En las últimas semanas, Londres ha sido escenario de un inquietante encadenamiento de hechos: una alerta por un dron cerca de la embajada de Israel, cuatro ambulancias voluntarias judías incendiadas junto a una sinagoga, un intento de ataque incendiario contra la Sinagoga Reformista Finchley, otro en el antiguo predio de Jewish Futures en Hendon, un nuevo intento de incendio en la Sinagoga Kenton United y, ahora, dos judíos apuñalados en las calles de su barrio en Golders Green.
La policía antiterrorista británica investiga vínculos con Irán. ¿De verdad? ¿Qué diferencia hará? ¿Otro día de cintas policiales amarillas y luces intermitentes? ¿Más palabras solemnes de preocupación (fingida)? Incluso con detenciones, los ataques no se detendrán. ¿Por qué deberían hacerlo? Hasta la Unión Europea terminó por incluir al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) en la lista de organizaciones terroristas. Pero no así el primer ministro británico, Keir Starmer. No ha tomado esa decisión, ni siquiera después de que 45.000 manifestantes iraníes —jóvenes mujeres, empresarios, médicos y enfermeros— fueran masacrados por los sanguinarios matones del IRGC. Su inconcebible inacción envía una señal a los perpetradores: los “diplomáticos” del régimen iraní en Londres y sus cómplices locales pueden seguir actuando con total impunidad.
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El principal objetivo del régimen iraní sigue siendo la destrucción genocida del único Estado judío. Incluso en la derrota, estos actores no reconocen límites cuando se trata de Israel. De tener la oportunidad, volverán a lanzar miles de misiles balísticos sobre ciudades israelíes. Si ese camino está bloqueado (por ahora), podrían optar por drones equipados con materiales nucleares o patógenos dirigidos a embajadas israelíes.
Pero la guerra de Teherán se extiende a todos los judíos. Es una guerra global, centrada en las democracias occidentales, que instrumentaliza y normaliza el odio contra los judíos —todos los judíos—, su religión y sus instituciones.
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¿Cuándo abrirá los ojos el primer ministro Starmer a la verdad? Esto no tiene que ver con disputas de política exterior ni con “tensiones en Medio Oriente”.
Se está perpetrando terrorismo doméstico contra los judíos del Reino Unido.
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Se ataca a sinagogas. Se ataca a organizaciones benéficas judías. Se incendian ambulancias que sirven al público en general. Los judíos británicos son blanco de agresiones donde rezan, donde se reúnen, en los campus universitarios, donde estudian sus hijos, incluso donde lloran a sus muertos.
La escalada sostenida de esta guerra contra los judíos en el Reino Unido ya registra 3.700 incidentes antisemitas solo en 2025, el segundo total anual más alto documentado por el Community Security Trust. El MI5 ha señalado que el Reino Unido ha respondido a 20 complots respaldados por Irán que representan amenazas potencialmente letales, todos con potencial letal contra los ciudadanos y residentes británicos desde comienzos de 2022. ¡Veinte complots! No son rumores. No es histeria en redes sociales. Son veinte amenazas vinculadas a un Estado.
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Por eso, cuando ocurra el próximo ataque sangriento —y ocurrirá— ningún político podrá fingir sorpresa. El régimen iraní y sus simpatizantes ven a Gran Bretaña como un país débil, indeciso y adicto a los eufemismos.
The Telegraph informó sobre un “centro de reclutamiento de espías” iraní que opera en Londres, centrado en Press TV, el canal estatal iraní en inglés. No se trata solo de propaganda: se denuncia que ha servido como fachada para identificar y captar agentes en el Reino Unido, y que su cobertura sobre organizaciones judías ha sido comparada con una “lista de objetivos para terroristas”. The Telegraph añade que Press TV ha sido sancionado o restringido en la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y Australia, pero no en el Reino Unido. Son los judíos de Inglaterra quienes pagan el precio de la negligencia y la cobardía política de las autoridades.
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¿Qué puede hacer Gran Bretaña?
Tomar el ejemplo de América Latina.
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Argentina y Paraguay no solo reforzaron el nivel de protección de las comunidades judías, sino que también declararon a la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista. Argentina fue víctima en dos ocasiones de atentados perpetrados por Irán y sus aliados. Apenas el mes pasado dio 48 horas al encargado de negocios iraní para abandonar el país.
Incluso Venezuela ha actuado. La semana pasada extraditó a Panamá a un miembro de Hezbollah acusado de planear el atentado contra el vuelo 901 de Alas Chiricanas, que dejó 29 muertos, incluido un terrorista suicida de Hezbollah a bordo. Ese ataque ocurrió un día después del infame atentado contra la AMIA, que dejó 85 muertos y más de 300 heridos en Buenos Aires.
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Mientras tanto, Gran Bretaña sigue debatiendo palabras, al tiempo que su influencia global se reduce. Los judíos británicos se ven obligados a vivir detrás de bolardos, cámaras, guardias y cintas policiales.
Así es como se deterioran las sociedades democráticas: primero toleran la intimidación, luego la normalizan y finalmente la justifican. Se ataca un lugar de culto, se incendian ambulancias, el aparato propagandístico de un régimen extranjero funciona como plataforma de reclutamiento de odio en Londres… y cada una de estas atrocidades provoca apenas declaraciones oficiales vacías: sin acción, sin sentido de urgencia.
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¿Acaso a alguien en el Reino Unido le importa de verdad?
En realidad, sí. Basta escuchar este intercambio entre la líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, y el presentador de LBC, Nick Ferrari, emitido el 20 de abril.
Kemi Badenoch: “Como mujer negra en este país, nunca he visto el nivel de racismo, discriminación, intimidación y ataques que se han dirigido contra la comunidad judía. Y creo que, si la gente estuvieran lanzando bombas incendiaras contra iglesias negras así como se han atacado sinagogas, con muertos y víctimas de ataques con bombas incendiarias y ambulancias incendiadas, estaríamos hablando de una emergencia nacional. Creo que nos estamos acercando a ese punto”.
Nick Ferrari: “Ella tiene razón. Pienso en la zona donde vivo, cerca de varias iglesias muy concurridas los domingos, con una gran cantidad de feligreses negros. Si hubieran sido atacadas de la misma manera, probablemente estaríamos ante una emergencia nacional. Sin duda escucharíamos algo más que estas tibias palabras ‘estamos junto a nuestros hermanos y hermanas judíos’ o que ‘el antisemitismo no será tolerado’. No creo que nos limitáramos a decir que estamos junto a nuestros amigos hermanos y hermanas negros y esto no será tolerado. Tendríamos una acción mucho más directa, ¿no es cierto? “
Entonces, extrapolando lo que acaba de decir Kemi Badenoch, ¿acaso no nos preocupamos por los judíos tanto como por las personas negras? Y si es así, ¿por qué? Esa es la lógica, la conclusión lógica”.
Lógica, sin duda.
* El rabino Abraham Cooper es Decano Asociado y Director de Acción Social Global del Centro Simon Wiesenthal. Ariel Gelblung es Director para América Latina del Centro. Daniel Schuster es Representante Senior del Centro para Europa.
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