
Construir un equipo sólido no es solo una prioridad: es una cuestión de supervivencia para cualquier empresa que quiera escalar. Más aún cuando el contexto regional cambia a gran velocidad y el entorno emprendedor se vuelve cada vez más competitivo.
Según el informe 2024/2025 Global Report: Entrepreneurship Reality Check, elaborado por el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), América Latina y el Caribe históricamente mantuvieron altas tasas de actividad emprendedora temprana (TEA). Sin embargo, regiones como Norteamérica y los Estados del Golfo están incrementando significativamente sus niveles, lo que implica nuevos desafíos y mayor presión para los emprendimientos latinoamericanos.
Uno de los mayores retos señalados por el estudio son las Condiciones Marco Empresariales (EFCs), evaluadas de forma mixta —y en muchos casos por debajo del nivel considerado suficiente— por los expertos nacionales de la región. Esto refleja un entorno institucional débil y una infraestructura de apoyo aún frágil para empresas en etapa temprana, lo que obliga a redoblar esfuerzos en la construcción de equipos resilientes y adaptables.
América Latina y el Caribe históricamente mantuvieron altas tasas de actividad emprendedora temprana (TEA)
En este contexto, hay tres esenciales para formar un equipo de alto rendimiento: talento, pasión y propósito.
Primero, el talento. La región cuenta con una base poblacional que cree firmemente en sus capacidades. De acuerdo al informe GEM, un porcentaje muy alto de adultos considera tener los conocimientos, habilidades y experiencia necesarios para emprender: 83,9% en Ecuador, 79,3% en Guatemala, 74,8% en Argentina, 69,9% en Chile, 68,6% en Uruguay, 66,6% en México, entre otros. Esta autoconfianza es un capital valioso, pero debe ser canalizada con criterio. Construir equipo con talento no es solo reunir habilidades técnicas —como las que demanda hoy el mundo fintech, tecnológico o de datos—, sino también identificar y potenciar esa actitud emprendedora que ya está presente.
Sin embargo, el talento no lo es todo. Hay un segundo motor que diferencia a los equipos capaces de sostenerse en el tiempo: la pasión y el propósito. En América Latina, estos factores están lejos de ser accesorios. El informe GEM muestra que una gran proporción de emprendedores en etapa inicial está motivada por “marcar una diferencia en el mundo”. También es fuerte la motivación por construir riqueza o altos ingresos, como sucede en Guatemala (83,9%) o en Brasil (69,3%). Y convive con una realidad ineludible: emprender por necesidad. En países como Venezuela (93,6%), Ecuador (90,6%), Argentina (88%) y México (81%), muchos emprenden para ganarse la vida.
El informe GEM muestra que una gran proporción de emprendedores en etapa inicial está motivada por “marcar una diferencia en el mundo”
En otras palabras, construir un equipo alineado con el propósito implica comprender esta complejidad. El propósito no es un concepto abstracto: puede surgir tanto de la necesidad de subsistir como del deseo de transformar. Lo importante es canalizar esas motivaciones diversas hacia una misión compartida. Cuando eso ocurre, la cohesión es más fuerte, incluso en contextos adversos.
El tercer pilar es la cultura. Y no como un “nice to have”, sino como el cemento que une talento y propósito. La cultura se expresa en cómo se toman decisiones, cómo se colabora, cómo se enfrenta lo inesperado. No se decreta desde arriba: se cultiva desde el primer día y exige coherencia.
Después de casi ocho años liderando el primer marketplace de productos financieros de América Latina, puedo afirmar que la expansión regional no habría sido posible sin un equipo que combina capacidad, convicción y cohesión. No hay estrategia de crecimiento ni tecnología innovadora que reemplace eso. De hecho, según CB Insights, el 23% de las startups que fracasan lo hacen por no tener el equipo adecuado. Esa estadística es un recordatorio claro de que, sin equipo, no hay empresa que escale.
Por eso, para quienes están comenzando —o repensando— su camino emprendedor, el consejo es este: busquen talento, sí, pero no descuiden el propósito. Y asegúrense de que la cultura no sea un accidente, sino una elección consciente. En esa tríada, creo, está la clave para construir no solo un negocio, sino una organización que deje huella.
El autor es CEO y cofundador de Alprestamo
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