
En el claustro viejo de la Universidad de Oviedo, una estatua preside el espacio desde un podio, un hombre sentado en un sillón doctoral con gesto severo y un pergamino en la mano derecha. Quienes se detienen frente a la figura suelen reconocer al fundador de la institución. Pocos saben que ese mismo hombre, como inquisidor general, firmó el Índice de libros prohibidos y ordenó autos de fe que marcaron la historia religiosa de España. Su nombre era Fernando de Valdés, y en el pequeño municipio asturiano de Salas se conserva uno de los mausoleos renacentistas más notables de España, obra del escultor que talló las tumbas de Carlos I y Felipe II en El Escorial.
A unos 45 kilómetros de Oviedo, entre montañas y el murmullo del río Nonaya, se levanta el pueblo donde nació Valdés. Estudió derecho canónico en Salamanca y sirvió a Carlos V y Felipe II en los consejos más altos de la monarquía. Llegó al arzobispado de Sevilla y a la presidencia del Consejo de Castilla, y en 1547 alcanzó el cargo de inquisidor general, la cúspide del poder eclesiástico de su época.
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Un pueblo de 1.500 habitantes construido a la sombra de un castillo
Salas, conocida como la “Puerta del Occidente” asturiano, tiene unos 5.500 habitantes en todo el concejo, aunque el núcleo urbano concentra apenas 1.500. La villa creció a los pies de un antiguo castillo y hoy conserva calles empedradas, soportales de piedra y un silencio que solo interrumpen los peregrinos que cruzan camino de Santiago.

La plaza del Ayuntamiento resume en pocos metros la historia de la familia que dio nombre a la villa. A un lado se levantan la Torre y el Palacio de los Valdés-Salas, unidos por un puente adornado con el escudo familiar. Al otro, la Colegiata de Santa María la Mayor. La casa consistorial, de 1900, completa la escena como la incorporación más reciente de un conjunto que exhibe siglos de poder acumulado.
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La Torre, del siglo XIV, es maciza y defensiva, con apenas aberturas más allá de las saeteras. Su sótano funcionó como mazmorra, y las plantas superiores hoy albergan el Museo Prerrománico San Martín. Junto a ella, el Palacio, del siglo XVI, conserva dos torres y un patio central. Según el Ayuntamiento de Salas, el edificio alberga hoy la oficina de turismo, la Casa de Cultura y un pequeño hotel.
El mausoleo de alabastro que talló Pompeyo Leoni entre 1576 y 1582
La Colegiata, de estilo gótico con elementos renacentistas, fue ordenada construir por Valdés a mediados del siglo XVI como panteón familiar. En 1894, bajo la titularidad de los duques de Alba, se cedió como iglesia parroquial, aunque conserva por costumbre el nombre de colegiata. Su fachada es sobria y no anticipa lo que guarda en el interior.
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Allí se encuentra el mausoleo de Fernando de Valdés, obra del escultor milanés Pompeyo Leoni, autor también de los conjuntos funerarios de Carlos I y Felipe II en El Escorial. Realizado en alabastro entre 1576 y 1582, el Ayuntamiento de Salas lo describe como la manifestación escultórica más notable legada por el Renacimiento a la región asturiana.
La obra se lee de abajo hacia arriba, como un relato biográfico. En el cuerpo inferior aparece el escudo familiar junto a epitafios que describen a Valdés como “varón muy religioso y severo perseguidor de la herética”. En el centro, el arzobispo aparece arrodillado ante un reclinatorio, rodeado de familiares eclesiásticos, con una Resurrección de Cristo al fondo. Arriba, la Fe pisa a la Herejía, mientras en su mano izquierda arde un libro, síntesis de la doctrina que guio su vida.
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Fernando de Valdés murió sin ver terminada la obra que definiría su legado en piedra. Prohibió libros y persiguió herejes, pero también financió con su fortuna la fundación de la Universidad de Oviedo. Esa contradicción, tallada en alabastro por Leoni hace más de cuatro siglos, sigue recibiendo hoy a quienes cruzan la plaza del Ayuntamiento de Salas.
Cascadas, un tejo milenario y un dulce con historia propia

El concejo ofrece además atractivos alejados del casco histórico. La senda de la cascada del Nonaya, de poco más de seis kilómetros entre ida y vuelta, atraviesa bosques de robles y alisos hasta un salto de agua rodeado de puentes de piedra centenarios. Desde el mirador del Viso, a pocos minutos en coche, la vista alcanza los Picos de Europa en días claros. Cerca de la villa, en la iglesia prerrománica de San Martín, crece un tejo de 15 metros declarado Monumento Natural.
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Quien busque algo dulce puede probar los Carajitos del Profesor, un pastel típico creado en 1918 en una pastelería que aún funciona en el centro de Salas y que se convirtió en seña de identidad local. A pocos kilómetros, los pueblos de Maeza y Maecina conservan casas indianas del siglo XIX que dieron a la zona el apodo de “la pequeña Habana” asturiana.
Cómo llegar a Salas
Salas se encuentra a unos 45 kilómetros de Oviedo por la autovía A-63 y la N-634, un trayecto de aproximadamente 45 minutos en coche. También existe conexión en autobús, con varios servicios diarios entre ambas localidades. Las visitas a la Colegiata se gestionan a través de la Oficina de Información y Turismo, instalada en el propio Palacio de Valdés-Salas.
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