
“La mayor valentía consiste en seguir adelante cuando todo grita que te detengas”. Anónimo.
¿Y ahora? ¿Qué mierda hacemos?
PUBLICIDAD
Se suponía que desde esta cumbre veríamos las praderas verdes de Chile, la chimenea humeante de alguna casa perdida, o incluso un pueblito donde conseguir ayuda. Pero no. Lo único que se ve son más cumbres, más nieve, más nubes, más blanco. Un horizonte que se ríe en mi cara. Nada más.
Es el final.
¿Para qué peleamos durante sesenta días por sobrevivir en medio de la cordillera sin alimentos ni abrigo? ¿Por qué no nos habremos entregado para morir junto con nuestros familiares y amigos? ¿Para qué llegamos a esta maldita cumbre, donde apenas se puede respirar, con la esperanza absurda de encontrar una salida?
PUBLICIDAD
La cara de Roberto lo dice todo. Calculo que la mía se verá igual, una calavera con piel y barba. Su mirada, que todavía brillaba cuando empezamos esta expedición salvadora, se apagó. Hace días que dejamos de ser personas.
Game over. Se terminó.
Me siento sobre una roca grande y el cuerpo me lo agradece como si fuera una cama. Me cuesta respirar. Calculo que estamos a más de cuatro mil metros de altura y el aire que respiro no sirve de mucho porque le falta oxígeno.
Es un extraño privilegio poder observar el lugar donde uno va a morir. ¿Cómo será mi muerte? ¿Al caer por una grieta? ¿De inanición? ¿Congelado? ¿Resbalando por un precipicio?
PUBLICIDAD
Pasan por mi mente miles de escenas de los dos meses que llevamos perdidos en la cordillera. La alegría que teníamos al salir de Uruguay, las turbulencias durante vuelo, cuando el avión empezó a perder altura, el impacto contra las montañas, la rotura del fuselaje, los gritos ahogados, el caos, la sensación de asfixia, el sonido del viento, el silencio espantoso.
No sé nada de los primeros días posteriores a estrellarnos. Debo haber estado en coma, porque me dieron por muerto y por eso me dejaron a la intemperie. Qué ironía, el frío no solo no me mató, sino que fue el antinflamatorio que necesitaba mi cerebro para despertar, porque seguramente tendría conmoción cerebral.
PUBLICIDAD
Cuando lo hice, mi mamá y mi mejor amigo estaban muertos. Mi hermana agonizaba y dos días después, ella también murió en mis brazos.
Entonces escuchamos el anuncio de que se suspendía la búsqueda del avión.
El hambre se volvió extremo, al igual que el frío.
Tuvimos que tomar la decisión de alimentarnos de los cuerpos de nuestros compañeros muertos.
Algunos sobrevivimos por segunda vez cuando una avalancha nos sepultó y mató a más chicos.
¿Superamos todo esto para morir así? ¿Sobrevivimos a este infierno blanco para venir a morir acá?
Vuelvo a mirar a Roberto. Está entregado. Yo debo estar igual aunque me cuesta aceptarlo.
Los tres jeans, tres sweaters y cuatro pares de medias que llevo puestos no van a resistir muchos más días de caminata en la nieve. Ni siquiera sabemos hacia dónde seguir. Ni hablar de los pedacitos de carne que trajimos, en el mejor de los casos alcanzarán para un par de días. ¿Y después?
PUBLICIDAD
Pienso en volver al fuselaje del avión. Al menos ahí podré estar con mis compañeros, abrazarnos, llorar, contarnos historias, rezar, y sobre todo, acompañarnos hasta el final.
No quiero morir.
Mi cabeza sigue buscando alternativas que la realidad destroza sin miramientos desde hace dos meses.
—¿Qué pensás? —le pregunto a Roberto como queriendo evadirme de mis pensamientos.
—Que solo podemos elegir cómo morir.
Lo miro sin querer entender.
—Si queremos morir esperando, en el fuselaje del avión, compartiendo nuestros últimos momentos con los compañeros, o si preferimos morir caminando.
Cuando Roberto se calla, el silencio vuelve a ser absoluto. Solo se escucha el silbido del viento atravesando la cordillera.
Siento la nieve en los pies y el frío del viento que sopla entre las montañas a nuestro alrededor, y sé que no hay vuelta atrás.
PUBLICIDAD
Entonces me pongo de pie y miro a los ojos de esa cara escuálida:
—Yo voy a morir caminando.
***
¿Y vos? ¿Cómo querés vivir?
* Juan Tonelli es escritor y speaker, autor del libro “Un paraguas contra un tsunami”. www.youtube.com/juantonelli
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Cuatro delincuentes asaltaron a un jubilado en su casa de La Plata mientras miraba el partido de Estudiantes por Copa Libertadores
Ocurrió el jueves en una vivienda de avenida 13 entre 33 y 34. La víctima tiene 72 años. Lo ataron y lo amenazaron de muerte durante casi una hora

La Masacre de Flores según Campanella: un asesino que prendió fuego a una familia entera y el sobreviviente que renació tres veces
En febrero de 1994, un familiar que reclamaba una deuda millonaria roció la casa de los Bagnato con combustible y desencadenó una tragedia. Matías Bagnato tenía 16 años y ahora está cerca de los 50: cuenta su historia en una nueva serie producida por el director de “El secreto de sus ojos”

Dos heridos en accidentes en CABA: un colectivo y un auto chocaron cerca del Obelisco y un camión quedó destrozado en una autopista
Las colisiones ocurrieron durante la mañana del sábado, uno en 9 de Julio y Santa Fe que dejó como saldo dos hospitalizados, y el otro en la autopista 9 de Julio Sur donde un camionero logró salir ileso a pesar de los daños de su vehículo

Crimen de Nancy Godoy: dictaron prisión preventiva para los acusados mientras el cuerpo sigue sin aparecer
Se trata de Ireneo Zarza, Nahuel Rojas y Felipe Sandoval, acusados del delito de femicidio. El listado lo completan Rosa Leguizamón, imputada de homicidio simple, y Ernesto Ezequiel Bordón, preso por falso testimonio

Neuquén: atropelló a un jubilado, lo mató, huyó y sus allegados agredieron a un comerciante que quiso ayudar
Ocurrió el 5 de octubre pasado. La víctima tenía 70 años. La secuencia quedó registrada por una cámara de seguridad. El negocio del vecino que intentó evitar la fuga sufrió daños importantes. El video



