
De acuerdo con el Sistema Nacional de Estadísticas sobre Ejecución de la Pena (SNNEP), en 2023 se registró la mayor cantidad de personas detenidas en la Argentina desde que existen registros oficiales: más de 125.000. Para dimensionarlo, con esta población podríamos llenar un estadio y medio de River Plate.
Entre los datos más alarmantes, se destaca que el 83% de las personas privadas de su libertad no participó en programas de capacitación laboral, y el 52% no accedió a programas educativos.
Los primeros informes de 2024 tampoco son alentadores. En las cárceles federales, la cantidad de detenidos aumentó un 3,4% en el último año, alcanzando un total de 11.696 personas, la cifra más alta en los últimos 5 años.
Sin un acompañamiento integral, las probabilidades de reincidencia son muy altas. Y con ellas, también el número de víctimas. Este círculo vicioso que debería preocuparnos a todos, implica costos millonarios para el Estado en seguridad, justicia y sistema penitenciario.
En las cárceles federales, la cantidad de detenidos aumentó un 3,4% en el último año, alcanzando un total de 11.696 personas, la cifra más alta en los últimos 5 años
No basta con que una persona que cometió un delito cumpla su condena si, al recuperar la libertad, reincide por un delito peor, o se le cierran las puertas laborales por tener antecedentes penales. Si bien la seguridad le compete al Estado, es una problemática tan compleja que nos involucra a todos: gobiernos de turno, ciudadanos, organizaciones de la sociedad civil, empresas y universidades.
Desde Fundación Espartanos, hace más de 15 años trabajamos en las cárceles con un programa modelo de reinserción social que ha logrado reducir la reincidencia delictiva al 5%. Nuestro enfoque se basa en cuatro pilares fundamentales: el rugby, un deporte que nos permite transmitir valores esenciales como respeto, solidaridad, humildad y perseverancia; la espiritualidad, un camino de crecimiento personal que fomenta la formación humana, la fe y el desarrollo de la inteligencia emocional; la educación y la formación profesional, con la que impulsamos la culminación de estudios formales y ofrecemos capacitaciones en oficios y habilidades blandas; y la reinserción laboral, generando oportunidades concretas a través de prácticas laborales en empresas aliadas y capacitaciones para el mundo del trabajo.
Debido a su éxito, el programa Espartano se replica en 60 unidades penitenciarias del mundo: 44 en la Argentina y 16 en 6 países: España, Kenia, Uruguay, Chile, Perú y El Salvador. En el mundo, 2.554 personas quieren transformar su vida y participan en actividades del programa.
La clave está en transformar la mentalidad de los detenidos, brindándoles herramientas que les permitan reinsertarse en la sociedad con dignidad. Así, cada espartano o espartana puede sostener su oportunidad de cambio al desarrollar deseos de trabajar, de enseñar valores a sus hijos y convertirse en un agente de transformación dentro de su comunidad.
No basta con que una persona que cometió un delito cumpla su condena si, al recuperar la libertad, reincide por un delito peor, o se le cierran las puertas laborales por tener antecedentes penales
Para que esta transformación perdure, es fundamental que el sector privado también abra sus puertas. Si bien más de 120 empresas aliadas se animaron a brindar una segunda oportunidad, necesitamos que muchas más se sumen. La inserción laboral de los espartanos no es solo una cuestión de responsabilidad social, sino una oportunidad para sumar empleados comprometidos y resilientes. Contratar a un espartano significa también romper el círculo de la reincidencia.
Asimismo, sería conveniente promover más políticas públicas que impulsen programas de integración al recuperar la libertad, así como también que generen un cambio de mentalidad y acompañamiento integral durante el cumplimiento de la condena. Si queremos una sociedad más segura y justa, debemos generar oportunidades reales entre todos.
Detrás de las rejas hay historias de vida, matices de una humanidad que muchos creen perdida. Frente a la delincuencia y la reincidencia, tenemos dos caminos: ignorar esta realidad o unir fuerzas para prevenir nuevas víctimas. Desde Fundación Espartanos, elegimos la segunda opción. Creemos en la inclusión, en la posibilidad de transformar el dolor, el miedo y la violencia en oportunidades para que muchas personas descubran y muestren su mejor versión. No podemos hacerlo solos, necesitamos el compromiso de todos para lograrlo.
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