
Durante demasiado tiempo, Concordia fue mencionada en los medios nacionales por un dato que nos dolía a todos: encabezar los rankings de pobreza. Esa realidad no se resuelve con discursos, sino con decisiones concretas. Para eso, es necesario modernizar el Estado, bajar la presión impositiva y apostar al sector privado como motor del crecimiento y la generación de trabajo genuino.
En nuestra ciudad, eliminamos los derechos de entretenimiento —un 10% que se cobraba sobre la venta de entradas de recitales, obras y eventos culturales— porque habían dejado de ser un impuesto para convertirse en una traba. Un obstáculo para quienes organizan espectáculos, para los emprendedores locales y para los que quieren invertir. Con esta medida se busca transparentar el sistema, reducir costos y atraer inversiones culturales y turísticas.
La transformación tributaria no termina ahí. Eliminamos la alícuota del 2,7% para industrias alimenticias, comercios de la canasta básica, proveedores de materiales de construcción y empresas vinculadas a la obra pública con productos locales. Para más del 98% de los contribuyentes del régimen general, las alícuotas quedan entre 1,3% y 1,8%. Esto significa alivio real para quienes generan empleo y mueven la economía local.
Actualizamos escalas un 30% para evitar saltos por inflación, mantuvimos los descuentos por pago en término, bajamos la Tasa de Alumbrado Público estableciendo un tope del 13%, en línea con las medidas impulsadas por el gobernador Rogelio Frigerio. Todo con el mismo objetivo: dar previsibilidad, ordenar las finanzas, modernizar el Estado y dejar de castigar a quienes producen.
Pero si queremos cambiar el perfil de Concordia, no alcanza con desregular y reducir impuestos. También debemos abrir la puerta a nuevas industrias. Por eso, impulsamos proyectos vinculados a la economía del conocimiento, un sector que requiere talento, conectividad, estabilidad y reglas simples. Y para atraerlos otorgamos una exención en Tasa Comercial y Tasa General inmobiliaria por 5 años extensible a 10 años.
Concordia tiene todo para ser un polo emergente en la Mesopotamia y estas reformas crean las condiciones para que eso ocurra.
El Estado no debe ser una barrera, sino un puente. Un puente hacia el empleo privado, hacia la inversión, hacia la innovación. La reforma tributaria que proponemos refleja esa convicción: menos burocracia, más eficiencia; menos trabas, más producción; menos impuestos, más trabajo.
Queremos construir una identidad distinta: una Concordia que recupera su protagonismo, que se anima a competir, que vuelve a creer en sí misma. Una ciudad donde invertir sea fácil y generar empleo valga la pena. Una ciudad que deja de mirar su pobreza como destino y empieza a mirar su desarrollo como horizonte.
El cambio ya empezó. La libertad económica, la modernización del Estado y la baja de impuestos no son un fin en sí mismo, sino el camino para la transformación de la ciudad para siempre.
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