
"El gato se puso de moda y está aumentando la cantidad de familias que los incorporan a su vida", asegura María Belén Villar, médica veterinaria del Laboratorio Labyes, y agrega: "Además, cada vez es más frecuente que personas que desean tener más de una mascota elijan entre distintos animales, y lo que más se ve son perros con gatos".
Pero ¿cómo hacemos para juntarlos por primera vez sin que ninguno salga lastimado?
"Estos procesos pueden llevar unos diez días, dependiendo de los caracteres individuales, y requieren de mucha paciencia", puntualiza Fernanda Banegas, veterinaria (M. P. 258) especialista de MisPichos.com, y agrega: "Si bien se necesita de paciencia y educación, perro y gato se pueden adaptar y vivir en paz".
Aquí, algunos consejos de ambas veterinarias para que la adaptación sea un éxito:
x Si es posible permití que se olfateen con una puerta de por medio. Después comenzá a juntarlos por períodos cortos hasta que veas que alguno de los dos se pone impaciente.
x El lugar debe ser amplio y tener espacios donde el gato se pueda trepar o esconder en caso de asustarse.
x Dejalos que se miren y se huelan en libertad. No obstante, es recomendable tener al perro atado para evitar alguna reacción inesperada.
x No cometas el error de dividir tu casa en zonas para cada animal.

x Si bien no se recomienda dividir la casa, sí es conveniente que el gato tenga un lugar privado para hacer sus necesidades y para comer. No tanto porque el perro le quite su alimento, sino porque los felinos son muy territoriales y necesitan tener control sobre esos espacios.
x Es clave no dejarlos solos –sin supervisión– los primeros días. Si bien el perro, por tamaño, puede salir ganando en una pelea, el gato es muy peligroso y puede lastimar seriamente los ojos.
x Si bien es ideal que convivan desde pequeños, las perras son más proclives a aceptar a los gatos que los machos. No obstante, todo depende del temperamento de cada animal.
x Si uno de los dos (o ambos) muestra hostilidad hacia el otro, lo recomendable es retarlos, llamarlos por su nombre y darles la orden de "no" (un golpe de diario en el piso o una botella también sirven, incluso un suave golpe en el hocico). No más. Hacen eso para marcar su territorio, manifestar que ese era su lugar, su casa, su amo y ahora lo tienen que compartir. Pero aprenden, con el tiempo aprenden y llegan a ser grandes amigos.
Texto. Redacción Para Ti. Fotos. 123RF.
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