
El papa León pidió al Señor “que el deporte sea siempre encuentro y no de exclusión, camino de paz y no de violencia” (Vatican News 2/06/26, Red Mundial de Oración antes del Mundial de Fútbol).
Episodios que humillan el verdadero significado de la competición
A propósito del reciente mundial de fútbol, nuestra nota toma y sintetiza algunas enseñanzas de quien podría ser calificado como el santo de los deportistas, san Juan Pablo II.
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“Por desgracia —decía el santo—, algunas veces en el ámbito deportivo suceden episodios que humillan el verdadero significado de la competición y no solo afectan a los atletas, sino también a la comunidad. En particular, el apoyo apasionado al propio equipo no puede llegar nunca a ofender a las personas o a dañar los bienes de la colectividad. Toda competición deportiva debe conservar siempre el carácter de una diversión sana y relajante”. (San Juan Pablo II ante la Sociedad Deportiva Lazio)
No dar cabida a objetivos que ignoran la centralidad de la persona humana
“El deporte es seguramente uno de los fenómenos importantes que, con un lenguaje comprensible a todos, puede comunicar valores muy profundos. Puede ser vehículo de elevados ideales humanos y espirituales cuando se practica con pleno respeto de las reglas; pero no alcanza su auténtico objetivo cuando da cabida a otros intereses que ignoran la centralidad de la persona humana”.
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El rostro y el alma del deporte
La actividad deportiva, además de destacar las ricas posibilidades físicas del ser humano, también pone de relieve sus capacidades intelectuales y espirituales. No es mera potencia física y eficiencia muscular; también tiene un alma y debe mostrar su rostro integral. Por eso, el verdadero atleta no debe dejarse arrastrar por la obsesión de la perfección física, ni ha de dejarse subyugar por las duras leyes de la producción y del consumo, o por consideraciones puramente utilitaristas y hedonistas.
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“Antagonismo o agonismo”
Las potencialidades del fenómeno deportivo lo convierten en instrumento significativo para el desarrollo global de la persona y en factor utilísimo para la construcción de una sociedad más a la medida del ser humano. El sentido de fraternidad, la magnanimidad, la honradez y el respeto del cuerpo —virtudes indudablemente indispensables para todo buen atleta— contribuyen a la construcción de una sociedad civil donde el antagonismo cede su lugar al agonismo (en el sentido de lucha a muerte y por cualquier medio), el enfrentamiento al encuentro y la contraposición rencorosa a la confrontación leal. Entendido de este modo, el deporte no es un fin, sino un medio; puede transformarse en vehículo de civilización y de genuina diversión, estimulando a la persona a dar lo mejor de sí y a evitar lo que puede ser peligroso o gravemente perjudicial para sí misma o para los demás.
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“¿Ideales nobles o solo el lucro?”
“Por desgracia, son muchos, y cada vez se van haciendo más evidentes, los signos de malestar que a veces ponen en tela de juicio los mismos valores éticos en los que se funda la práctica deportiva. En efecto, junto a un deporte que persigue ideales nobles, hay otro que busca solo el lucro; junto a un deporte que une, hay otro que separa”.
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“El deporte, a la vez que favorece el vigor físico y templa el carácter, no debe apartar jamás de los deberes espirituales a cuantos lo practican y aprecian. Según palabras de san Pablo, sería como si uno corriera solo ‘por una corona que se marchita’, olvidando que los cristianos nunca pueden perder de vista ‘la que no se marchita’ (cf. 1 Co 9, 25). La dimensión espiritual debe cultivarse y armonizarse con las diversas actividades de distracción, entre las cuales se incluye también el deporte”. (Jubileo de los Deportistas, Discurso de Su Santidad el Papa Juan Pablo II a los participantes en el Congreso Internacional sobre el Deporte. Roma, sábado 28 de octubre de 2000.)
El fútbol (y el deporte en general) es casi “como un signo de los tiempos”
El deporte en el mundo actual, nos dice el papa Wojtyla, “…durante estos últimos años ha ido desarrollándose cada vez más como uno de los fenómenos típicos de la modernidad, casi como un ‘signo de los tiempos’ capaz de interpretar nuevas exigencias y nuevas expectativas de la humanidad. El deporte se ha difundido en todos los rincones del mundo, superando la diversidad de culturas y naciones. A causa de la dimensión planetaria que ha adquirido esta actividad, es grande la responsabilidad de los deportistas en el mundo. Están llamados a convertir el deporte en ocasión de encuentro y de diálogo, superando cualquier barrera de lengua, raza y cultura. En efecto, el deporte puede dar una valiosa aportación al entendimiento pacífico entre los pueblos y contribuir a que se consolide en el mundo la nueva civilización del amor”.
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Convocatoria a un examen de conciencia
“El gran jubileo del año 2000 —decía el papa Juan Pablo II— invita a todos y a cada uno a emprender un serio camino de reflexión y conversión. ¿Puede el mundo del deporte eximirse de este providencial dinamismo espiritual? No. Al contrario, precisamente la importancia que el deporte tiene hoy invita a cuantos participan en él a aprovechar esta oportunidad para hacer un examen de conciencia. Es importante constatar y promover los numerosos aspectos positivos del deporte, pero también es necesario captar las diferentes situaciones negativas en las que puede caer. Las potencialidades educativas y espirituales del deporte deben llevar a que los creyentes y los hombres de buena voluntad se unan y contribuyan a superar cualquier desviación que pudiera producirse en él, considerándola un fenómeno contrario al desarrollo pleno de la persona y a su alegría de vivir. Hay que proteger con esmero el cuerpo humano de cualquier atentado contra su integridad y de toda forma de explotación e idolatría. Es preciso estar dispuestos a pedir perdón por lo que en el mundo del deporte se ha hecho o se ha omitido, en contraste con los grandes compromisos asumidos. Quiera Dios que esta verificación ofrezca a todos —directivos, técnicos y atletas— la ocasión de encontrar un nuevo impulso creativo y estimulante, para que el deporte responda, sin desnaturalizarse, a las exigencias de nuestro tiempo: un deporte que tutele a los débiles y no excluya a nadie, libere a los jóvenes del riesgo de la apatía y de la indiferencia, y suscite en ellos un sano espíritu de competición; un deporte que sea factor de emancipación de los países más pobres y ayude a eliminar la intolerancia y a construir un mundo más fraterno y solidario; un deporte que contribuya a hacer que se ame la vida y que eduque para el sacrificio, el respeto y la responsabilidad, llevando a una plena valorización de toda persona humana”.
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El fútbol y los demonios
“En cuanto al fútbol, se trata de una actividad que pueden practicar todos, desde los niños hasta los adultos, y que, por su capacidad de asociación, crea un espectáculo apreciado en el marco de un clima generalizado de fiesta. Por su índole popular, el fútbol responde a múltiples expectativas y ofrece un entretenimiento sereno tanto a aficionados como a familias enteras. Sin embargo, a veces se convierte en ocasión de enfrentamientos, con preocupantes episodios de intolerancia y agresividad, y desemboca en graves manifestaciones de violencia. ¡Qué importante es entonces recordar el necesario respeto de la ética deportiva! ¡Cuán urgente es la responsabilidad de los directivos, de los atletas, de los cronistas y de los aficionados! Pienso, sobre todo, en los atletas que tienen ante sí un público, especialmente formado por jóvenes, que los ve como modelos para imitar. Con su ejemplo pueden transmitir mensajes de alto valor humano y espiritual. Al contrario, los comportamientos incorrectos causan efectos nocivos que, por desgracia, se amplifican con una resonancia negativa imprevisible. Siempre hay que ser conscientes de esto.
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En efecto, el fútbol es un deporte de alcance mundial, y esto es mucho más evidente aún en la actualidad debido al gran interés popular y a la cobertura de los medios de comunicación social con que se sigue el deporte. Vuestra responsabilidad —dice Wojtyla— tiene una dimensión mundial, ya que más de doscientos países y ciento veinte millones de jugadores forman parte de vuestra asociación. Tenéis un inmenso poder y debéis usarlo para el bien de toda la familia humana”.
El mal uso de las redes sociales para demonizar el fútbol
“Ciertamente, sois administradores; pero también sois educadores, dado que el deporte puede transmitir efectivamente muchos valores elevados, como la lealtad, la amistad y el espíritu de equipo. Es muy importante tener presente esto en un tiempo en que el fútbol se ha convertido, por decirlo así, en una industria mundial. Es verdad que el éxito financiero del fútbol puede ayudar a sostener nuevas y valiosas iniciativas, como el ‘Proyecto Caridad’ de la FIFA. Pero también puede contribuir a una cultura del egoísmo y de la avidez. Por este motivo hay que poner de relieve los valores más nobles del deporte y darlos a conocer mediante los organismos representados en vuestra federación”.
La “Campaña de juego limpio” de la FIFA
“Como deporte practicado por personas de diferentes ámbitos étnicos, raciales, económicos y sociales, el fútbol es un excelente medio para promover la solidaridad, tan necesaria en un mundo profundamente afectado por tensiones étnicas y raciales. La ‘Campaña de juego limpio’ de la FIFA es un signo positivo de que queréis hacer lo que está de vuestra parte para que con el deporte se pueda crear un clima de respeto y comprensión entre los pueblos”.
“El deporte es educativo, porque transforma los impulsos humanos, incluso los potencialmente negativos, en buenos propósitos. Los jóvenes aprenden a desarrollar un sano espíritu de lucha, sin conflictos. Aprenden a competir en un campo, donde su adversario no es su enemigo. Por esta razón, expreso mi más viva esperanza de que la FIFA siga afrontando en todos los niveles el problema de la violencia, que tanto perjudica al deporte”.
“De hecho, el fútbol, tan importante para enseñar a afrontar los grandes desafíos de la vida, sigue siendo un deporte. Es una forma de juego, simple y complejo a la vez, en el que la gente siente alegría por las extraordinarias posibilidades físicas, sociales y espirituales de la vida humana. Sería muy triste si un día se perdiera el espíritu del juego y el sentido de la alegría de la competición noble. Vosotros sois los guardianes del espíritu auténtico del juego. Habéis elegido como vuestro lema las palabras: ‘Por el bien del juego’. Sin duda, el bien del juego también puede ser una parte importante del bien del mundo. Como prenda de que el Todopoderoso os acompaña en esta tarea, invoco sobre vosotros y sobre quienes representáis los dones divinos de paz y alegría. Dios os bendiga a todos”.
Cuando el “juego limpio” es un espacio que “ensucia” a niños y jóvenes
En las hinchadas del fútbol, entre la pasión y el desenfreno, a la par del desahogo de sentimientos sanos y de gozo deportivo, se desarrolla el mal. No en la cancha sino en las tribunas. Las denominadas “barras bravas” poco a poco se hicieron asociaciones ingobernables que, debajo de la camiseta y las banderas, ocultaban negocios millonarios e ilegales. Los fuertes cánticos no dejan oír las transacciones. Así ingresan las drogas, la venta de entradas no oficiales y las apuestas clandestinas. Sin perjuicio de otros kioscos menores como el alquiler de puestos de venta de comidas (choripán, empanadas, etc.) que pululan muy bien organizados por los alrededores, cobro de estacionamiento y otras actividades marginales.
A las enseñanzas de san Juan Pablo II y a lo dicho respecto de la campaña de la FIFA titulada “Por el bien del juego”, que está referido al juego de los planteles, el negocio de los jugadores, los reglamentos, etc., habría que agregar una campaña contra los demonios que contaminan a quienes participan como espectadores. Por el bien del juego y la salud de la población que concurre a los estadios de fútbol, es responsabilidad de las organizaciones y del Estado combatir un mal que se extiende a toda la población y en especial a los menores, que son la mayoría, limitando que se ensucien aquellos que concurren a disfrutar del “juego limpio” y no están vacunados contra la cocaína.
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