
En diciembre de 2001, cuando Argentina declaró el default de su deuda pública, el stock total sumaba USD 144 mil millones.
Para cuando Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023, el stock de deuda pública sumaba USD 525 mil millones.
Es decir, en 22 años la deuda pública aumentó en USD 380 mil millones, equivalente a 50% del PBI. Tres de cada cuatro dólares de deuda pública se generaron en las últimas dos décadas.
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El aumento de la deuda pública responde al elevado déficit fiscal del período: 7% del PBI en 2015, pero llegó a 15% del PBI en 2023, una magnitud solo comparable con países en guerra.

Los distintos gobiernos peronistas elevaron la deuda pública en USD 321 mil millones entre 2001 y 2023, aun cuando hicieron renegociaciones de deuda con importantes quitas en 2005, 2010 y 2020.
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Entre 2002 y 2015 la deuda pública se elevó en USD 144 mil millones, principalmente en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner. Y luego un total de USD 177 mil millones durante el último gobierno de Alberto Fernández.

Por su parte, el gobierno de Cambiemos elevó el stock de deuda en USD 60 mil millones durante su gestión, principalmente con el FMI.
Durante la actual presidencia de Javier Milei, el ajuste fiscal al inicio de su mandato permitió equilibrar las cuentas públicas, por lo que la deuda dejó de crecer e incluso comenzó a bajar nominalmente. Hasta mayo, la deuda pública total descendió en USD 22.000 millones.
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Con el stock de deuda pública levemente a la baja, sumado a un PBI que retoma el crecimiento (4,4% el año pasado y 3,1% este año), el stock de deuda pública consolidada desciende a 67% del PBI. Una baja de 14 puntos porcentuales en tres años.

200 años y 10 default
Argentina declaró el default de su deuda pública unas diez veces en su historia: 1827, 1890, 1951, 1956, 1982, 1989, 2001, 2014, 2019 y 2020. Después del default de 2001, en particular, el Estado argentino entró en cesación de pagos de la deuda pública tres veces más:
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- En 2014: Cristina Fernández de Kirchner no reconoció el fallo del juez Griesa y dejó de pagar la deuda externa los últimos dos años de su mandato (2014-2015).
- En 2019: Mauricio Macri dejó de pagar la deuda en pesos. El Gobierno lo llamó “reperfilamiento”.
- En 2020: Alberto Fernández dejó de pagar la deuda externa y forzó una renegociación por USD 65.000 millones al inicio de su Gobierno.
Los recurrentes default de la deuda pública dejaron su registro en las notas de la deuda argentina, según las principales calificadoras de riesgo.
Los recurrentes default de la deuda pública dejaron su registro en las notas de la deuda argentina, según las principales calificadoras de riesgo
Mientras Chile es grado de inversión desde 1993 y Uruguay desde 2014, en igual período Argentina ingresó en default cuatro veces, sumergiendo la deuda entre las peores calificaciones de la región.
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Desde la llegada del gobierno de Javier Milei, el equilibrio fiscal y el superávit externo, sumados a un retorno de Argentina a políticas pro mercado (liberando precios y mercados), permiten un descenso del riesgo país y una mejora en su calificación. El riesgo país pasó de 2.700 puntos en 2023 a 400 puntos en la actualidad, en tanto que la calificación mejoró a “B-” según S&P.
La última vez que Argentina colocó deuda con menos de 300 puntos fue con una calificación de B+ en 2017/2018.

No deja de llamar la atención que Argentina se quedó sin reservas y entró en default en una década en la que los transgénicos permitieron cosechas récord; además, el precio de la soja alcanzó USD 650 la tonelada y las tasas de interés internacionales estuvieron prácticamente en cero. Un país que no supo administrarse ni en bonanza.
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No deja de llamar la atención que Argentina se quedó sin reservas y entró en default en una década en la que los transgénicos permitieron cosechas récord; además, el precio de la soja alcanzó USD 650 la tonelada
El mercado no tiene miedo alguno en prestarle al actual Gobierno, único en la historia, abiertamente pro-mercado y capitalista del último siglo.
Mientras muchos gobiernos entraron en default incluso en bonanza, Milei pagó la deuda y respetó todos los contratos, sin acceso al crédito, sin reservas, sin gobernadores ni mayorías en las Cámaras. Además, es el único gobierno con superávit fiscal y externo en un siglo.
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El riesgo país del AO27, bono que vence el año entrante, es cero, con una TIR del 4,1%. Las dudas están para después de 2027.
Pasar el 2027
El jueves de esta semana, el Gobierno afrontará el vencimiento más fuerte de lo que resta de 2026. Pagará unos USD 4.400 millones entre capital e intereses de Bonares y Globales. Los dólares para el pago los compró con superávit fiscal y ya están depositados en el BCRA.
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Despejado 2026, el Gobierno presentó el programa financiero 2027, indicando el cronograma de vencimientos y la estrategia para financiarlo.
El Gobierno anunció que el año entrante enfrentará compromisos por USD 24.900 millones, de los cuales la mitad son vencimientos de capital e intereses con organismos internacionales y la otra mitad responde a vencimientos de capital e intereses de títulos públicos.

Respecto a la forma de pago, el superávit fiscal continuará siendo el protagonista para afrontar el servicio de la deuda pública también en 2027, ahora potenciado con privatizaciones que se esperan para el año entrante.
El Gobierno no tiene pensado colocar deuda en el exterior, aunque sí estima buscar en el mercado interno unos USD 5.000 millones.

En definitiva, con los dólares que compró este año, más lo que comprará el año entrante, más los dólares que aportarán las privatizaciones y las colocaciones de deuda en el mercado local, el Gobierno enfrentará los pagos de la deuda en el año electoral.
Por último, los dólares que aportó el FMI el año pasado están en las reservas y son de libre disponibilidad.

Consideraciones finales
La deuda pública y la inflación son consecuencia directa del déficit fiscal. Pero el déficit fiscal es consecuencia directa del modelo económico del último siglo.
En efecto, la decisión de cerrar la economía lleva al estancamiento económico y la falta de actividad lleva al gasto público con la esperanza de reactivar la economía. El déficit se termina financiando con deuda o inflación, o con las dos. El resultado es una economía estancada, con problemas inflacionarios y limitado acceso al crédito, dado que el mercado sabe que es solo para financiar al Estado.
La deuda pública y la inflación son consecuencia directa del déficit fiscal. Pero el déficit fiscal es consecuencia directa del modelo económico del último siglo
Bajo esta lógica, una vez que Argentina decidió darle la espalda al mundo, en solo 90 años sumó 16 ceros a su moneda con la estafa inflacionaria e incurrió en default casi una vez por década.
En las últimas dos décadas, en particular, sumó tres ceros a la moneda, tres defaults según las agencias internacionales de crédito y aumentó la deuda en USD 380 mil millones, equivalente a 50% del PBI. Como resultado, la última década y media el crecimiento económico fue cero.

Los últimos tres presidentes declararon el default de la deuda (CFK 2014, Macri 2019; Alberto 2020), mientras países vecinos, en igual período, llegaban a grado de inversión.
Peor aún, las ideas políticas que llevaron a sostener un modelo económico con tantos fracasos todavía continúan en la palestra política y con notable habilidad para venderlas como nuevas.
No es casualidad que por primera vez en un siglo haya equilibrio fiscal, deje de aumentar la deuda pública y las exportaciones alcancen un nuevo récord
Ahora bien, mirando el vaso medio lleno, no es casualidad que por primera vez en un siglo haya equilibrio fiscal, deje de aumentar la deuda pública y las exportaciones alcancen un nuevo récord.
Desde diciembre de 2023, Argentina está volviendo a su origen: dejar el placebo del gasto público y finalmente aumentar las exportaciones como motor de desarrollo.
Dejar atrás el modelo de economía cerrada y gasto público se lleva consigo los lastres del déficit fiscal, el estancamiento, la deuda y la inflación.
El autor es Economista, director de la consultora Econométrica
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