
A lo largo de los últimos años, hemos hablado mucho sobre la maternidad y los desafíos de criar, conciliar la vida familiar y laboral, y acompañar a quienes atraviesan ese proceso. Sin embargo, hay una conversación que todavía necesita ganar espacio: la de las nuevas paternidades.
Ser padre hoy significa estar presente, compartir responsabilidades y construir vínculos desde el primer día. Para que eso suceda, el entorno laboral importa, y mucho.
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Hace apenas unas semanas me convertí en papá de Helena. Como ocurre en cada familia primeriza, el nacimiento llegó acompañado de una intensa combinación de felicidad, incertidumbre y una enorme dosis de aprendizaje. En medio de esta revolución personal, hubo un factor que en mi día a día hizo una diferencia concreta: contar con el tiempo necesario para estar presente.
En Argentina, la licencia por paternidad establecida por ley continúa siendo muy limitada y, en muchos casos, apenas alcanza para acompañar los primeros días después del nacimiento. Sin embargo, en los últimos años comenzó a instalarse una mirada diferente sobre el rol de las organizaciones en esta etapa de la vida: cada vez más empresas entienden que acompañar a las familias no es únicamente una cuestión de beneficios, sino una forma concreta de promover el bienestar, favorecer una participación más activa de los padres en las tareas de cuidado y construir culturas de trabajo humanas.
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Algunas compañías han avanzado con esquemas más amplios para responder a esta necesidad fundamental. En mi caso, pude contar con una licencia extendida de 30 días, dentro de una política parental para cuidadores primarios y secundarios más amplia que me permitió atravesar esas primeras semanas plenamente involucrado en la dinámica familiar. Pero sé que la realidad suele ser otra y que, para la mayoría de los padres, acceder a este tiempo sigue siendo poco frecuente.
Cuando recuerdo estas primeras semanas junto a Helena, pienso en la tranquilidad de poder acompañar a mi pareja, de atravesar las noches sin dormir sin la presión de tener que volver a la oficina a las pocas horas y de descubrir, junto a mi familia, una rutina completamente nueva.
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Creo que ahí radica una de las claves del futuro del trabajo. Las nuevas generaciones ya no buscan solamente un empleo; eligen organizaciones que entiendan que detrás de cada equipo hay personas con una vida, proyectos y momentos vitales que necesitan ser respetados.
Promover paternidades presentes beneficia a quien recibe el acompañamiento, fortalece a las familias, favorece una distribución más equitativa de las tareas de cuidado y construye empresas centradas en las personas. Porque esos primeros días no vuelven. Y cuando un padre puede estar, ganan todos: el bebé, que empieza a construir su vínculo desde el primer momento; la madre, que encuentra un sostén real en el posparto; y la organización, que pasa de decir a hacer.
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A pocas semanas del nacimiento de mi hija, lo resumo de forma simple: no puedo imaginar haber vivido esta experiencia lejos de mi familia. Quizás esa sea la mejor reflexión para este Día del Padre. Acompañar la paternidad es, en definitiva, una forma de cuidar a las personas y a la sociedad que construimos entre todos.
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