
Taiwán es un país con una rica historia y una democracia vibrante, que ha logrado mantener su independencia frente a la creciente y persistente presión de China. La resistencia de Taiwán frente al gigante asiático, la defensa de su soberanía y también de su democracia, constituye una causa en la que nos encontramos los defensores de las democracias, las instituciones y los derechos humanos.
Taiwán es uno de los pocos países de Asia que ha logrado establecer una democracia plena y funcional. Después de décadas de régimen autoritario, Taiwán transitó a la democracia en la década de 1990 como parte de aquella tercera ola que nos enseñaba Huntington, con la elección directa del presidente y la institucionalización de un sistema de partidos multipartidista que se encuentra a años luz del monopólico partido comunista chino. La democracia taiwanesa se caracteriza por su estabilidad, transparencia y participación ciudadana. Además, y también a diferencia de China, la democracia taiwanesa garantiza los derechos humanos y las libertades fundamentales, como la libertad de expresión y la libertad de reunión.
Taiwán ha mantenido su independencia frente a la presión de China, que considera a la isla como una provincia rebelde. La relación entre Taiwán y China es compleja y ha sido objeto de tensiones y conflictos que están a la orden del día. La independencia de Taiwán es importante por varias razones: a) Es un modelo de libertad y soberanía para muchos países que sucumben ante la presión de China, ya que ha elegido su propio camino y ha decidido no unirse a China, a pesar de sus amenazas; b) Protege la identidad taiwanesa: la independencia de Taiwán permite a los taiwaneses mantener su propia identidad cultural, lingüística y política; c) Es un factor de estabilidad regional: la independencia de Taiwán ayuda a mantener la estabilidad en la región, ya que evita la posibilidad de un conflicto entre China y Taiwán.
Además, la isla de Taiwán se encuentra en una posición estratégica en el Pacífico, entre China y Japón. La isla es un importante centro comercial y financiero, y su ubicación la convierte en un punto clave para el comercio y la seguridad en la región. Mientras tanto, China ejerce una enorme presión política sobre Taiwán, tanto en el campo político- diplomático, como económico y militar. El gobierno chino insiste con el no reconocimiento de Taiwán como país soberano bloqueando su participación en organismos internacionales y obligando a otros estados a reconocer “una sola China” a través de la presión económica y financiera y, por lo tanto, a romper relaciones diplomáticas con Taiwán. Así fue el caso en los últimos años en América Latina con Panamá, República Dominicana, El Salvador y Honduras (2023) que, ante la presión china, quitaron su reconocimiento a Taiwán.
El título de estas reflexiones busca reflejar la idea de que Taiwán es un país que ha logrado establecer una democracia plena y funcional en una región donde la democracia no siempre ha sido la norma. También sugiere que Taiwán es un ejemplo a seguir para otros países de la región y un faro de esperanza para aquellos que luchamos por la democracia y la libertad.
*La autora es Directora de la Licenciatura en Ciencias Políticas de UCEMA.
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