
El acuerdo firmado entre Washington y Teherán posterga pero no resuelve el conflicto entre ambos gobiernos. Su principal logro es prolongar la tregua en el campo militar para continuar negociando. Las “líneas rojas” de Irán son dos: mantener su capacidad de desarrollo nuclear y obtener la devolución del dinero incautado por las sanciones impuestas por los países occidentales y sus aliados.
En el primer caso, Irán no quiere perder la posesión de su uranio enriquecido y parece haber sellado y profundizado los túneles en la parte más montañosa del país para preservar estos elementos. El gobierno de Teherán sabe que esa es su carta más importante para subsistir, pero esto no está claro ni especificado en detalle en el memorándum de doce puntos que se ha firmado.
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En cuanto al dinero incautado, estimado entre 24.000 y 30.000 millones de dólares, pedirá una reparación en cuotas, recibiendo la primera en forma inmediata a la firma del acuerdo final. No parece fácil la negociación sobre estos términos. El vicepresidente estadounidense JD Vance, de acuerdo al Financial Times y CBS News, dijo: “Si se levantan las sanciones, este fondo representaría un suma significativa y será enorme”. Y agregó que “el fondo de reconstrucción de U$D 300.000 millones sería el tipo de cosa a la que [Irán] podría tener acceso… Siempre y cuando cumpla con la parte de la obligación”.
Además Vance agregó que “hay interés de muchas empresas de Europa, muchas en Asia, Corea del Sur, Japón, etc. Y también de empresas y negocios estadounidenses”. Pero Trump intenta presentar como una victoria algo que es sólo una salida diplomática transitoria, como señala la prensa estadounidense.
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El esfuerzo por presentar esta situación como un triunfo no está prosperando y a lo sumo es recibida como una tregua “frágil” que puede contener transitoriamente la tensión militar. Pero el presidente estadounidense insistirá con sus tesis de una victoria. De esta forma, Trump inicia su estrategia tendiente a recuperar poder antes de la elección legislativa que se realiza en Estados Unidos en noviembre, y por la que se renovará toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.
La prensa estadounidense sostiene que tanto la CIA como el Pentágono han criticado al memorándum por ser demasiado suave y favorable a Irán, una opinión que compartirían también sectores importantes del partido republicano, todo ello en el contexto de las internas para la elección de noviembre.
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Trump asistió a la Cumbre del G7 para presentar su “éxito” ante sus alianzas occidentales resquebrajadas. Semanas atrás había estado ausente de la Cumbre de la OTAN. Ahora, supuestamente fortalecido por la tregua entre Estados Unidos e Irán, el presidente estadounidense se presentó e intentó mostrarse “victorioso”, algo que logró parcialmente.
Obtuvo una plena reconciliación con Giorgia Meloni después de las diferencias mantenidas respecto a la guerra de Irán y la encíclica del Papa. Macron, que se reunió con Trump, mantiene una actitud dialoguista pero menos dispuesto a realizar concesiones ante el presidente estadounidense. El G7 está integrado por las siete democracias occidentales de mayor volumen económico. Forman parte Estados Unidos y Canadá del continente americano, Japón de Asia, y el Reino Unido, Francia, Alemania e Italia de Europa. En su primera reunión a comienzos de siglo XXI también lo integraba Rusia, pero fue apartada primero militarmente y luego políticamente, tras la ocupación de Crimea por parte de Moscú.
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El G7 exhortó a retomar acciones para solucionar la crisis entre Rusia y Ucrania. Concretamente reclamó a Estados Unidos más apoyo para el gobierno de Zelensky y más sanciones para el de Putin, como frenar la exportación clandestina de petróleo ruso. La respuesta de Trump no fue contundente al respecto.
En el campo económico, la firma de la tregua ha sido recibida con cautela. El precio del petróleo bajó, pero es probable que no lo haga mucho más y continúe cerca de los 80 dólares. Lo mismo sucede con el costo de los seguros, que no han bajado significativamente.
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Estados Unidos ha levantado su bloqueo del Estrecho de Ormuz, pero los buques que estaban frenados se mueven con lentitud e incertidumbre al pasar por él. Es que siguen temiendo que el reinicio de acciones militares aisladas pueda generar daños como en el pasado. El rol de Pakistán como mediador ha sido claro y eficiente en la negociación. Detrás de ello se encuentra Beijing, aliado permanente en Asia de Islamabad.
Queda por resolver la acción militar de Israel contra Hamas en El Líbano, condición impuesta por Irán para la vigencia de la tregua, aunque no está explícita en el memorándum. El mismo día que se firmaba, militantes israelíes atacaron enclaves palestinos en Cisjordania y el Ejército de Israel mantuvo operaciones en el sur de El Líbano. La relación de Trump con Netanyahu se ha deteriorado. El gobierno israelí considera el acuerdo demasiado favorable a Teherán. Parte de la opinión pública israelí está en la misma línea.
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Netanyahu se encuentra así en una situación compleja: poner en riesgo la alianza con Estados Unidos y debilitarse sensiblemente en el plano internacional, o aceptar el acuerdo, pero a costa de perder apoyo en los sectores ultras de su propio país.
En la reunión del G7 predominó la idea de exigir al primer ministro de Israel una actitud más flexible que no interrumpa los acuerdos. Es que Irán exige como condición que Israel suspenda sus acciones militares en la Franja de Gaza, donde pretende aniquilar a Hamas, que controla todavía cerca de la mitad de ese territorio con su sistema de túneles.
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Aunque no se haya logrado un acuerdo y permanezca incierto su resultado final, la tregua alcanzada abre la puerta a dos meses de intensas negociaciones. La presencia de Trump en el G7 implica un gesto de reconciliación con sus aliados en Occidente, más Japón. Pero ello no impidió la reiteración de críticas a países como Alemania y Japón y referencias a su rol en la Segunda Guerra Mundial, como la invasión de Hitler a Polonia y el ataque del imperio japonés en Pearl Harbour. Los líderes de estos países se mantuvieron impasibles y evitaron escalar la confrontación.
Trump se comprometió a jugar un rol en las próximas negociaciones entre Rusia y Ucrania, donde el conflicto no cesa y puede escalar. El rol reclamado a Estados Unidos fue intensificar la presión sobre Moscú.
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Es posible que encausado el conflicto entre Estados Unidos e Irán, Trump entre en la guerra entre Rusia y Ucrania buscando así consolidar un rol de “pacificador” para atenuar la imagen de agresor imprevisible que le ha costado varios puntos de imagen positiva, que se mantiene hoy en dos opiniones en contra por cada una a favor en su país.
Mientras tanto, el presidente estadounidense sigue atentamente las internas del partido republicano, donde va imponiéndose para mantener, e incluso reforzar, su control sobre el mismo. Trump ha dado un paso atrás frente a Irán, pero ha ganado cierto espacio en el campo diplomático.
En conclusión, el principio de acuerdo entre Estados Unidos e Irán es un paso importante, pero no deja de ser una tregua frágil que no resuelve la incertidumbre.
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