¿De qué hablamos cuando hablamos de soberanía tecnológica?

El desafío para nuestra región no pasa por elegir entre apertura o aislamiento, sino por desarrollar capacidades propias para participar de la economía digital en mejores condiciones

Guardar
Mapa de América del Sur y parte de América Central y del Norte rodeado por edificios de servidores conectados con líneas de luz azul y un escudo de seguridad
(Imagen Ilustrativa Infobae)

La discusión sobre la soberanía ya no se limita al territorio o a los recursos naturales. En una economía cada vez más digital también depende de quién controla la infraestructura tecnológica, dónde se almacenan los datos, cómo se produce la energía que alimenta los centros de datos y qué capacidades tienen los países para desarrollar y gobernar estas tecnologías. La soberanía tecnológica plantea una pregunta concreta: ¿cómo participar de la transformación digital sin depender completamente de decisiones tomadas por otros?

Una discusión mucho más amplia que la tecnología

La soberanía tecnológica no significa fabricar todas las computadoras ni desarrollar cada aplicación dentro de un país. Se trata de construir capacidades para decidir sobre infraestructuras y tecnologías de las que dependen los servicios públicos, la economía, la seguridad o la innovación. Es una discusión que incluye cuestiones tan diversas como semiconductores, centros de datos, computación en la nube, telecomunicaciones, ciberseguridad, gobernanza de datos y energía, entre muchas otras.

PUBLICIDAD

Estados Unidos impulsó la ley CHIPS and Science Act para fortalecer la producción de semiconductores; la Unión Europea aprobó las leyes Data Act y Data Governance Act y promovió iniciativas como Gaia-X y EuroHPC; India desarrolló India Stack como infraestructura pública digital, mientras China sostiene desde hace años una estrategia para ampliar sus capacidades tecnológicas. Las herramientas son distintas, pero responden a una misma preocupación: fortalecer capacidades propias.

Los datos también son infraestructura

Los datos son uno de los principales insumos de la economía digital. Por eso, la gobernanza de datos consiste en proteger la privacidad y en definir cómo se recolectan, almacenan, comparten y utilizan. Para la UNESCO esta agenda es cada vez más relevante, porque la calidad de los datos condiciona el desarrollo de nuevas tecnologías y plantea desafíos de seguridad, interoperabilidad y transparencia. Lo mismo ocurre con los datasets utilizados para entrenar modelos de inteligencia artificial. Si esos conjuntos de datos no reflejan las instituciones, la legislación o las particularidades culturales de una región, los resultados también serán limitados.

PUBLICIDAD

Según el PNUD, existen cerca de 10.000 centros de datos distribuidos en 164 países. América Latina y el Caribe concentra apenas el 4,8% de esa infraestructura mundial, frente al 38,5% de Estados Unidos. Brasil reúne el 37,2% de los centros de datos de la región y alberga los únicos dos hiperescaladores existentes en América Latina, mientras Argentina representa solo el 6,8%. Los datos muestran que la nube nunca es completamente virtual y que la información siempre se almacena y procesa en una o varias jurisdicciones determinadas con infraestructura física, energía y conectividad.

Construir capacidades

Para Argentina y América Latina el desafío no pasa por elegir entre apertura o aislamiento, sino por desarrollar capacidades propias para participar de la economía digital en mejores condiciones. Eso implica invertir en infraestructura, fortalecer la gobernanza de los datos, formar talento e impulsar instituciones capaces de acompañar la innovación. La soberanía tecnológica no implica hacer todo solos. Consiste en contar con las capacidades necesarias para decidir cómo, dónde y bajo qué reglas se incorporan las tecnologías que sostienen buena parte del desarrollo económico y la acción del Estado.