
El 30 de julio de 1995 se estrenó The net (La red), película dirigida por Irwin Winkler y protagonizada por Sandra Bullock. En ese momento era un film de ciencia ficción, inquietante y, para muchos, hasta paranoico. Sin embargo, vista en retrospectiva, es una pieza de anticipación de una de las problemáticas que hoy más sufren las empresas: el robo de identidades y la manipulación de bases de datos.
Angela Bennett (Bullock), una analista informática especializada en detectar virus y anomalías en los sistemas, que trabaja desde su casa (es decir, de alguna manera también predice el trabajo remoto), recibe un programa de un colega para acceder a bases de datos secretos. Desde ese momento, su vida corre peligro y su identidad, eliminada de las redes electrónicas y reemplazada por la de una criminal, Ruth Marx.
El primer mérito de la película es que hace treinta años el mundo apenas estaba conociendo internet. Se estima, según datos de StackScale, que había apenas 16 millones de usuarios en todo el planeta, es decir, poco más de 2 personas de cada 1.000. Recién en 1998 se rompería la barrera de los 100 millones de usuarios.
No existía por entonces el big data, término que recién se utilizaría por primera vez en 2005, y los smartphones estaban lejos de ganar la popularidad que les daría el BlackBerry, lanzado en 1999. Por otra parte, las técnicas de hacking descriptas, incluyendo aspectos de ingeniería social, ransomware y deep fake, recién se volverían habituales en los últimos años.
Innovación y dependencia digital
Hoy, el número de usuarios de internet asciende a 5.400 millones (es decir, más de dos tercios de los habitantes del planeta) y hay además unos 18.800 millones de dispositivos conectados, según datos del portal Statista.
Pero no se trata sólo de un tema numérico: las personas dependen cada vez más de las plataformas digitales para operar sus finanzas, controlar su salud, llevar adelante sus negocios o incluso para sus actividades sociales.
Las tecnologías disruptivas, como la omnipresente inteligencia artificial (IA) o la emergente computación espacial, que viene a romper los límites entre el mundo físico y el virtual, promueven enormes beneficios, pero al mismo tiempo, alimentan esta dependencia. En este contexto, sólo en los Estados Unidos, la Comisión Federal de Comercio (FTC) recibió 5,7 millones de reportes vinculados a fraude y robo de identidad.
Las conclusiones saltan a la vista: la ciberseguridad debe ser una prioridad. La consultora de mercado Gartner estima que este año la inversión total en este rubro a nivel mundial alcanzará los USD 212.000 millones, un 15% más que en 2024. Pero más allá de esto, es fundamental la correcta concientización de los usuarios: las contraseñas débiles, presionar “aceptar” en cualquier botón sin leer las condiciones y el desconocimiento de los riesgos vinculados al uso de las plataformas digitales son algunos de los puntos en los que hace falta reforzar la educación.
Lo que en 1995 fue visto como ficción en 2025 debe ser entendido como un aprendizaje: ya no quedan dudas de que nuestra identidad es vulnerable en un mundo hiperconectado ni los riesgos que implican perder el control sobre la información personal o corporativa.
El autor es Chief Transformation & Strategy Office (CTSO) de Cloud Legion
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