia y su sistema inmunológico pierde fuerza. Uno de los trastornos estudiados es la demencia o disfunción cognitiva, una condición que afecta la memoria y el comportamiento de los gatos mayores, y cuyos síntomas son similares a los del Alzheimer y la demencia en humanos.
Se suele creer que los gatos son inmunes al deterioro mental en la vejez o no lo sufren tanto como los perros. La ciencia veterinaria acumulada en los últimos años revela que los felinos sí desarrollan disfunción cognitiva, el equivalente animal de la demencia humana, aunque con una particularidad que distorsiona la percepción: sus síntomas son más difusos, menos llamativos y aparecen a partir de los 10 a 15 años del gato.
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El Centro de Salud Felina de Cornell, vinculado a la Universidad de Cornell de EE.UU., advirtió que los síntomas de disfunción cognitiva en gatos suelen volverse perceptibles a partir de los 10 años. La alternancia en los marcadores de inicio y progresión diferencia este trastorno del observado en perros.
Estudios señalaron que el 28% de los gatos entre 11 y 14 años desarrolló al menos un problema conductual vinculado a la edad avanzada. Esa proporción supera el 50% en mayores de 15 años. Otro estudio reveló que, a los 15, más de la mitad de los gatos presentaban signos de demencia.
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En cambio, la demencia se inicia antes y con mayor frecuencia en los perros. Según la veterinaria Tracey Taylor de la Universidad de Adelaida, “algunos estudios sugieren que hasta el 60% de los perros mayores, en su mayoría mayores de once años, padecen demencia canina”.
Aunque se desconoce la causa precisa del síndrome, las hipótesis actuales citan la disminución del flujo sanguíneo cerebral y el daño crónico por radicales libres como posibles factores, según afirman desde el Centro de Salud Felina de Cornell.
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Según explica la Real Escuela de Estudios Veterinario de la Universidad de Edimburgo, Escocia, un equipo de investigación dirigido por médicos del Hospital para Pequeños Animales ha descubierto que los cerebros de los gatos que padecen esta afección presentan una acumulación de la proteína tóxica beta-amiloide, una de las características definitorias de la enfermedad de Alzheimer en los humanos.
De acuerdo con los expertos, sus hallazgos ofrecen una visión más clara de cómo la proteína beta-amiloide puede provocar disfunción cerebral relacionada con la edad y pérdida de memoria en los gatos.
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Ocho conductas que podrían indicar demencia en gatos mayores

Las profesoras Emily Blackwell y Sara Lawrence-Mills de la Universidad de Bristol detallaron en The Conversation que los primeros indicios de disfunción cognitiva suelen manifestarse a través de cambios de comportamiento. Identificaron ocho signos relevantes:
- Vocalizaciones inusuales: maullidos nocturnos
- Alteraciones en la interacción social: mayor dependencia o irritabilidad
- Cambios en el patrón de sueño: inquietud nocturna y sueño diurno
- Eliminación inadecuada fuera de la caja de arena
- Desorientación espacial: quedarse atrapado, deambular o mirar sin expresión
- Fluctuaciones en la actividad física: juego reducido o menor aseo
- Incremento de la ansiedad: esconderse en situaciones familiares
- Dificultades para aprender nuevas tareas o recordar rutinas básicas como la ubicación del plato de comida.
Recomendaciones para ralentizar el deterioro cognitivo en gatos

Según el Centro de Salud Felina de Cornell, los tutores pueden desempeñar un papel importante en el retraso del avance de la senilidad felina y las discapacidades que la acompañan.
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Entre sus sugerencias se incluyen:
- Alimentar al gato mayor con una dieta rica en vitamina E y antioxidantes, sustancias que se cree que retrasan los efectos del envejecimiento
- Evitar introducir otro animal en el hogar cuya presencia pueda resultar estresante para el gato
- Asegurarse de que las cajas de arena sean accesibles, con bordes bajos para facilitar el acceso.
- Si el gato mayor tiene dificultades para subir y bajar escaleras, se deben instalar rampas en toda la casa según sea necesario.
- Llevar al gato al veterinario para revisiones periódicas, de modo que los problemas de salud se detecten en sus primeras etapas, cuando son más tratables

De acuerdo a Emily Blackwell y Sara Lawrence-Mills, ciertas modificaciones ambientales pueden ayudar a estimular a los gatos, activando su cerebro y favoreciendo el crecimiento de sus nervios. Pero las profesoras aclaran que antes de realizar cualquier cambio, es importante considerar la gravedad de la demencia del gato.
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“En gatos sanos o levemente afectados, se cree que fomentar el juego o simular la caza con juguetes interactivos y estimular la exploración mediante juegos de escondite retrasa la progresión de la disfunción cognitiva", afirman, pero en gatos con deterioro cognitivo grave, cambiar su entorno podría provocar confusión y ansiedad, empeorando así los síntomas de comportamiento.
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