
El peso de la responsabilidad a partir de los 14 años se manifiesta, sin duda, en un sistema de escalas punitivas que busca equilibrar la gravedad del hecho con la madurez del autor. Pero a menudo, esta progresividad es clave para entender cómo operará la justicia ante diferentes rangos etarios dentro del mismo régimen.
Uno de los puntos más críticos para conversar en casa, es cómo los adolescentes se identifican entre sí, sumado a los juegos en línea, los retos y el querer pertenecer al grupo, que a veces tiene un costo bastante alto: cuando el “juego” se convierte en delito.
El fenómeno de las peleas grabadas y el ciberacoso violento
La vida digital es, para el adolescente actual, tan real como su vida física. Por momentos no puede discernir entre estar jugando en red y el aula, donde en muchos casos intentan recrear la situación, algo sumamente peligroso.
Pero participar en una pelea física y al mismo tiempo grabarse e incluso subirla a redes sociales, puede encuadrarse en el delito de lesiones (Arts. 89 a 91 CP), pero el acto de filmar y difundir añade una capa de hostigamiento y daño a la integridad moral de la víctima que los jueces ahora valoran con mayor severidad.
¿Qué pasa con los que miran o son actores secundarios de esta pelea?
Los adolescentes, muchas veces, actúan como cómplices. Es algo muy común, y si bien pareciera que el daño es menor, ya no es pasivo ante la ley. Aquel que filma, alienta o distribuye el material puede ser considerado partícipe secundario o incluso instigador en ciertos contextos, especialmente si la difusión se utiliza para humillar sistemáticamente a la víctima (ciberbullying). En la actualidad, vivimos en una sociedad donde cargar al otro, sigue siendo un problema que lamentablemente no se fue. Y hay que entender y analizar que las consecuencias de estas “bromas” incluyen procesos penales que pueden derivar en la obligación de realizar tratamientos psicológicos y la reparación económica de los daños causados.
Recomendaciones para encarar la ley en el hogar
Últimamente, notamos que los adolescentes ignoran que con la nueva ley serán legalmente responsables desde los 14 años y que conductas que antes “quedaban en nada” podrían tener consecuencias más graves. Lo ven como algo lejano, que sólo ocurre en ambientes humildes e incluso vulnerables. Pero no siempre es así. El delito, no elige según la clase social, es delito al fin.
1. Información precisa: Explicar que la ley ha cambiado y que el umbral de los 14 años es una frontera real. No se trata de amenazar, sino de informar sobre la nueva realidad jurídica del país.
2. Análisis de consecuencias: Dialogar sobre casos de noticias locales o nacionales, como las amenazas de tiroteos o robos por “challenges,” analizando no sólo la sanción para el joven, sino el impacto en su futuro (posibilidad de estudiar, viajar o conseguir empleo si quedan registros judiciales).
3. Supervisión del entorno digital: Revisar juntos la configuración de privacidad y las leyes que protegen la imagen. Recordarles que una vez que una foto o un mensaje se envía, se pierde el control sobre el mismo, y su difusión puede ser un delito.
4. Fomento de la responsabilidad civil: Hacerles saber que los daños que causen deberán ser pagados por la familia, lo que afecta el bienestar de todos los hermanos y parientes.
5. Identificación de la presión de grupo: Trabajar para que el joven pueda decir “no” ante desafíos peligrosos o ilegales, comprendiendo que la ley juzga su acto individual independientemente de quién lo incitó.
Los “challenges” que tanto preocupan a los padres y maestros
Roblox, Brainrot y los peligrosos “challenges” que invitan a robar mercadería al vandalismo, ya sea del aula, colegio, club o en las calles, son técnicamente, delitos de hurto, robo o daño y extremadamente peligrosos. Con la nueva ley un adolescente de 14 años que sustrae un objeto de un comercio como parte de un desafío está cometiendo un delito contra la propiedad y muchas veces es tomado a modo de broma. La ley 27.801 establece que el objetivo de estas acciones no mitiga la responsabilidad; el hecho de que el joven planee devolver el objeto o que no tenga necesidad económica del mismo es irrelevante para la tipificación delictiva. Para un adolescente de 14 años o más, esto significa el inicio de una causa penal que, debido a la gravedad de movilizar fuerzas de seguridad y suspender el servicio educativo, suele conllevar sanciones como el monitoreo electrónico, la prohibición de concurrir a determinados lugares y la obligatoriedad de reparar el daño causado a la comunidad educativa. Pero, ¿la tecnología actual permite rastrear el origen de estos mensajes incluso en redes pretendidamente anónimas, eliminando la sensación de impunidad que antes protegía estas conductas? Sí, y estos avances ayudaron a la investigación.
Si bien cada vez es más difícil comunicarse con los adolescentes y las pantallas son el verdadero separador y enemigo de adultos y niños, como sociedad, el desafío es entender que la responsabilidad no empieza a los 18 años, sino que se construye progresivamente. La ley 27.801 es una herramienta para que el adolescente comprenda que sus actos tienen consecuencias legales, pero también es un recordatorio para los adultos sobre la necesidad de una crianza presente y vigilante en un mundo donde el peligro y la ley están a solo un “click” de distancia. Sabemos que es un camino difícil, pero que es necesario el diálogo para evitar este tipo de tragedias.
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