
Cada vez que se flexibilizan las importaciones y se impulsa la apertura de la economía, vuelve el mismo debate. Por un lado, están quienes sostienen -entre los que me incluyo- que la apertura comercial permite aumentar la competencia, mejorar la calidad de los productos y bajar los precios. Por el otro, quienes sostienen que las importaciones pueden provocar el cierre de empresas y la pérdida de puestos de trabajo. Estos últimos son los proteccionistas.
El problema es que la discusión suele estar mal planteada. La pregunta no debería ser cómo impedir que ingresen productos importados, sino por qué tantas empresas argentinas tienen dificultades para competir con ellos.
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Una economía no se vuelve competitiva cerrando la aduana. A lo sumo, puede ocultar durante un tiempo sus ineficiencias detrás de aranceles, prohibiciones, cupos, licencias y restricciones cambiarias. Pero esos mecanismos no eliminan los costos elevados: simplemente obligan al consumidor a pagar más caros los productos.
En última instancia, la mejora en el nivel de vida de la población surge de la mayor cantidad de bienes a los que puede acceder con su salario.
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Una economía no se vuelve competitiva cerrando la aduana. A lo sumo, puede ocultar durante un tiempo sus ineficiencias
La protección permanente termina funcionando como un subsidio que no aparece en el presupuesto. Lo paga el consumidor cuando compra ropa, electrodomésticos, automóviles, neumáticos o cualquier otro producto a un precio superior al internacional.
Además, cuanto menor es la competencia, menores son los incentivos para invertir, innovar, mejorar la calidad y reducir costos. Si un productor sabe que el consumidor no tiene alternativas, la presión por ser eficiente disminuye.
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Esto no significa que todas las empresas protegidas sean ineficientes ni que los empresarios argentinos carezcan de capacidad para ser competitivos. Significa que producen dentro de un sistema económico que los obliga a correr una carrera cargando una mochila que sus competidores extranjeros no tienen.
En el caso argentino, las diferentes intervenciones del gobierno para mantener atrasado el tipo de cambio y las pendientes reformas estructurales ponen fuera de combate a empresas que podrían ser competitivas en un contexto de apertura de la economía, si no cargaran con la mochila del costo argentino.
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En otras palabras, la apertura de la economía es fundamental para hacer más competitiva la economía y mejorar el nivel de vida de la población, pero el proceso de apertura requiere ciertos pasos previos.
Las diferentes intervenciones del gobierno para mantener atrasado el tipo de cambio y las pendientes reformas estructurales ponen fuera de combate a empresas que podrían ser competitivas
Este tema no es nuevo. En 1942, Ludwig von Mises fue invitado a México por un grupo empresario, que luego le pidió un informe sobre las reformas económicas que tenía que implementar México para salir de la pobreza y el estancamiento.
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Ese informe, de unas 50 páginas, fue publicado en un libro titulado: Selected Writings of Ludwig von Mises, Volume 3: The Political Economy of International Reform and Reconstruction.
En ese libro hay varios trabajos de Mises referidos, por ejemplo, a la Reconstrucción Europea de Postguerra, Los Principios Fundamentales de una Unión Pan Europea (un anticipo de la actual UE), Anteproyecto de Lineamientos para la Reconstrucción de Austria y, entre otros más, el mencionado paper sobre México.
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En ese informe sobre la apertura económica de México, Mises dice expresamente: “Aunque la política de apertura económica es la que mejor responde a los intereses de México -como también a los de cualquier otro país-, debemos reconocer que un cambio repentino causaría más perjuicios que beneficios. No sería conveniente implementar las reformas necesarias mediante medidas que, aunque beneficiosas a largo plazo, en el futuro inmediato provocarían más dificultades que ventajas”.
Y luego agrega: “Algunas de las industrias que ya existen en México pueden calificarse como autosuficientes. Aunque fueron creadas y se desarrollaron al amparo del proteccionismo, también podrán desenvolverse muy bien bajo un régimen de libre comercio. Este es especialmente el caso de las industrias textil y metalúrgica. La primera se ve favorecida por el bajo costo de la mano de obra; la segunda, por su proximidad a las minas.
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Algunas de las industrias que ya existen en México pueden calificarse como autosuficientes. Aunque fueron creadas y se desarrollaron al amparo del proteccionismo (Mises)
Un tercer grupo de industrias que se vería afectado en escasa medida por el libre comercio es el de aquellas que producen principalmente para la demanda local: por un lado, la producción de materiales para la construcción; por otro, las fábricas de cerveza y otras bebidas, las panaderías, las conserveras, las imprentas, entre otras actividades. No hay motivos para temer que alguna fábrica perteneciente a estos sectores se vea obligada a suspender la producción. Es cierto que algunas tendrán que reorganizar sus líneas productivas para alcanzar un mayor grado de especialización.
Un programa sólido de industrialización para México debe eliminar todos los derechos de importación. Sin embargo, en lo que respecta a los productos que ya son elaborados por fábricas existentes, los aranceles deben suprimirse mediante un proceso gradual. Cada año debería aplicarse una reducción arancelaria del 10%. De este modo, las empresas estarían en condiciones de adaptar sus operaciones al nuevo sistema de libre comercio” (las negritas son mías).
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En otras palabras, Mises, quien nadie puede negar que es el máximo exponente de la Escuela Austríaca de Economía, veía la apertura de la economía como un proceso gradual que terminaba de afianzarse al final de una serie de medidas.
Secuencia de reformas para abrir la economía
Lo primero que plantea Mises es un restablecimiento institucional en el que se debe garantizar la propiedad privada, el cumplimiento de contratos, el respeto por las deudas, la igualdad ante la ley y la seguridad para el capital nacional y extranjero.
Luego viene la estabilización fiscal y monetaria. Después siguen la desregulación de la economía y, finalmente, la apertura de la economía.
Algo parecido a lo que hizo Chile.
De las medidas que propone Mises, algunas de ellas está implementando el Gobierno como, por ejemplo, desregulaciones de la economía. El equilibrio fiscal lo consiguió, pero en ese punto hay todo un debate sobre cuán sostenible es en el tiempo la forma en que se implementó.
Basta con ver la caída de los ingresos tributarios en términos reales en los últimos 10 meses, salvo mayo, como para plantearse si el equilibrio fiscal será sostenible
Además, basta con ver la caída de los ingresos tributarios en términos reales en los últimos 10 meses, salvo mayo, como para plantearse si el equilibrio fiscal será sostenible.
Tipo de cambio, importaciones y competitividad
Otro debate se presenta en el flanco cambiario. Si se atrasa el tipo de cambio, se subsidian las importaciones y caen empresas que, como dice Mises, podrían competir en un mercado abierto.
En definitiva, mi preocupación es que una medida necesaria para el crecimiento económico como es la apertura de la economía pase a ser un término rechazado si no es implementada con reformas estructurales previas, como la impositiva y la falta de infraestructura (rutas, trenes, puertos, etc.).
En la época del 70 se argumentaba que se gastaban dólares en importar baratijas del sudeste asiático. En los 90 se decía que se importaba productos que se producían en el sudeste asiático con trabajadores que ganaban miserias y comían una taza de arroz por día.
Esos dichos populares nos llevaron a un cierre de la economía que perjudicó a la gente, por tener que comprar bienes de mala calidad y a precios altos.
En síntesis, apoyo plenamente la apertura de la economía, pero es necesario resaltar que, para que sea exitosa, debe hacerse no como forma de bajar el IPC, sino como política de largo plazo que aumenten la productividad de la economía.
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