
Odisea de Carlos Pagni es el programa televisivo que veo con mayor asiduidad por el espíritu crítico y la libertad de pensamiento de su conductor. El pasado lunes, me molestó la presencia del señor Nicolás Dujovne, a quien recuerdo como Ministro de Economía de Mauricio Macri. Según él, la única virtud de Cristina Kirchner era no habernos dejado endeudados. Por su parte, sin tener facultades para hacerlo según dictaminó la AGN, la deuda que él contrajo con el Fondo Monetario fue de 47 000 millones de dólares, parecida a la de Martínez de Hoz y con la que debió lidiar Raúl Alfonsín.
Ese hecho lo lleva a uno a preguntarse qué los mueve, si es el sueño de la dependencia, su concepción colonial de la política o, básicamente, un artilugio para fugar sus capitales de un país que no toman como patria propia, sino como colonia pasajera. Dujovne se refirió una vez más a ese latiguillo de los liberales: la libertad de mercado. Pero sin mencionar, por supuesto, ni a EEUU ni a China ni a los países europeos, que son proteccionistas y defienden su producción. Inimaginable una concepción diferente por poco que sepamos de historia y de política internacional o nos interesemos por lo que sucede en el mundo, pero en serio. Bastante desconocidas ambas por algunos dirigentes de la derecha vernácula y por sus votantes, cuando no negadas a sabiendas, con la consiguiente deshonestidad intelectual que tal ocultamiento conlleva.
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Néstor había logrado desendeudarnos del Fondo. De todos modos, nos dejó una inexplicable deuda unida a Repsol, en manos de algún testaferro, caso que si la Justicia se hubiese apresurado en resolver, no correríamos el riesgo de pérdida de nuestra petrolera, en el cual hemos caído. Todo aparece como una mezcla de voluntad de dependencia que nos deja destruidos como sociedad, endeudados, angustiados, empobrecidos. Llevamos, insisto, 50 años así. Es simple, desde el último golpe cívico-militar.
La discusión entre Juan Grabois y una maleable Leila Gianni, ese camaleón “kirchnomacrimileísta” carente de ideas propias, que se limita a aplaudir a los funcionarios actuales, aportó un nuevo sinsentido a nuestra trajinada vida cotidiana con su cuota de mentiras, acusaciones, injurias y violencia, como la de llevar una custodia con ostentación de armas de fuego a un Juzgado, sin que nadie se inmutara por el extraño hecho.
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Así las cosas, la esperanza se va agotando, los negociados se multiplican y la miseria nos golpea a todos. ¿Cuál es la significación de semejante esfuerzo? La respuesta lógica reside en la libertad de los grandes grupos económicos para quedarse con las ganancias de nuestra sociedad sin ninguna obligación de integración social, de aquello que nos había dado el peronismo y que fue respetado por todos los gobiernos, hasta el 76.
Me parece que lentamente el personaje que nos gobierna, su manualcito absurdo, su pretendida imagen de líder mundial van ocupando el triste lugar de lo grotesco y sus medidas no son ni una V ni una U ni una L, sino un paso más hacia el empobrecimiento de nuestra dolorida nación.
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Lo de Dujovne es patético y lo de la funcionaria mileísta enfrentando a Grabois, la expresión del pensamiento como un mero medio de convertir en rentables las miserias humanas. La dignidad, el respeto por el otro y por uno mismo, nada de eso existe. El ejemplo de Scioli y su discípula lo desnuda.
Nada existe salvo en algunos personajes. Están los dignos, cuyo pensamiento coherente defienden y los indignos, que son nuestros gobernantes hoy.
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Las elecciones en las que triunfó nuevamente Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador, me llevan a pensar que un gobierno popular ganó con holgura en México y que el líder de la agrupación se retira con una enorme adhesión de su pueblo. En cambio, un gobierno progresista recibió una contundente derrota en Argentina en las últimas elecciones. Lo popular y lo progresista a veces tienen parentescos; en general, resultan antagónicos.
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